Se deslizan sobre mi piel los tibios rayos de sol que van cayendo lentamente consolando el hambre de primavera. Nació la fuente que sacia la sed y amortigua el hambre de vida que llueve con el nuevo día, se incorpora la serena melodía que orquesta la calma, todo parece desaparecer bajo el influjo de la magia de cada amanecer.

Dorados reflejos en la arena de mi playa se posan una y otra vez. Contemplo, como si de un espejismo se tratara, un oasis de perfección que se vislumbra en el próximo horizonte, la tarde acontece envuelta en brisa y calma, las sensaciones se agolpan al ritmo de las secuencias que van proyectando en el pavimento las horas sin tiempo, se pliega el atardecer a los últimos rayos de sol donde se pierde el contorno de las horas transcurridas.

El firmamento se prepara y da comienzo a la transformación anunciando la proximidad del delirio nocturno, majestuosas las nubes se evaporan y enmudecen acariciando el tono crepuscular que crece y da forma a las llamas rojas que se expanden para recreación óptica y éxtasis de contemplación.

Se cierra el ciclo fragmentando la somnolencia en delirios y fantasías, crece el impulso de elevar el cuerpo y navegar por la oscura noche en que las estrellas ofrecen su luz alimentando la ilusión de poder alcanzar y tocar con las manos la magia del Universo  en un  viaje de retorno al alma.

 

@Marina Collado