Vienes?

Vienes?

Las larvas recorrían sus venas, sentían en su interior algo distinto.  A ratos fríos y a ratos calor.  La piel cambió a escamas…

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Tumbados en el jardín bocarriba con los ojos cerrados, sentíamos en nuestros rostros la caricia del sol, en los dedos de los pies las briznas del césped que cosquilleaban entre nuestros dedos.

Una abeja se posó en nuestras narices rojas por el sol. Una hormiga campeo a su gusto por nuestros brazos.  El trino de los pájaros deleitaba el momento.

Ellas nos sostuvieron arraigadas a este mundo que desconocemos, o al que tal vez estamos ligados desde nuestro nacimiento, aunque no recordemos el momento.

Prendimos la llama y nada ocurrió. Sólo una luz que no combustió.

Nos levantamos una vez más y nos dirigimos hacia el lugar que nos fue indicado en nuestra mente, sin hablarnos.

No pensábamos  abandonar esta costumbre de relajarnos de aquella manera, nadie jamás lo sabría.

Entre los árboles del pantano con lianas atadas a nuestro cuerpo. No era uno de tantos sueños, ni tan siquiera un solo momento vivido.

Escuchamos deslizarse los peces bajo el fango, teníamos los ojos abiertos pero no veíamos al sol a través del agua turbulenta.

Notábamos como en nuestros pechos borboteaba tan rápido el agua,  que el aire no podía entrar en los pulmones de aquellas, nuestras almas.

Nos gustaba sentir y escuchar como se deslizaban los peces bajo el fango. Era como un siseo, acariciando lentamente nuestra piel.

Nuestros dedos jugueteaban con las raíces. mientras nuestra piel se cuarteaba.

Notábamos como el aire se colapsaba en los pulmones.

El agua inundaba también nuestra tráquea, los pulmones se anegaban, el sabor a fango en nuestros labios. Las náuseas.

Las arañas enredadas en nuestros cabellos, en nuestras entrañas las sentíamos, regocijándose.

Nuestro ser,  limpio, ya estaba,  preparado para el gran momento.

Los brazos entre las raíces, silencios.

Nuestros dedos continuaban jugueteando con las raíces mientras nos convertíamos en gotas de agua.

Nos habíamos convertido en una sola gota, dos almas gemelas aunadas, arraigadas a la Madre Tierra que nos honraba con dejarnos ser parte de ella, durante el transcurso de la noche.

Tu y yo, nosotros seres de luz que iniciaban su caminar.

Cuando pregunté,

Vienes?

 

No dudaste. Solo te diré. 

 

 

SOMOS UNO.

 

Maríjose.-

 

 

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