Y de repente tú 6.

Sábado, 4 de agosto de 2012.

Giovanni parece desconcertado, pero no me hace ninguna pregunta más y camina hacia la zona chill-out colocando la palma de su mano sobre mi espalda para guiarme. Camino despistada pensando en todo lo que acaba de pasar y cuando llegamos a nuestro destino, Gina me devuelve a la realidad abalanzándose sobre mí:

–  ¿Qué te ha pasado con la pelirroja?

–  Es una amargada, le hace falta sexo. – Respondo dejándome caer en uno de los sofás y dar un largo trago de mi copa.

De repente, oigo una tos a mi lado. Hay alguien sentado en el sofá, concretamente a mi lado derecho. Me vuelvo para mirarle, sorprendida de no haberme dado cuenta y, de repente… No me lo puedo creer, es el tipo del otro día, el que me salvó de tropezar en el escalón de la pista de baile y evitó que acabara tirada por el suelo.

–  Volvemos a vernos, Mel. – Me dice sonriendo pícaramente.

–  Iba a presentaros, pero ya veo que os conocéis. – Me dice Giovanni fulminándome con la mirada. Se vuelve hacia a Lucas y le pregunta: – ¿Cómo os conocisteis? Es que creo que vas a tener que refrescarle la memoria a Mel porque insiste en que no sabe quién eres.

–  Muy maduro por tu parte, Giovanni. – Le reprocho.

–  Lo cierto es que no nos conocemos. – Dice Lucas con su voz ronca y sexy. – Mel y yo tropezamos hace tres semanas mientras bailaba, pero se marchó sin decirme siquiera su nombre.

Giovanni parece relajarse y se sienta en el sofá junto a Gina. Por alguna extraña razón, ambos charlan y sonríen, cuando lo típico en ellos es pasarse la noche discutiendo.

Me vuelvo hacia a Lucas y le dedico toda mi atención. Es tan guapo como lo recuerdo y sus ojos siguen manteniendo el mismo matiz frío e impasible. Como nos ha dicho Giovanni antes, Lucas es un tipo que intimida. Aunque hoy viste más informal, con tejanos y camisa negra, sigue estando demasiado sexy. Esto no puede salir bien, lo sé.

–  Así que eres la amiga de Giovanni, si lo hubiera sabido el otro día, te hubiera invitado a una copa. – Me dice casi en un susurro. – Por cierto, ¿qué es eso de que las pelirrojas traen mala suerte?

Su sola voz me excita. ¿Por qué me atrae de esta manera? Mel, céntrate. Me ordeno a mí misma. Es el mejor amigo de Giovanni, debo mantener las distancias.

–  Es una historia muy larga, digamos que no me caen bien los pelirrojos. – Le contesto quitándole importancia al asunto.

Sé que no me puedo guiar por el color del pelo de una persona para decidir si es buena o mala, simpática o antipática, humilde o esnob. El color de pelo no tiene nada que ver con la personalidad o el carácter, pero en mi defensa diré que todas las personas pelirrojas que he conocido me han defraudado. Y, como decía mi abuela, ¡más vale prevenir que curar!

–  Lo de Mel con los pelirrojos es algo personal, yo no me metería. – Interviene Giovanni. – Por cierto, ¿qué hay de vuestro par de semanas en Villasol?

–  Geniales, a pesar de tener que explicarles a nuestras madres una y mil veces que no nos vamos a casar en un futuro próximo. – Le informa Gina. – Lo cierto es que los dioses del surf cumplieron con las expectativas creadas y estoy deseando regresar solo para volver a verlos.

–  Mel, ¿tú también quieres volver a verlos? – Me pregunta Giovanni. – Creía que tú eras de las mías, de las que no creen en el amor.

–  Giovanni, nadie ha hablado de amor. – Le recuerdo. – Me lo pasé muy bien con Piero, pero solo fue una noche de sexo, nada especial.

–  Me preocupas, desde Gonzalo no has tenido ninguna relación estable. – Confiesa Giovanni.

–  Estoy bien como estoy, no necesito ninguna pareja. – Le replico. – ¿Por qué tienes que echarme el sermón precisamente tú? Hay que predicar con el ejemplo.

–  ¿Gonzalo? ¡Gonzalo ya es historia, como Héctor! – Protesta Gina. – A partir de ahora, los hombres sois simples juguetes sexuales para nosotras.

–  ¿Y se supone que soy yo el que no tiene que decir nada déspota ni obsceno? – Se queja Lucas. – No os podéis imaginar el sermón que me ha echado antes de venir, solo para advertirme que tenía que miraros como si fuerais mi hermana y ahora soy yo el que se siente un objeto.

–  Tranquilo, no te vamos a comer. – Bromeo con Lucas. – Aunque no puedes quejarte, siempre te quedará la pelirroja.

–  Ni de coña, las pelirrojas dan mala suerte. – Me contesta Lucas divertido. – Y, si te soy sincero, no me importaría que me comieras. – Me susurra al oído con voz sensual.

En ese momento, Gina y Giovanni deciden ir a bailar, dejándome a solas con Lucas. No puedo evitarlo, me intimida demasiado con su aspecto serio y de tipo duro, frío como el hombre de hielo, Iceman.

–  Giovanni me ha hablado mucho de ti, siempre me ha contado que le encanta hablar contigo, que confía en ti como una verdadera amiga, pero no pareces muy habladora. – Comenta Lucas como quién no quiere la cosa. – No te ofendas, pero te imaginaba más simpática y menos… explosiva, supongo.

¿Explosiva? Me habían dicho muchas cosas, pero no recuerdo que me hubieran dicho que soy explosiva. Me fijo en cómo me mira, parece esperar una respuesta pero sus ojos reflejan la seguridad y confianza suficiente como para intimidar a cualquiera. Finalmente, logro decir:

–  Me tomaré eso como un cumplido, pese a no estar muy convencida de ello.

Lucas sonríe ampliamente, es la primera vez que le veo sonreír de verdad, con ganas. Da un trago a su copa y me mira fijamente a los ojos antes de preguntar:

–  ¿Es cierto que entre tú y Giovanni nunca ha habido nada?

–  La mayoría de la gente cree que la amistad entre un hombre y una mujer no existe, que si dos personas del sexo opuesto salen a cenar o a tomar unas copas tienen algún tipo de relación sexual, pero en nuestro caso, así es. – Le confieso. – Es obvio que Giovanni es un tipo atractivo, todas las mujeres babean en cuanto lo ven, pero no es mi caso. Supongo que eso me convierte en un bicho raro. – Añado encogiéndome de hombros. – Giovanni y yo somos buenos amigos, nada más.

Lucas no contesta, se limita a sonreír y a beber un largo trago de su copa. Dada la falta de conversación, decido distraerme observando a Gina y Giovanni bailar juntos. Me sorprende ver que se lleven tan bien, normalmente suelen discutir pero hoy parecen estar encantados el uno con el otro. Incluso diría que se ponen ojitos y se sonríen demasiado. ¿Me he perdido algo? En fin, tengo que reconocer que me alegra verles tan contentos estando juntos y hasta hacen buena pareja. De hecho, me gustaría que fuesen pareja. Tener a mi mejor amiga y a mi mejor amigo siendo pareja sería divertido. Mientras yo me dedico a observar a mis amigos, Lucas se entretiene observándome a mí. De vez en cuando, me pregunta alguna cosa como qué he estudiado, cómo se vive en Villasol, si tengo hermanos y cosas así. Cada vez que le pregunto algo sobre él, le da la vuelta a la conversación y terminamos volviendo a hablar de mí. Hablamos de muchas cosas, pero no tocamos el tema del sexo y mucho menos el del amor.

Hasta que, media hora más tarde, Gina aparece a nuestro lado y nos informa:

–  Me largo, no puedo quedarme aquí ni un segundo más. – Y sale disparada en dirección a la puerta que da acceso a la calle.

Me pongo en pie y, justo en ese mismo momento, aparece Giovanni con el rostro desencajado, tan confundido como yo.

–  ¿Se puede saber qué le has hecho? – Le pregunta Lucas tan sorprendido como nosotros. – Ha salido del Sweet como si su propia vida dependiera de ello.

–  Te prometo que no le he hecho nada. – Se defiende Giovanni. – Estábamos bailando y de repente se ha parado en seco, ha empalidecido y, tras decirme que lo sentía mucho, ha salido corriendo. Me he quedado como un gilipollas mirando cómo se alejaba y ni siquiera he podido moverme de donde estaba. ¿Qué mosca le ha picado?

Entonces me doy cuenta de lo que ha ocurrido. Héctor está en la barra pidiendo una copa al camarero y buscando a su alrededor, supongo que buscando a Gina.

–  ¡Joder! – Exclamo nada más verle. – Héctor está aquí, por eso se ha ido Gina.

–  ¿Tan mal ha acabado la cosa que sale huyendo si lo ve en un lugar público? – Me pregunta Giovanni con sarcasmo, decepcionado porque Gina haya salido corriendo a la primera de cambio.

–  Resulta que Héctor está casado e incluso tiene un hijo. Hace dos meses que lo dejaron y hace un par de semanas le anunció que se trasladaba con su familia a vivir a Lagos, así que espero que entiendas su reacción. – Le espeto molesta. – Voy a buscarla, creo que me espera una larga noche bebiendo tequila y maldiciendo a todos los hombres del planeta. Os invitaría, pero no creo que seáis bien recibidos. – Me despido de Giovanni con un fuerte abrazo y de Lucas con un par de besos en la mejilla.

–  Espera, te acompañamos a casa. – Me dice Giovanni.

–  No hace falta, vivo a un par de manzanas de aquí. – Le recuerdo.

–  Mejor, así vamos caminando y nos da un poco el aire. – Sentencia Lucas.

No me queda otro remedio que asentir, no tengo suficientes agallas ni ganas de llevarle la contraria a Lucas, no parece ser de los que se dan por vencidos fácilmente. Así que me acompañan a casa, donde vuelvo a despedirme de ellos de igual manera, un abrazo para Giovanni y un par de besos en la mejilla para Lucas. Me percato que Giovanni está más preocupado de lo que yo imaginaba y le digo en un susurro:

–  Tú y yo hablaremos mañana, me parece que tienes mucho que contarme.

Giovanni asiente con la cabeza, sabe de lo que le hablo y no me lo ha discutido, mi sexto sentido no me ha fallado. ¿Se estará enamorando de Gina? Ya pensaré en ello mañana, ahora tengo que pensar en la larga noche que me espera con Gina, debe de estar pasándolo mal.

 

 

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

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