Y de repente tú 5.

Sábado, 4 de agosto de 2012.

Tras regresar a Lagos después de dos semanas en Villasol, nos esperaba una semana ajetreada. Nos han traído todos los muebles, hemos limpiado y decorado el apartamento y hemos acabado exhaustas. Ayer por la noche nos quedamos en casa, pero hoy hemos quedado con Giovanni, un amigo que conocí el primer año de universidad cuando fui a casa de sus padres con su hermano Bruno para hacer un trabajo de la universidad. Bruno me caía bien, pero con Giovanni tenía un feeling especial. Giovanni es cuatro años mayor que yo, es alto y fuerte, su rostro afilado endurece sus facciones y sus ojos, ligeramente rasgados y de un marrón oscuro intenso, transmiten su picardía. Las chicas van locas detrás de él, las hechiza con tan solo una mirada y ellas caen rendidas a sus pies. Hoy, casi cinco años después de conocernos, sigo preguntándome por qué nunca he sentido nada más que amistad por Giovanni. ¿Soy un bicho raro por no caer rendida a sus pies? ¡Hasta Gina se enrolló con él! Aunque eso pasó hace años.

Giovanni no cree en el amor, él solo piensa en sexo. Su relación con las chicas es blanca o negra, o son amigas o se acuesta con ellas, pero en su caso todas las chicas quieren acostarse con él, así que la única amiga de verdad que tiene soy yo. Giovanni vive en Lagos desde los dieciocho años, cuando se matriculó en la universidad de la ciudad. Siempre había vivido en Valdemar y sus padres siguen viviendo allí, así que nos veíamos cada vez que venía a Valdemar de visita, que era bastante a menudo. Supongo que si yo viviera a un par de horas en coche de Villasol también iría bastante a menudo. Uno de los pros de mudarme a Lagos era que Giovanni vive aquí.

Hace ya más de un mes que no nos vemos, mucho tiempo teniendo en cuenta que Giovanni iba a Valdemar un par de fines de semana al mes, así que tengo muchas ganas de verlo.

Cuando atravesamos el portal del edificio Giovanni ya nos está esperando de pie apoyado en su Audi Q7 de color negro, vestido con un tejano desgastado y caído que le marca y realza el perfecto trasero y una camisa roja con los dos primeros botones desabrochados, un atuendo de lo más juvenil y sexy. Nos sonríe en cuanto nos ve y abre sus brazos para recibirme con un fuerte abrazo, elevarme un par de palmos sobre el suelo y darme vueltas sin parar sobre sí mismo mientras me dice a voz en grito:

–  Pequeña, ¡cuánto me alegro verte!

–  Yo también, pero si sigues dándome vueltas acabaré mareándome. – Le replico riendo. – Veo que te han sentado muy bien las vacaciones.

–  Me han sentado de maravilla, pero me ha sentado mejor volver a casa y poder verte. – Me responde depositándome en el suelo al mismo tiempo que me besa con cariño en la frente. – Gina, estás preciosa, como siempre. – Le dice a Gina saludándola con un par de besos en la mejilla.

–  Tú tampoco estás nada mal, la verdad. – Le responde Gina con una maliciosa sonrisa en los labios.

Giovanni nos hace un gesto para que subamos al coche y le obedecemos sin preguntar a dónde nos lleva, al fin y al cabo apenas conocemos la ciudad.

–  Pensaba llevaros a un local nuevo que inauguraron ayer, pero mi socio se ha empeñado en ir al Sweet, a pesar de que he insistido en que era el único local de Lagos en el que habéis estado. – Empieza a contarnos Giovanni. – Es un buen tipo, pero suele intimidar bastante a todo el mundo sin pretenderlo.

–  Toda una joyita, ¡cómo no! – Le digo burlonamente.

–  Mel, lo conozco desde hace casi diez años y puedo asegurarte que es una de las dos personas en las que yo confiaría, la otra eres tú, por supuesto. – Me dice Giovanni guiñando un ojo. – Os lo advierto porque no suele tener muy buen humor y el hecho de aceptar quedar con nosotros implica el hecho de no mojar esta noche, así que os pido que seáis buenas con él.

–  ¿Eso es una forma de decirnos que tu socio/amigo no tiene ningún interés en conocernos? – Pregunta Gina frunciendo el cejo.

–  Eso significa que le he prohibido mojar con vosotras y está de mal humor. – Responde Giovanni.

–  ¿Por qué? – Pregunto sorprendida. – ¿Desde cuándo has decidido fastidiarnos a posibles candidatos para pasar una noche de placer?

–  Porque él es un poco como yo. – Nos responde serio. – Lucas es un buen tío, pero no se compromete con ninguna mujer.

–  Es otro vividor cómo tú. – Sentencia Gina.

–  Supongo que sí, pero su excusa es que no ha encontrado a la mujer que le haga perder la cabeza y que no le deje pensar en nada más y, mientras tanto, él la sigue buscando. –  Comenta Giovanni divertido.

Tras aparcar el coche, nos dirigimos a la puerta del Sweet donde el portero nos deja pasar amablemente y saluda a Giovanni con una sonrisa.

Decidimos sentarnos en los sofás de la zona chill-out a bebernos unas copas y ponernos al día mientras esperábamos que el amigo de Giovanni apareciera. Tras beberme la segunda copa, me levanto decidida a ir al baño y arriesgándome a dejar a Gina y Giovanni a solas. Les miro a ambos con advertencia antes de perderme entre la multitud. Cuando salgo del baño, echo un vistazo hacia la zona chill-out situada en el otro extremo del local y veo a Gina y Giovanni charlando animadamente, así que decido ir a la barra y pedir una copa. Mientras espero que el camarero me sirva, escucho quejarse a una chica pelirroja que está a mi lado de espaldas:

–  Sea como sea, lo voy a conseguir. Desde hace unas semanas está muy raro y he oído que viene al Sweet todos los sábados en busca de una chica que nadie ha visto. Creo que se ha vuelto loco. ¿Sabes qué me ha dicho? ¡Qué no pierda el tiempo llamándole! En cuanto se olvide de esa chica volverá y le voy a hacer sufrir.

La pelirroja continúa con su perorata cuando el camarero termina de servir mi copa, tomo un largo trago de vodka y doy media vuelta para regresar con Gina y Giovanni, pero la pelirroja también se ha dado la vuelta y ambas chocamos, lo que produce que parte del contenido de mi copa aterrice en el vestido de la pelirroja.

–  ¡Mierda! ¿Es que no miras por dónde vas? – Me espeta furiosa la pelirroja de ojos color ámbar.

–  Yo  podría preguntarte lo mismo. – Le contesto fulminándola con la mirada. – Quizás deberías follar más para estar menos amargada.

–  Pero, ¿quién te has creído que eres? – Farfulla con los ojos muy abiertos.

–  Alguien que te cerrará la bocaza esa que tienes como sigas hablando. – Le respondo furiosa.

Justo en ese momento, aparece Giovanni e interfiere:

– ¿Qué está pasando aquí?

– Ésta, que me ha tirado su copa encima. – Le dice la pelirroja a punto de llorar.

Giovanni me mira y no puedo hacer más que poner los ojos en blanco.

– Rebeca, estoy seguro que Mel ha derramado su copa sobre tu vestido por accidente, pero yo de ti no la enfadaría, sería capaz de arrojarte la copa entera. – Le dice Giovanni con una sonrisa pícara a la vez que me rodea con su brazo por la cintura y me da un beso en la sien.

La pelirroja se sorprende, lo último que esperaba es que Giovanni me defendiera, lógico dado que no sabía que él me conoce y somos amigos. Con todo su veneno ardiendo por sus venas, la pelirroja me suelta:

–  No te hagas ilusiones, solo pretende meterse en tu cama y después se olvidará de ti.

–  Llevo cinco años intentando meterme en su cama, si aceptara casarse conmigo lo haría ahora mismo y a pesar de ello, ella sigue rechazándome. – Le dice Giovanni. – Eso es lo que la diferencia del resto, que no es una víbora venenosa cómo tú.

Dicho esto, la pelirroja decide alejarse de nosotros.

Por supuesto, nada de lo que acaba de decir Giovanni es verdad. Nunca ha intentado meterse en mi casa y no me lo imagino caminando hacia un altar, antes es capaz de pegarse un tiro.

–  De todas las personas que hay en el local has ido a dar con la menos oportuna. – Me reprocha mientras me guía de vuelta a la zona chill-out. – Estaba saludando a Lucas cuando me ha dicho que la pesada de Rebeca le había asaltado nada más entrar y cuando te he visto discutiendo con ella… Por cierto, ¿qué te traes con mi amigo Lucas? Creía que me habías dicho que no habías conocido a nadie en la ciudad.

–  No he conocido a nadie y te aseguro que no conozco a tu amigo Lucas. – Le digo confundida.

–  Pues él me ha dicho que te conoce y que se alegraba de volver a verte. – Giovanni se para en seco y me pregunta con el ceño fruncido: – ¿Eres la chica misteriosa?

–  ¿Qué te has tomado? Me estás empezando a preocupar. – Le digo empezando a perder la paciencia.

Giovanni me mira, se encoge de hombros y vuelve a caminar en dirección a la zona chill-out. ¿La chica misteriosa? ¿De qué estaba hablando?

En fin, ahora saldré de dudas.

 

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