Y de repente tú 2.

Y de repente tú 2.

Sábado, 7 de julio de 2012.

Hoy es nuestro séptimo día en el apartamento. Gina y yo hemos pasado la semana pintando, ella ha pintado su habitación de azul y yo de magenta. El pasillo, el salón, el comedor y el hall los hemos pintado de color gris perla.

Cada noche hemos tenido que cambiar de habitación para poder dormir, el olor a pintura era demasiado cargante como para dormir en una habitación recién pintada. Aunque todavía seguimos sin muebles.

Después de una larga semana de duro trabajo, decidimos ir a tomar unas copas a un bar musical que hay a un par de calles de casa, el Sweet. Nunca hemos estado antes allí, pero el jueves estando en una cafetería, Gina y yo escuchamos a un grupo de chicas decir que era el mejor local de la ciudad, llena de gente joven y con buena música.

–  Mel, no sé qué vestido ponerme. – Escucho a Gina gritar desde su habitación. – ¿El verde o el azul?

–  El azul, me encanta cómo te queda. – Le respondo a gritos para que me oiga.

Toda mi ropa está en unos cajones de plástico que hemos comprado para que no coja polvo. Abro un cajón tras otro hasta dar con mi vestido favorito, un vestido de color rosa suave y con escote palabra de honor con falda de tubo hasta la parte superior de las rodillas. Ese vestido combinado con mis zapatos negros con plataforma de dos centímetros en la parte delantera y un tacón de aguja de diez centímetros me hace sentir como una estrella de cine, es decir, nada más lejos de la realidad.

Me visto rápidamente y entro en el baño para peinarme y maquillarme. Me miro en el espejo y observo mi pelo, no es ni rubio ni moreno, ni rizado ni liso, nada especial. Decido alisarme el pelo con la plancha, confiando en que no llueva y no termine bufado y escardado. El maquillaje no lo medito, siempre termino usando lo mismo: una base suave del mismo tono que mi piel, sombra de ojos de color rosa y dorado, una línea negra en la parte interior del párpado inferior y un poco de rímel negro en las pestañas. Y ya estoy vestida para matar, como dice siempre mi padre bromeando.

–  Gina, ¿estás lista? – Le pregunto saliendo al pasillo. – Creo que deberíamos salir ya, se está haciendo tarde.

–  Ya estoy. – Dice Gina saliendo al pasillo para encontrarse conmigo. Da una vuelta sobre sí misma y me pregunta divertida: – ¿Qué te parezco? ¿Estoy vestida para matar?

Ambas nos echamos a reír, recordando los viejos tiempos en Villasol, cuando éramos dos adolescentes.

Gina está preciosa. Su larga melena rizada de color chocolate se posa sobre sus hombros hasta llegar a la cintura, sus ojos de color marrón oscuro y rasgados le dan un aire exótico y sensual. El vestido azul contrasta con su piel bronceada, haciéndola resaltar.

–  Estás perfecta. – Le digo riendo. – Pero como no nos demos prisa, cerrarán el Sweet y nadie podrá ver lo guapas que nos hemos puesto.

Acto seguido, nos ponemos nuestros respectivos abrigos y cogemos nuestros bolsos, dispuestas a salir y divertirnos toda la noche después de la semana que hemos pasado.

Caminamos un par de calles hasta llegar al local, donde un tipo grande y robusto nos abre la doble puerta para dejarnos pasar. Gina es la primera en entrar, yo la sigo de cerca. Nos dirigimos a la barra más cercana y le pedimos un par de copas a la camarera. Mientras nos sirven las copas, Gina y yo observamos el local y la gente que hay en ella. Está poco iluminado, lo cual contrasta con el blanco de los taburetes, los sofás y las pequeñas mesas auxiliares de la zona chill-out. Las paredes están pintadas de un rojo oscuro, parecido al color de la sangre, y decoradas con algunos retratos en blanco y negro de actores y actrices de cine. Las únicas lámparas que hay están sobre las tres barras de bar que hay en local, la zona chill-out está únicamente iluminada por velas aromáticas y la pista de baile por aparatos de iluminación que llenan la estancia con rayos de colores y destellos de luz.

Hay mucha gente, todos de entre veinte y treinta y cinco años. Hay algunas parejas, pero la mayoría están en grupos de chicas o grupos de chicos, supongo que eso cambiará de aquí a unas horas, cuando se hayan bebido un par de copas.

Pagamos y cogemos nuestras copas, nos dirigimos hacia a la zona chill-out, donde nos sentamos en uno de los sofás que hay libres.

–  Me gusta este sitio, es íntimo y acogedor, pero también es amplio y moderno. – Comenta Gina. – Si te soy sincera, tenía mis dudas sobre el Sweet. He leído por internet que solo vienen snobs y gente con ganas de convertirse en snob, pero la verdad es que yo veo un poco de todo.

–  ¡Qué más da! – Protesto. – Hemos venido a divertirnos.

–  Hablando de diversión, ¿cuándo tienes pensado ir a Villasol? – Me pregunta Gina. – Mi madre está empeñada en que pasemos el verano allí, pero ya le he dicho que primero tenemos que organizar el piso, ni siquiera tenemos muebles.

–  Podemos ir el próximo fin de semana. – Le respondo. – Cuando encarguemos los muebles, tardarán un par de semanas en traérnoslos. Podemos pasar esas dos semanas en Villasol, con todas las comodidades y disfrutando del sol en la playa.

–  Echo de menos la playa. – Me dice Gina con melancolía. – Siempre hemos pasado el mes de julio en Villasol, pero este año es diferente y solo vamos a pasar un par de semanas.

–  Vamos a bailar, últimamente no hay quien te entienda. – Desisto.

Gina lleva un par de semanas de mal humor, melancólica y muy negativa. Espero que una noche en el Sweet la anime un poco, esto está lleno de chicos guapos y a Gina no le pasarán desapercibidos.

Nos abrimos paso entre la multitud hasta llegar a la pista de baile, donde empezamos a bailar al ritmo de la canción “Ni rosas ni juguetes” de Paulina Rubio con Pitbull y hasta que dos horas más tarde terminamos bailando la última canción “Tonight lovin’ you” de Enrique Iglesias. Me encanta esta canción y la bailo como si estuviera sola en mi habitación en vez de en un local lleno de gente y también me atrevo a cantar animada por las copas de más:

“I know you want me

I made it obvious that I want you too

So put it on me

Let’s remove the space between me and you

Now rock your body

Damn I like the way that you move

So give it to me, oh oooohh…

Cause I already know what you wanna do

Here’s the situation

Been to every nation

Nobody’s ever made me feel the way that you do

You know my motivation

Given my reputation

Please excuse me I don’t mean to be rude

But tonight I’m loving you

Oh you know

That tonight I’m loving you

Oh you know

That tonight I’m loving you

Oh you know

That tonight I’m loving you

Oh you know.”

Tan concentrada estoy bailando mi canción que ni siquiera me doy cuenta que hay un escalón a diez centímetros detrás de mí y tropiezo pero, de repente, alguien me sujeta por la cintura impidiendo que me caiga al suelo. Mis manos se agarran automáticamente a los brazos que me sujetan y puedo comprobar que se trata de alguien fuerte y con músculos bien ejercitados. Levanto la vista y observo a mi salvador, un tipo guapísimo, de pelo castaño oscuro más largo de lo que lo suele llevar cualquier hombre que lleve traje como él. Sus ojos de color gris azulado son fríos e indescifrables, sus facciones duras y su piel ligeramente bronceada por el sol le dan un aire de tipo duro que contrasta con su aspecto elegante y serio, pero que le hacen muy atractivo. Demasiado.

–  ¿Estás bien? – Me pregunta con voz ronca y sensual mientras me suelta la cintura despacio para comprobar que me puedo mantener en pie.

–  Sí. – Contesto ruborizándome. ¡Qué vergüenza! – Gracias… y lo siento.

Me doy media vuelta para alejarme de él cuanto antes, pero me agarra con firmeza por la muñeca y, sin cambiar su semblante implacable, me coloca frente a él, acerca sus labios a un centímetro de mi oreja y me susurra al oído:

–  Deberías mirar lo que tienes a tu alrededor antes de ponerte a bailar con los ojos cerrados, no voy a estar siempre para sujetarte antes de que te caigas.

–  Lo tendré en cuenta la próxima vez. – Le respondo sonriendo y añado divertida antes de dar media vuelta y alejarme sin que pueda volver a cogerme: – Y tú deberías pensarte lo de trabajar de escolta, no se te da nada mal.

Salgo disparada hacia la barra de bar donde Gina está apoyada mientras me mira sonriendo maliciosamente, pensando lo que no es.

–  ¿Qué te estaba diciendo? ¿Ha ligado, señorita Milano? – Me pregunta burlonamente. – Venga, no hagas que tenga que someterte a un tercer grado, estoy demasiado borracha.

–  Me he tropezado y él, muy educadamente, me ha cogido al vuelo antes de que mi cara aterrizara en el suelo. Le he dado las gracias y ya está, ni siquiera me ha preguntado mi nombre ni se ha presentado. Está muy bueno, pero me hay algo en él que me intimida. Creo que son sus ojos, son de un profundo gris azulón que te hiela la sangre.

–  Creo que las dos hemos bebido demasiado. – Concluye Gina. – ¿Nos vamos a casa? Soy capaz de dormirme de pie aquí mismo.

Le dedico una sonrisa a Gina y salimos del Sweet más contentas que cuando entramos. Necesitábamos una noche de fiesta para desconectar de todo, llevábamos dos meses sin salir de verdad. Entre los exámenes, la graduación y la mudanza, no hemos tenido tiempo de celebrarlo todo saliendo de fiesta como Dios manda.

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

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