Y de repente tú 8.

Martes, 7 de agosto de 2012.

El domingo por la noche le conté a Gina los planes para celebrar mi cumpleaños y, pese a que pensaba que no le iban a hacer mucha gracia, le encantó la idea. No quise mencionar el tema, pero parecía emocionada por ver de nuevo a Giovani y no ha dejado de hablar de él desde entonces. Esta mañana se ha puesto muy pesada y ha insistido en que tenía que llamar a Lucas ya para invitarle, así que ahora estoy con mi teléfono móvil en la mano pensando en pulsar o no la tecla de llamada. Finalmente, opto por pulsar la tecla y ponerme el teléfono en la oreja.
–  Lucas Mancini. – Oigo su voz ronca y sensual al otro lado del teléfono.
–  Hola Lucas, soy Mel. – Le digo nerviosa. – Espero no interrumpirte, ¿te pillo en mal momento?
–  No, claro que no. – Me contesta. – Solo dame un segundo, por favor. – Oigo como le dice a alguien que se trata de una llamada importante que debe atender seguido de un murmullo de voces masculinas antes de volver a escuchar su voz: – Perdona, ya estoy de vuelta.
–  Si estás ocupado, puedo llamar más tarde.
–  Acabo de salir de una reunión con unos empresarios alemanes solo para hablar contigo, no me cuelgues ahora. – Me dice divertido.
–  Oh, lo siento. – Me disculpo. ¿De verdad ha salido de una reunión solo para hablar conmigo? – Solo quería darte las gracias por ofrecernos tu cabaña para celebrar mi cumpleaños.
–  Es una cabaña estupenda, te encantará. – Me dice tensando la voz. – Es muy espaciosa para celebrar grandes fiestas.
–  En realidad, por eso también te llamaba. – Le digo armándome de valor. – No me apetece nada celebrar una gran fiesta, solo una pequeña reunión de amigos. Sé que apenas nos conocemos pero me gustaría que tú también estuvieras, eres la única persona que conozco en Lagos, además de Giovani y Gina.
–  Me encantará ir pero, ¿por qué no hablamos más tranquilamente? – Me propone. – ¿Tienes planes para salir a comer?
–  Eh… No. – Respondo mirándome en el espejo vestida aún con el pijama.
–  Estupendo, ¿paso a buscarte por casa en una hora? – Me pregunta.
–  De acuerdo, nos vemos en una hora.
–  Hasta dentro de una hora, entonces. – Me dice antes de colgar.
Una hora más tarde, estoy lista para salir. Gina me ha sugerido que me ponga unos shorts tejanos con una camisa blanca con manga abombada en los hombros y los tres primeros botones desabrochados, dejando ver ligeramente mi canalillo. Me he puesto las sandalias de tiras blancas con tacón de aguja, unas sandalias que realzan mis piernas.
–  A Lucas le va a dar un infarto cuando te vea. – Me dice Gina tras lanzar un silbido.
Mi móvil empieza a sonar y lo cojo nerviosa.
–  Es él. – Le digo a Gina antes de descolgar. – ¿Sí?
–  Mel, soy Lucas. – Oigo su voz ronca al otro lado del teléfono. – Estoy en la puerta de tu edificio, ¿estás lista?
–  Sí, ahora mismo bajo. – Le respondo sonriendo.
Me despido de Gina y bajo a la calle. Lucas está frente al portal de mi edificio y me sonríe en cuanto me ve salir. Está guapísimo con su traje gris y su camisa blanca, con la corbata también de color gris colocada a la perfección. Parece salido de una pasarela de modelos.
–  Estás preciosa, como siempre. – Me dice mientras me besa en la mejilla. – Espero que tengas hambre, voy a llevarte al mejor restaurante de la ciudad.
–  Lo cierto es que estoy hambrienta. – Le contesto sonriendo.
Lucas me coge de la mano y me guía al otro lado de la calle, donde ha aparcado su coche, un BMW M6 de color gris marengo con asientos de piel en color crema. Abre la puerta del copiloto y me ayuda a sentarme para después cerrar la puerta, dar la vuelta al coche y sentarse en el asiento del conductor. Conduce en silencio, pero de vez en cuando desvía su atención de la carretera para mirarme y sonreírme. Diez minutos más tarde, Lucas aparca y sale del coche, pero esta vez no le doy tiempo a dejar que me abra la puerta y salgo del coche sin su ayuda. Lucas me observa y veo el desacuerdo en sus ojos, pero no dice nada. Me coge de la mano y entramos en el restaurante, un restaurante de comida local, uno de esos restaurantes con personalidad que no se han modernizado para agradar a la alta sociedad. Me sorprende que Lucas, viniendo de una de las familias más adineradas de la ciudad y habiéndose convertido en millonario a los veintitrés años al crear un sistema informático que ha revolucionado el mundo de la tecnología, según las palabras de Giovani, me haya traído a un sitio como éste, aunque lo cierto es que me encanta.
Recibo un mensaje al móvil y lo saco del bolso para ver de quién es. Es Giovani: “Que sepas que me espera una larga tarde de trabajo porque he sido bueno y he aceptado hacerme cargo de todas las reuniones de hoy para que Lucas y tú estéis comiendo juntos en este momento. Me debéis una y de las grandes, tenlo en cuenta pequeña. Diviértete.”
–  ¿Va todo bien? – Me pregunta Lucas con aparente tranquilidad.
–  No, Giovani ya me está haciendo chantaje. – Le contesto divertida encogiéndome de hombros.
–  ¿A qué te refieres? – Me pregunta parándose en seco.
–  Estoy bromeando. – Contesto rápidamente al observar que en su rostro se refleja la preocupación y que su apariencia deja de ser calmada. – Giovani dice que le debemos una de las grandes por quedarse trabajando mientras nosotros salimos a comer.
–  Se lo compensaré, no te preocupes. – Me contesta sonriendo.
¿Y esos cambios de humor? Lo mismo está serio, calmado y frío y otras veces parece cálido y alegre, pero de cualquier forma te seduce.
Nos sentamos en una pequeña mesa para dos personas, alejada de los baños y de la cocina, sin apenas nadie a nuestro alrededor. Los camareros saludan a Lucas como si del mismo rey del país se tratara y él les devuelve el saludo con educación. Dos segundos más tarde, se acerca a saludarnos el chef, que también es el propietario del local.
–  ¡Lucas, qué alegría verte tan bien acompañado! – Le dice el fornido chef a Lucas. Se vuelve hacia a mí y añade: – Oh, ¿quién es esta preciosa ragazza?
–  Esta preciosa chica es Mel. – Le contesta Lucas sin especificar que relación hay entre nosotros.
Probablemente, para el chef seré una de las muchas chicas a las que Lucas ha traído a comer o a cenar, pero yo no me he acostado con él, al menos aún no.
–  Me alegro de verte tan bien acompañado. – Le dice guiñándole un ojo. – Por cierto, Mía también va a venir a comer con unas amigas, me ha llamado para que le reserve una mesa.
– ¿Mía? ¿Va a venir? – Pregunta Lucas desconcertado.
–  Sí, viene bastante entre semana. – Le responde el chef. – ¿Quieres que te avise cuando llegue?
–  No creo que haga falta, vendrá hacia aquí en cuanto me vea. – Le dice Lucas con una media sonrisa.
Me muero de curiosidad por preguntar quién es Mía, pero logro contenerme. Seguramente será una de sus últimas conquistas.
El chef se despide amablemente y la voz ronca y sexy de Lucas me devuelve a la realidad:
–  Mía es mi hermana, no tardarás en conocerla. – Dice sonriendo. – Supongo que debo advertirte que Mía es muy efusiva y cariñosa, espero que no te sorprendas.
–  Acabas de sorprenderme. – Le digo divertida. – Si Mía es tal y cómo la describes, no puede ser tu hermana.
Lucas me mira y me remira y, finalmente, me dice en un susurro:
–  ¿Qué te hace pensar que no soy efusivo ni cariñoso?
Oh, Dios. Esto no me puede estar pasando a mí. Si llego a estar de pie, me hubiera caído al suelo. Las piernas me tiemblan y puedo notar el sonrojo en mis mejillas.
–  Creo que me voy a pasar el rato callada, que estoy mejor. – Logro responder con un hilo de voz.
Lucas suelta una carcajada y me mira con los ojos brillantes de emoción. Creo que es la primera vez que lo veo tan desinhibido y me excita tanto cómo cuando aparenta ser un tipo duro y frío.
–  Solo estaba bromeando, pero creo que no ha dado resultado porque no tienes un buen concepto de mí. – Me dice con tono serio. – No me quiero ni imaginar qué te habrá contado Giovani de mí.
–  Nada demasiado malo, de lo contrario no estaría aquí. – Me oigo decir.
Su semblante serio desaparece para dejar paso a una amplia y perfecta sonrisa. No puedo hacer otra cosa que devolverle la sonrisa, es como si estuviera hipnotizada. Hasta que una voz femenina interrumpe la hipnosis dejándome pensar por mí misma de nuevo.
–  ¡Lucas! ¿Qué haces aquí? – Pregunta una chica de mi edad, con el pelo de color castaño y con la misma sonrisa carismática de Lucas. Sin duda, es su hermana. – Oh, ¿no me vas a presentar? – Le pregunta a su hermano mientras me mira emocionada.
–  Mel, esta es mi hermana Mía. – Me dice Lucas poniendo los ojos en blanco. – Mía, ella es Mel.
–  Encantada de conocerte, Mel. – Me dice Mía dándome un par de besos en la mejilla. – He oído hablar mucho de ti y tenía ganas de conocerte.
–  ¿Has oído hablar mucho de mí? – Le pregunto sorprendida.
–  ¿Eres la amiga de Giovani, verdad? – Me pregunta. Asiento con la cabeza y Mía continúa: – Giovani habla de ti todo el tiempo, siempre dice que eres especial y, teniendo en cuenta que has logrado sacar a mi hermano de la oficina para salir a comer fuera un día entre semana, puedo dar fe que eres muy especial.
–  Mía, creo que tus amigas te están esperado. – Le dice Lucas para deshacerse de ella.
–  Está bien, ya me voy. – Le responde Mía poniendo los ojos en blanco. – Mel, mi familia da una fiesta a finales de mes. Es una fiesta que damos todos los años al final del verano y estoy segura de que a ti y a tu amiga os encantaría asistir. Giovani seguro que también se apuntará y, con un poco de suerte, puede que hasta logres convencer a mi hermano para que venga. Odia aparecer en esa clase de eventos, pero a mis padres les encantaría que asistiera. ¿Qué me dices?
–  Gracias, estoy segura de que asistiremos, si a Lucas no le importa. – Añado por si acaso estoy metiendo la pata. ¿Qué se supone que debo decir? Si rechazo la invitación sería descortés, pero tampoco puedo asegurar que voy si a Lucas no lee una buena idea.
–  Podrás conocer a mucha gente de la ciudad, incluidos los solteros de oro. – Me dice Mía divertida, intentando provocar a su hermano. – Estoy segura que no te faltará compañía.
–  Si Mel quiere asistir a la fiesta, la acompañaré encantado. – Dice Lucas irritado.
–  Eso suponía. – Dice Mía burlonamente. Se despide de nosotros con un par de besos en la mejilla y añade: – Me encantará veros en la fiesta, no me falléis.
Dicho esto, da media vuelta y desparece dirigiéndose al otro lado del local para sentarse junto a sus amigas. No sé cómo interpretar lo que acaba de pasar. ¿Su hermana acaba de organizarnos una cita? ¿Y qué ha querido decir con eso de haberlo sacado de su oficina entre semana? Según tengo entendido, Lucas es un mujeriego. Creo que voy a tener una larga charla con Giovani en cuanto le vea.
–  ¿En qué piensas? – Me pregunta Lucas. – Pareces un poco… alejada de aquí.
–  Perdona, últimamente estoy un poco despistada y lo de tu hermana… ¿Qué acaba de pasar? – Le pregunto divertida sin poder contener la risa. – Creo que a mi madre le encantaría tener una hija como ella, no sabes cómo se parecen.
Comemos y charlamos tranquilamente. Esta vez, es Lucas quien habla de su vida. Me cuenta que es el mayor de tres hermanos, tiene veintisiete años, igual que Giovani. Le sigue su hermano Álex de veinticinco años y por último Mía, que cumple los veintitrés el próximo mes de noviembre. Lucas me cuenta que tiene la misma relación con Mía que tengo yo con Giovani, pero que con su hermano Álex es distinto. Con Álex tiene una relación peculiar, pero se llevan bien.
Finalmente, hablamos de mi cumpleaños. Le explico que solo quiero pasar un día tranquilamente, tomando el sol, bañándome en el lago y pasar un buen rato, nada más. Lucas se sorprende al descubrir que no quiero una gran fiesta llena de gente desconocida por todas partes como querría cualquier chica de mi edad, pero se alegra, supongo que por el bien de su propia cabaña.
–  Entonces, salimos el martes día 14 por la tarde y regresamos el 15 por la noche. – Me dice cuando el camarero trae la cuenta.
–  Sí. – Respondo quitándole la cuenta de las manos para entregársela al camarero junto a mi tarjeta de crédito. Me vuelvo hacia a Lucas, que con su mirada me hace saber que no le ha gustado nada lo que acabo de hacer, y le digo con una pícara sonrisa: – Es lo mínimo que puedo hacer para agradecerte todo lo que estás haciendo, sobretodo por acompañarnos. – Le agradezco con sinceridad. – Cómo sabes, acabo de mudarme y no conozco a nadie aquí. No me apetecía celebrar mi cumpleaños con gente que no conozco, así que la lista de invitados queda reducida a ti, Giovani y Gina.
–  Apenas me conoces. – Me dice sombrío. ¿Está enfadado?
–  Conozco a Giovani y lo exigente que es con sus amistades, no da segundas oportunidades. Sé que sois amigos desde la universidad, así que eres digno de su confianza y, por consiguiente, también de la mía.
Mis palabras parecen relajar la tensión que se refleja en su rostro. No se dibuja ninguna sonrisa en sus labios, pero deja de fruncir el ceño ligeramente. Creo que sigue molesto porque he pagado la cuenta. ¿Se puede ser más retrógrado? En fin, ya se le pasará.

 

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

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