Y de repente tú 7.

Domingo, 15 de agosto de 2012.

Después de pasarme toda la noche y parte de la madrugada bebiendo tequila con Gina en la terraza de nuestro apartamento y acostarnos cuando el sol ya hacía horas que había salido, me levanto de la cama a las cuatro de la tarde con un terrible dolor de cabeza y una cara horrible, parece que estoy enferma. Decido beberme un zumo de melocotón y darme una ducha, Giovanni vendrá a buscarme en un par de horas y quiero estar despejada.

A las seis en punto de la tarde, Giovanni llama al timbre y me dice que me espera abajo, tiene el coche en doble fila. Entro en la habitación de Gina y susurro:

–  ¿Estás despierta?

–  Todo lo despierta que se puede estar después de una noche como la de ayer. – Me responde con voz ronca y cansada. – ¿Cómo has podido levantarte de la cama? A mí ni siquiera me ha dejado de dar vueltas la cabeza.

–  Tomate un paracetamol y un zumo de melocotón, te sentará bien. – Le digo con mi tono de voz más maternal. – Voy a salir con Giovanni, traeré comida china para cenar cuando vuelva. ¿Quieres que te traiga algo de la calle?

–  No, solo necesito dormir. – Se lo piensa mejor y añade: – Bueno, pídele disculpas a Giovanni por lo de anoche, me fui sin decirle nada.

–  No te preocupes, luego se lo digo. Llámame si necesitas algo. – Le digo antes de marcharme.

Giovanni me espera apoyado en su impoluto Audi Q7 y no me sorprendo al descubrir que él tiene la cara como si anoche no hubiera salido ni hubiera bebido.

–  Das asco, ¿cómo puedes tener tan buen aspecto después de anoche? – Le espeto a modo de saludo.

–  Yo también me alegro de verte. – Me responde poniendo los ojos en blanco. – Y supongo que tengo mejor aspecto que tú porque me fui a casa a dormir nada más dejarte en casa.

Nos subimos al coche y Giovanni conduce en silencio hasta llegar a una cervecería y aparca en la puerta. Echo un vistazo al lugar, una cervecería moderna llena de gente joven, grupos de chicos y chicas, amigos y parejas, un sitio bastante agradable y tranquilo. Nos sentamos en una de las mesas junto a la ventana y Giovanni le pide un par de cervezas al camarero haciéndole un gesto con las manos. Una vez tenemos nuestras botellas de cerveza, Giovanni decide empezar a hablar:

–  ¿Cómo está Gina?

–  No puedo decir que bien, pero se le pasará. – Respondo. – Por cierto, me ha pedido que te pidiera disculpas de su parte por haberse ido sin decirte nada.

–  Puedes decirle que no pasa nada. – Me dice Giovanni suspirando sonoramente.

–  No soy idiota Giovanni. – Digo sin poder resistirme por más tiempo. – Anoche vi lo bien que os lo estabais pasando, disfrutabais el uno con el otro e incluso saltaban chispas entre vosotros. Sé que la noche terminó en el mismo momento en que Gina vio a Héctor, pero también pude ver que tu noche también se vino abajo cuando ella se fue. Podrías haber vuelto al Sweet y encontrar a cualquier chica que se iría contigo encantada, pero en lugar de eso te fuiste a casa, a dormir.

–  Antes de que continúes, deberías saber que no fui el único que no regresó al Sweet para encontrar a otra chica y también decidió irse a casa, a dormir. – Me dice Giovanni maliciosamente. – ¿Qué te traes con Lucas, Mel?

–  Yo no me traigo nada con tu amigo Lucas y te recuerdo que no estamos aquí para hablar de mí, sino para hablar de ti. – Le corto rápidamente. Lo último que me faltaba era hablar de Lucas, ese era un tema en el que prefería no pensar. – ¿Qué pasa con Gina? Y no me digas que nada porque no me lo creo. Te has pasado todo este último año muy amable y educado con ella, al principio pensé que solo era porque no había motivo alguno para que siempre estuvierais discutiendo, pero ayer me di cuenta de que hay algo que hace que los ojos te brillen cuando la miras.

–  Por favor, ¿no puedes ser más cursi a la hora de describir tu novela? – Me dice con sarcasmo.

–  No te quites la venda de los ojos si no quieres, pero no me pidas que te mienta, sabes que nunca lo haré. – Le digo encogiéndome de hombros.

–  No sé qué me está pasando. – Reconoce finalmente. – Desde el verano pasado he vuelto a sentirme atraído por Gina, así que la he ido evitando. Pero cuando la vi ayer… Fue horrible, Mel. Fue como si tuviera quince años otra vez. Llevaba mucho tiempo esperando volver a verla, pero jamás me imaginé que hubiera aceptado a salir con nosotros y menos aún que fuera tan sociable y simpática conmigo, cuando lo normal entre nosotros es discutir.

–  Supongo que Gina es el motivo por el que anoche te fuiste directo a casa, a dormir. – Comento divertida.

–  Te lo estoy diciendo en serio, Mel. – Me regaña por tomármelo a broma. – Ni siquiera he podido tener sexo con nadie desde que he llegado a Lagos y no me han faltado pretendientas. No tengo ganas de sexo si no es con Gina.

–  Viniendo de ti, eso es muy grave. – Sentencio sin poder evitar que en mis labios se forme una sonrisa maliciosa.

–  Curiosamente, tengo a un amigo al que le pasa lo mismo, pero lo de él es más grave. – Empieza a decir Giovanni. – Conoció a una chica una noche en el Sweet y se volvió loco. Desde entonces, va todas las noches al Sweet para buscarla porque no se la puede sacar de la cabeza. Ayer por la noche la volvió a ver y se quedó hecho polvo porque ella ni siquiera le había dejado su número de teléfono ni le dijo un “me gustaría volver a verte” que él tanto deseaba, así que se fue a casa triste y, por supuesto, solo.

–  Vale, no hace falta que sigas. – Le replico molesta. – Gina está superando lo de Héctor, quizás necesite un poco de tiempo y tendrás que tener paciencia con ella. Si le entras directamente puedes asustarla y lo echarás todo a perder.

–  ¿Debo de darle el mismo consejo a mi amigo? – Me pregunta burlón.

–  Creía que le habías amenazado o algo por el estilo para que no se acercara a nosotras, ¿has cambiado de opinión?

–  No te andes por las ramas, no va contigo. – Me presiona. – Voy a seguir tu consejo, nadie mejor que tú sabe cómo tratar a Gina y la conoces desde siempre. – Me mira burlón y añade: – Por cierto, Lucas te manda recuerdos, ¿quieres que se los devuelva de tu parte?

–  ¿Qué es lo que quieres? – Le pregunto directa al grano. – Está claro que todo esto es porque quieres pedirme algo. ¿Me equivoco?

–  A veces odio que me conozcas tan bien. – Bromea divertido. – Faltan diez días para tu cumpleaños, ¿cómo has pensado celebrarlo?

–  Si te soy sincera, no lo he pensado. – Le confieso. – No me apetece celebrarlo, la verdad.

–  ¿Qué dices? ¡Los cumpleaños hay que celebrarlos! – Me replica. – De hecho, he estado pensando en una magnífica opción.

–  Estás empezando a darme miedo. – Bromeo fingiendo un escalofrío.

–  Lucas tiene una cabaña en el Lago Norte, una preciosa cabaña de madera frente al lago. Cuando le he comentado que era tu cumpleaños, se ha ofrecido a dejarnos su cabaña. – Me dice con su semblante de niño inocente. – Le he dicho que te lo comentaría, no sabía si te apetecería pasar el día de tu cumpleaños en una cabaña en el lago o si preferías salir de fiesta y beber hasta perder el conocimiento.

–  Me conoces muy poco si crees que no voy a beber hasta perder el conocimiento porque esté en una cabaña en un lago. – Me mofo divertida. – Ahora en serio, me parece una buena idea lo de la cabaña, pero no me gustaría abusar de la generosidad de tu amigo. ¿Hay alguna que se pueda alquilar?

–  Mel, esas cabañas son tan grandes como la casa de tus padres en Villasol. Son segundas residencias de la gente adinerada de Lagos. – Me dice Giovanni guiñándome un ojo. – Y mi amigo, como tú lo llamas, está dispuesto a cedernos su casa para que celebres tu cumpleaños como quieras.

– Y todo eso, ¿sin querer nada a cambio? – Le pregunto con desconfianza.

–  No me ha pedido nada a cambio, pero estoy seguro de que si le invitaras estaría encantado de asistir a tu fiesta. – Me dice con su sonrisa maliciosa. – Es un buen tipo y le tienes completamente hechizado, pero ni se te ocurra decirle que yo te he propuesto que le invitaras, quiero seguir viviendo.

–  Dame su número de teléfono, le llamaré y le invitaré. – Decido de repente. – Pero no le digas que te lo he pedido, quiero darle una sorpresa.

Tras pasar dos horas hablando y bebiendo cerveza, Giovanni me acompaña al restaurante chino para comprar comida para llevar y me lleva de vuelta a casa. Me despido de él prometiéndole llamar a Lucas y aconsejándole que le envíe un mensaje a Gina esta noche en plan amistoso, sin agobiarla.

 

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

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