Y de repente tú 9.

Martes, 7 de agosto de 2012.

Salimos del restaurante y Lucas me acompaña hasta la puerta del coche pero sin accionar el mando, para que yo no pueda abrir la puerta y tenga que esperar a que sea él quien la abra. No puedo evitar poner los ojos en blancos.

–  No hagas eso, no es propio de una señorita. – Me dice burlonamente.

–  Le encantarías a mí madre. – Le digo sin que suene a un cumplido.

–  Tendrás que presentármela cuando venga a verte. – Me dice de repente.

–  No creo que esa fuera una buena idea. – Le contesto aún aturdida por su respuesta. – Créeme, a ti no te caería tan bien.

–  ¿Por qué? Estoy seguro de que si tu madre se parece mínimamente a ti, me encantará.

¿Desde cuándo la conversación se ha convertido en una insinuación? A lo mejor solo son ilusiones mías y Lucas solo está siendo amable conmigo.

–  Supongo que me parezco físicamente a mi madre, pero todo el mundo dice que tengo el mismo carácter que mi padre, lo cual no es ningún cumplido. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–  Tendrás que presentarme a tus padres un día de estos para que pueda tener una opinión al respecto sobre el tema. – Me contesta divertido.

Lucas arranca el coche y conduce en dirección a mi casa, está poniendo fin a nuestro encuentro y yo no quiero alejarme de él.

Su teléfono móvil empieza a sonar y Lucas contesta con el manos libres puesto:

–  Lucas Mancini.

–  Lucas, soy Giovani. Dime que estás con Mel. – Se escucha la voz de Giovani conectada al bluetooth del coche.

–  Tengo el manos libres activado en el coche, puedes hablar con ella, te está escuchando. – Contesta Lucas mirándome y arqueando las cejas intrigado.

–  Giovani, ¿qué ocurre? – Pregunto preocupada.

–  Estoy en mi casa con Gina, dile a Lucas que te traiga aquí y ni se te ocurra entrar en tu casa, ¿de acuerdo? – Me espeta Giovani.

–  Giovani, dime ahora mismo qué está pasando. – Grito furiosa. – No puedes llamarme, asustarme y dejarme con la intriga. A menos que quieras que te mate en cuanto te vea.

–  Gonzalo intentaba localizarte pero como no pudo, llamó a Gina y ella me llamó a mí. – Comienza a resumirme rápidamente. – No sé en qué cojones estará metido tu ex esta vez, pero está preocupado por tu vida. ¿Dónde cojones estabais que teníais los móviles sin cobertura?

–  Giovani, los golpes de uno en uno, por favor. – Le recrimino. Me vuelvo hacia a Lucas y le pregunto con un hilo de voz: – ¿Puedes llevarme a casa de Giovani?

–  Estaremos allí en diez minutos, Giovani. – Contesta Lucas antes de darle a un botón del volante y colgar la llamada. Sin apartar los ojos de la carretera y me pregunta como si fuera el mismo Iceman: – ¿Te encuentras bien? Te has puesto un poco pálida.

–  Lo siento, Lucas. – Logro contestar con un hilo de voz apenas audible.

–  ¿Por qué te disculpas? – Me pregunta sin dejar de mirar la carretera.

–  Porque estoy apartándote de tu trabajo, metiéndote en medio de mis problemas y porque cada vez que nos vemos pasa algo malo, estoy empezando a creer que somos gafes cuando nos juntamos.

Mi culpabilidad parece alegrarle hasta tal punto de dibujar una tímida sonrisa en su rostro, lo cual viene siendo un auténtico logro tratándose de Iceman.

–  Si tan culpable te sientes, puedes dejar que te invite a cenar y te demostraré que no somos gafes cuando nos juntamos. – Me dice repitiendo mis palabras para después preguntar: – ¿Puedo preguntarte cuál es el problema con tu ex?

–  Supongo que tienes derecho a saberlo, teniendo en cuenta que estás conmigo en este momento. – Le digo armándome de valor. – Conocí a Gonzalo en una discoteca, hubo un tiroteo en la sala VIP donde yo me encontraba y él me sacó de allí para escondernos en el armario de una habitación contigua. Cuando todo se quedó en silencio y salimos, todos los que estaban en la sala VIP estaban muertos, había sangre por todas partes y no podía creer lo que estaba viendo. Tuvo que sacarme en brazos de allí, me quedé totalmente petrificada. No había visto a Gonzalo en mi vida, pero acababa de salvarme la vida y yo estaba en estado de shock. – Suspiro profundamente y añado: – ¿Quieres que siga o prefieres alejarte de mí y de mis problemas? Aún estás a tiempo de salir corriendo.

–  No tengo la intención de ir a ninguna parte. – Asevera mirándome a los ojos y posando su mano derecha sobre mis rodillas. – Si Giovani quiere protegerte, yo también, ya sabes cómo funciona eso de la amistad. – Me sonríe y añade divertido: – Además, le caes bien a mi hermana y a mi hermana no le cae bien ninguna mujer, excepto sus amigas, y si no apareces conmigo en la fiesta de mis padres, tendré muchos problemas con ella. – Me mira fijamente a los ojos y me dice con tono serio: – Confía en mí, solo quiero ayudarte en lo que pueda.

–  Gonzalo trabaja para el SS (Servicio Secreto), estaba infiltrado en la mafia sureña tratando de conseguir información suficiente para detenerlos. Me sacó de la discoteca y me llevó a un piso franco, donde pasamos más de tres días esperando que nos dieran luz verde para volver a nuestras vidas. Por precaución, el SS puso al corriente de lo sucedido a mi familia y amigos más cercanos, ya que la mafia sureña se había llevado el listado de la discoteca que contenía los nombres de las personas que esa noche se encontraban en la sala VIP. – Le resumo rápidamente. – Dieron por hecho que Gonzalo les había traicionado y también sabían que me había salvado, pero no sabían quiénes éramos. Eso es lo que nos mantiene vivos. Después de todo lo que pasó, Gonzalo me llamaba y venía a verme bastante a menudo, así que una cosa llevó a la otra y el resto te lo puedes imaginar.

–  Tengo mil preguntas que hacerte, pero hay una que necesita una respuesta urgente. – Me dice Lucas con el rostro desencajado. – ¿Qué cojones hacía alguien cómo tú en una sala VIP de discoteca rodeada de mafiosos? ¿Es que estás loca?

–  Eso es algo de lo que no voy a hablar. – Le respondo rotundamente.

Lucas no dice nada, simplemente me observa con sus fríos ojos y el agradable y amistoso Lucas desaparece dejando en su lugar a Iceman.

Conduce hasta llegar al parking subterráneo de un lujoso edificio de la zona rica de la ciudad y aparca en una de las pocas plazas libres que hay.

–  Ya hemos llegado. – Dice saliendo del coche.

Abro la puerta y bajo sin esperar a que él venga a ayudarme, pero esta vez ni siquiera hace el intento de acercarse. Camino hasta llegar a su lado y le sigo cuando se dirige hacia el ascensor, el cual abre sus puertas en cuanto Lucas introduce su llave. Ahora recuerdo que Giovani me dijo que el edificio tenía dos áticos, el suyo y el de su socio. Subimos hasta el último piso y las puertas del ascensor se abren para abrirnos paso a un amplio rellano con una puerta en cada extremo. Lucas camina directamente hacia la puerta de la izquierda y llama al timbre. Dos segundos después, la puerta se abre y aparece Giovani con el rostro contraído de preocupación.




–  ¿Estás bien? – Me pregunta.

–  He estado mejor. – Respondo encogiéndome de hombros.

–  Vuelvo a la oficina, llámame si necesitas algo. – Le dice Lucas a Giovani antes de marcharse sin despedirse de mí.

Giovani me mira sorprendido y espera a entrar al salón de su casa para preguntarme delante de Gina, que está sentada en el sofá:

–  ¿Qué ha pasado con Lucas? No parece nada contento. De hecho, estoy seguro de que está bastante furioso. – Me encojo de hombros a modo de repuesta y Giovani continúa hablando: – ¿Quieres hablar de ello con nosotros?

–  Eso es lo que ha pasado. – Recapacito.

–  ¿A qué te refieres? – Pregunta Gina sin entender nada.

–  Le he contado cómo conocí a Gonzalo y lo que sucedió, me ha preguntado qué estaba haciendo en una sala VIP llena de mafiosos y… – Les respondo dejando la frase a medias para que saquen sus propias conclusiones.

–  Oh, no. – Murmura Giovani.

–  ¿Se lo has contado? – Me pregunta Gina, directa al grano como siempre.

–  No. – Respondo dejándome caer en el sofá lanzando un largo y sonoro suspiro. – Estaba nerviosa, tenía miedo de su reacción y no me esperaba que me preguntara lo único que no quería que me preguntara.

–  ¿Qué le has dicho, Mel? – Me inquiere Giovani.

–  Creo que las palabras exactas han sido: “Eso es algo de lo que no voy a hablar”. – Consigo decir con un hilo de voz al mismo tiempo que me cubro la cara con las manos. – Soy idiota, lo sé.

–  No creo que esté así por eso. – Opina Giovani. – ¿No le has dicho nada más?

–  No, lo último que le he dicho ha sido eso y desde entonces se ha puesto en plan Iceman. – Le respondo tras pensarlo durante unos instantes.

–  ¿En plan Iceman? – Me pregunta Giovani divertido.

–  Mejor no preguntes. – Le responde Gina, que sabe perfectamente a qué me refiero.

Giovani decide que tenemos que pasar la noche en su casa y a mí, para ser sincera, no me hace ninguna gracia, aunque la única razón es que Lucas vive en el apartamento de en frente, pero no digo nada y obedezco dócilmente, ya he causado bastantes problemas.

 

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

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