VELETA.

 

Señalaba la dirección del viento y ahora su chirrido indicaba un cambio; oxidada, seguía sin embargo como recuerdo de los tiempos en los que a la iglesia del pueblo acudía la gente.

 

Gente que se fue yendo hasta dejar allí solo papeles de periódico que el sol amarilleaba y el viento, al que la veleta servía, hacía que volaran en medio de  remolinos de polvo gris y fino.

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