Y de repente tú 14.

Miércoles, 15 de agosto de 2012.

Oficialmente, mi cumpleaños.

Me despierto en la cama de Lucas, pero él no está a mi lado. Cierro los ojos y analizo los recuerdos de la noche anterior, una noche de pasión como nunca he vivido. Echo un vistazo bajo las sábanas y me ruborizo tras comprobar que estoy completamente desnuda. Estoy a punto de saltar de la cama cuando una de las puertas de la habitación se abre y aparece Lucas, totalmente desnudo a excepción de una pequeña toalla que le tapa de la cadera hasta las rodillas, recién salido de la ducha:

–  Felicidades, preciosa. – Me dice sonriendo al mismo tiempo que se acerca y me da un rápido beso en los labios. – ¿Has dormido bien?

–  Mejor que nunca. – Le contesto devolviéndole la sonrisa y añado bromeando: – A excepción de tus ronquidos, claro.

–  ¡Yo no ronco! – Me dice riendo, abalanzándose sobre mí, haciéndome cosquillas al mismo tiempo que trata de besar mis labios. Cuando lo consigue, cesa su ataque para dedicarse exclusivamente a ese beso, un beso cálido y sensual. – Será mejor que baje a preparar el desayuno o soy capaz de tenerte retenida en mi habitación todo el día.

–  Si me dejo retener, no es un secuestro, ¿verdad? – Le pregunto pícaramente.

–  No seas mala. – Me regaña frunciendo el ceño para después volver a besarme. – Te espero abajo, no tardes demasiado.

Una hora más tarde, bajo a desayunar. Lucas no dice nada, simplemente echa un vistazo al reloj de su muñeca izquierda y deja el periódico que está leyendo doblado sobre la mesa.

–  Estábamos a punto de subir a buscarte. – Me dice Gina abrazándome. – ¡Felicidades, Mel!

–  He tardado porque mi móvil no ha dejado de sonar. – Le contesto encogiéndome de hombros a modo de disculpa. – También han llamado tus padres, dicen que luego te llamarán y quieren saber qué fin de semana vamos a ir a Villasol. Por cierto, también ha llamado Gonzalo y me ha dado total libertad para salir a la calle, los de la mafia sureña han salido del país.

–  Oye, ahora que estamos todos, quiero preguntaros algo. – Empieza diciendo Giovanni, en su tono de suspense para llamar nuestra atención. – Me ha llamado Mía diciendo que este sábado nos invitaban a cenar a todos y que vosotros dos iríais juntos y también a la fiesta del final de verano. ¡Pero si tú no has ido a una de esas fiestas en tu vida!

–  Mel le prometió a mi hermana y después a mi madre que iríamos juntos y, a menos que Mel cambie de opinión, no puedo negarme. – Le contesta sonriendo.

–  Y, ¿desde cuándo conoces a Mía y a Leonor? – Me pregunta Giovanni sorprendido.

–  ¿De verdad vas a someterme a un tercer grado el día de mi cumpleaños? – Le chantajeo sentimentalmente, que siempre da resultado.

–  Te libras porque es tu cumpleaños, pero ya hablaremos, señorita Milano. – Me advierte Giovanni divertido pero hablando en serio, para después añadir alegremente: – Felicidades, pequeña. Ven aquí y dame un abrazo.

Le doy un abrazo a Giovanni y él me eleva dándome vueltas mientras me sujeta por la cintura, tal y como hace muy a menudo.

–  Estábamos pensando en ir al lago, ¿qué te parece? – Me pregunta Gina.

–  Me parece una idea genial. – Le respondo.

–  Adelantaos vosotros, Mel y yo en seguida vamos. – Sentencia Lucas.

Gina y Giovanni le obedecen de ante mano y se marchan al lago, dejándonos a Lucas y a mí a solas. En otro momento me hubiera encantado quedarme a solas con él, pero después de lo que pasó anoche y su mirada fría, en este instante preferiría estar en cualquier otra parte.

–  Me ha llamado Mía, quería que te felicitase de su parte  y también que le confirmemos si vamos a ir a la cena del sábado y a la fiesta del fin del verano. – Me dice acercándose a mí con cautela. – ¿Sigues queriendo ir?

–  ¿Quieres que vaya?

–  Sí, sobre todo si vienes conmigo. – Me dice sonriendo.

–  Entonces, puedes confirmar nuestra asistencia. – Le digo rodeando su cuello con mis manos al ver que su mirada de Iceman ha desaparecido y vuelven a brillarle los ojos. – Estás muy guapo esta mañana.

–  Será porque he pasado una magnífica noche. – Me contesta antes de besarme en los labios apasionadamente. – Será mejor que desayunes y nos vayamos al lago antes de que esos dos vuelvan a buscarnos.

–  Esos dos están demasiado ocupados con ellos mismos como para preocuparse por nosotros. – Le replico divertida.

–  ¿Qué está insinuando, señorita Milano? – Me pregunta con la voz ronca por el deseo.

–  Señor Mancini, es usted insaciable. – Le respondo fingiendo que me ofendo.

–  Solo cuando se trata de usted, señorita Milano.

En ese momento, Giovanni y Gina entran en la cabaña y nos encuentran en la cocina. Gina, tras echar un vistazo rápido y comprobar que estamos vestidos, nos dice:

–  Cambio de planes, el agua del lago está verde tirando a marrón y yo no me pienso meter ahí dentro, prefiero quedarme en la piscina.

Giovanni nos mira y se encoge de hombros para después salir con Gina al jardín y dirigirse a la piscina. Me aseguro de que están lo suficientemente lejos como para que no me escuchen y le digo a Lucas bromeando:

–  Lo siento señor Mancini, me temo que ahora no se va a poder saciar.

–  Me vas a matar si sigues torturándome. – Me susurra al oído colocándose detrás de mí, pegando su pecho contra mi espalda y su abultada entrepierna a mi trasero. Sus manos se mueven veloces bajo la falda de mi vestido y encuentran la costura de mi diminuto bikini. Como si de los dedos de un pianista se tratara, Lucas se hizo camino hasta tocar con su dedo mi húmeda hendidura. – Mmm. Veo que tú también eres insaciable, preciosa. Pero esto solo hace que me torture más.

De pie e inclinada sobre la encimera de la cocina, Lucas se coloca detrás de mí y me tortura hasta que le ruego que se apiade de mí y mi haga el amor. Por suerte, ni Gina ni Giovanni han aparecido por la cocina.

Pasamos el día en la piscina y asando carne en la barbacoa. Respondo a todas las llamadas de teléfono que recibo de amigos y familia felicitándome por mi cumpleaños, a pesar de que lo único que me apetece es dedicarle toda mi atención a Lucas.

Decidimos quedarnos en la cabaña del lago hasta el sábado por la tarde, que volveremos a casa para prepararnos para asistir a la cena en casa de los padres de Lucas. Lucas y Giovanni han acordado trabajar desde aquí, así que la mayor parte del tiempo están en el estudio liados con sus asuntos mientras Gina y yo disfrutamos tomando el sol o dándonos un baño en la piscina.

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