Y de repente tú 4.

Viernes, 27 de julio de 2012.

Tras once días en Villasol y a tan solo dos días de marcharnos, nuestras madres se han salido con la suya y nos han organizado una fiesta de despedida por todo lo alto a la que ha invitado a todo el barrio. Durante estos días, apenas hemos podido ver a antiguos amigos, todos vienen en el mes de agosto, justo cuando nosotras nos vamos, pero espero ver a alguien del instituto esta noche.

Me he puesto un vestido ibicenco de finos tirantes y falda con vuelo, unas sandalias blancas con tacón de cuña y el pelo suelto, al más puro estilo hippy.

Cenamos en familia, y eso por supuesto incluye a la familia de Gina. Después de cenar, los invitados empiezan a llegar y mi madre y Paola los hacen pasar al jardín trasero junto a la piscina mientras que mi padre y Enrico intentan sonreír y fingir estar pasándoselo bien sin éxito. Gina y yo recibimos a los invitados en el jardín trasero y les vamos ofreciendo copas de cava. Saludamos a todos los vecinos de la urbanización, a varias amigas y amigos del instituto e incluso conocemos a nuevos vecinos.

Paola y mi madre se han hecho muy amigas de la nueva vecina de en frente. Se llama Rafaela y tengo que admitir que me cae bien nada más verla. Sus ojos marrones brillan de emoción y su amplia sonrisa refleja honradez e inspira confianza. Lleva el pelo castaño recogido en un moño, un vestido con estampado de flores y unas sandalias planas. Debe tener unos cincuenta años.

–  Encantada de conoceros, he oído hablar mucho de vosotras. – Nos dice saludándonos con un par de besos en la mejilla. – Ahí están mi marido y mis hijos. – Los susodichos aparecen en el jardín y se dirigen hacia a nosotras. En cuanto Rafaela los tiene al lado, nos los presenta: – Os presento a mi marido Giuseppe, a mi hijo mayor Piero y a mi hijo pequeño Esteban, aunque solo se llevan un año de diferencia.

–  Oh chicos, ellas son mi hija Mel y la hija de Paola, Gina. – Les dice mi madre.

–  Encantado. – Nos saludan ambos hermanos a la vez.

–  Lo mismo digo. – Les respondo forzando una sonrisa.

Los dos hermanos son altos, fuertes y muy guapos. Ambos rubios de ojos claros, no sabría distinguir entre azules o grises, una sonrisa pícara en sus labios carnosos y las facciones marcadas y endurecidas. Una mezcla de príncipe azul con tipo duro. Giuseppe, aunque más mayor, también conservaba su atractivo. Tras estrecharnos las manos a modo de saludo, nuestros padres se las apañan para alejarse y dejarnos a los cuatro jóvenes a solas. Es una situación incómoda, pero para Gina y para mí forma parte de la rutina diaria de vivir con nuestras madres.

–  ¿Chantaje emocional o material? – Les pregunta Gina.

–  ¿Cómo? – Preguntan ambos al unísono.

–  Me preguntaba qué os han hecho para convenceros de venir aquí. – Les explica Gina. – Nadie en su sano juicio vendría por voluntad propia.

–  Chantaje emocional. – Le responde Esteban, el hermano pequeño. Le guiña un ojo a Gina y añade: – Pero ahora que te he conocido, me alegro de haber venido.

Ambos se encuentran con la mirada  y se sonríen pícaramente, pero continúan manteniendo las distancias.

–  Y vosotras, ¿cómo no habéis podido escapar de una fiesta de vecinos? – Nos pregunta Piero. – Estoy seguro que dos chicas como vosotras tenían mejores planes para un viernes por la noche.

–  Nos marchamos el domingo, nuestras madres nos hubieran dejado de hablar si no dan esta dichosa fiesta con nosotras presente, ata cabos. – Respondo resignada. – Pero ya que estamos aquí, intentamos divertirnos. Un par de copas ayudan a que pase más rápido el tiempo.

–  Estoy de acuerdo contigo. – Me responde Piero con una sonrisa socarrona en los labios.

–  Podemos tomarnos una copa aquí y ya habremos cumplido. – Dice Gina. – Después podemos ir a tomar unas copas a la playa, hoy hay un concierto.

Dicho y hecho. Tras saludar a todo el mundo y bebernos una copa, decidimos que es hora de marcharse. Mi madre y Paola hubieran puesto el grito en el cielo si nos hubiéramos ido de la fiesta tan pronto, pero la cosa cambia cuando nos acompañan los hijos de su nueva vecina.

Piero y Esteban resultan ser dos chicos de veinticinco años alegres y divertidos que han montado su propia empresa para enseñar a hacer surf y, según dicen ellos, han ganado varios campeonatos y, a juzgar por como los saludan  y les piden fotos y autógrafos los ciudadanos de Villasol, parece que así es.

Vamos hasta el paseo marítimo en el coche de Piero. Bajamos a la playa y nos tomamos un par de copas antes de empezar a bailar. Esteban y Gina desaparecen en algún momento de la noche, dejándonos a Piero y a mí a solas.

–  ¿Bailamos? – Me pregunta sonriendo.

Acepto encantada, además de ser muy guapo, Piero es una muy buen compañía. Sabe conversar y, desde luego, sabe cómo tratar a una mujer.

Bailamos un par de salsas y un par de rumbas hasta que por fin nos ponen una preciosa balada de Leona Lewis, “Homeless”. Piero me rodea con sus brazos por la cintura y pega su cuerpo al mío, yo coloco mis manos alrededor de su cuello y me dejo llevar al ritmo de la música. Piero busca mi cuello y le facilito el acceso. Me acaricia con los labios el recorrido que va desde la clavícula hasta el lóbulo de mi oreja y me susurra al oído con voz ronca:

–  Estoy intentando controlarme para no secuestrarte y llevarte a mi casa, pero no sé si voy a ser capaz de contenerme.

–  No te contengas, secuéstrame. – Me oigo decir.

¿Esa he sido yo? Sí, he sido yo. No me da tiempo a pensar en nada más, Piero se toma al pie de la letra mis palabras y me saca rápidamente del chiringuito para llevarme hasta el coche. Me va a llevar a su casa.

–  Un momento. – Le digo de repente. – Dime que no vives con tus padres.

Tras estallar en una enorme carcajada seguida de una risa divertida, Piero me dice:

–  Tranquila, tengo casa propia. – Me besa en los labios y añade: – Si te llevara a casa de mi madre, no te dejaría salir de allí a menos que fuera para dirigirte a la iglesia vestida de novia.

–  Ahora entiendo por qué tu madre se lleva tan bien con mi madre y Paola, ¡son las tres iguales! – Le digo bromeando. – Por nuestro propio bien, mejor es que esto quede entre nosotros.

–  Totalmente de acuerdo. – Me responde pícaramente antes de arrancar el coche y conducir hasta su casa, dirigiendo su atención de la carretera a mis ojos para bajar hasta mis muslos y regresar a la carretera.

Piero vive en un apartamento en el centro de Villasol, cerca de la playa. Es un apartamento amplio y decorado con mucho gusto, aunque demasiado serio y masculino para mi gusto. A Piero no le debe ir nada mal su empresa de aprendizaje de surf si puede permitirse vivir aquí.

Piero saca un par de copas de uno de los armarios de la cocina americana y una botella de cava de la nevera. Sirve las dos copas dejando que se forme una pequeña porción de espuma en la superficie y me entrega una de ellas par después brindar conmigo y romper el hielo.

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

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