Ve más allá

Ve más allá

Rozaba la medianoche, acababa de salir de trabajar como cada día, aunque hoy era más tarde, se había tenido que quedar a hacer balance, ¡Justo hoy! Que hacía una noche de perros, lloviznaba, esa agua fina que no moja pero cala hasta los huesos.

No se veía a nadie por la calle,

—¿A quién se iba a ver en una noche así? —se hablo así misma, más para darse ánimos que por otra cosa—  estamos a últimos de octubre, noche de todos los santos y un pueblo pequeño como este.

 

Las supersticiones eran algo normal en poblaciones como aquella, pero en el pueblo de “Ve más allá” —vaya nombre para un pueblo— quién sería el que lo puso. Era la ley de su subsistencia.

Al pasar por la plaza del pueblo justo al lado del bar del señor Paco entre las cajas y las bolsas de basura. Salio un gato corriendo y se le cruzo por delante. Aquello hizo a Linda pararse y algo en el interior de su mente le hizo ¡clic! y todas las alarmas se le encendieron, comenzó a temblar, paralizada como estaba, no podía más que mover los ojos de un lado a otro.

¿Todo por un gato? Sí, por un gato, un gato negro como el azabache, algo que parecía inverosímil en aquella población.

Una ley municipal tenia totalmente prohibido la cría de animales de este color, cuando una gata paría uno/a, sacrificaban toda la camada, para que los genes no se transmitieran y las madres eran esterilizadas, para evitar que volviera a parir crías de ese color. En todo “Ve más allá” solo había gatos blancos como la nácar, grises, marrones, atigrados, listados, pero negros, ninguno. ¡Hasta hoy!

Linda hizo un esfuerzo e intentar vencer su miedo y comenzó a andar de nuevo, despacio, mirando a todos los lados de la plaza. Ella decía no ser supersticiosa y veía aquello antinatura en aquellos tiempos que corrían, pero una cosa es lo que se decía y otra muy distinta lo que su mente decidía y hoy había decidido serlo.

Dejo atrás la plaza y cogió la calle de la derecha que la llevaba al parque, tenia que cruzar este para llegar cuanto antes a su casa, o bien dar un rodeo bordeándolo, lo que le haría perder unos quince o veinte minutos. Así que opto por la vía más rápida y se interno en el sendero que cruzaba justo en medio del parque. Los árboles movían ligeramente sus ramas con la brisa de la noche, y en la umbría que creaban sus ramas se notaba más frío que en el exterior. Linda se abrocho el abrigo hasta el cuello y metió las manos en los bolsillos. Continuo su camino intentando apresurar el paso, pero no podía dejar de mirar a su alrededor como quien busca algo, y a cada sonido que oía, se quedaba parada intentando averiguar su procedencia.

Casi había llegado a la fuente que corona el centro del aquel inmenso espacio verde, donde confluyen los cuatro caminos que lo atraviesan. Al llegar a escasos cincuenta metros de la fuente vio un resplandor, ¿Habría alguien allí a esas horas? Se pregunto. Miró hacía atrás como preguntándose si no sería mejor volver y rodear el parque, aunque le llevara más tiempo, pero al mirar y ver la negrura que cerraba el camino se sintió peor aún, era como si alguien hubiera ido echando un velo completamente negro a su paso, no se veía más allá de cinco metros.

Se encontraba en un estado de nervios, que si crujía una hoja, se encaramaría en el primer árbol de un solo salto. Dio unos pasos hacia el resplandor que llegaba cada vez con más nitidez. Al alcanzar el final de los árboles y ver el claro que hacía el centro del parque con la fuente vio a varías personas con túnicas totalmente negras, con capuchas, pero lo que realmente la dejo helada literalmente, eran sus caras, totalmente blancas, brillaban a la luz de las antorchas que portaban en las manos, como el suelo de un museo recién pulido.

Al principio pensó que eran mascaras y que algunos jóvenes del pueblo estaban haciendo alguna de las suyas, para celebrar la noche de Halloween, pero se dio cuenta que no era así. Que no eran mascaras, sino la palidez de sus rostros, blancos y fríos como el mármol.

Miraba hacía todos lados intentando buscar un lugar por el que pasar sin tener que cruzar por delante de aquél grupo tan extraño. Cuando por el rabillo del ojo vio que algo se movía a su derecha, giro la cabeza y vio al gato negro que se dirigía derecho al centro de aquellas personas. Dio unos pasos más escorándose hacía la izquierda por donde parecía que podría cruzar sin tener que acercarse demasiado al grupo, que seguía como en trance, moviendo el cuerpo al ritmo de un salmo o rezo que estaban recitando todos a la vez.

 

Linda logro oír parte de lo que salmodiaban

 

Noches de luna llena.

Noches oscuras.

Noches de brujas y magos.

Ven a nosotros, acércate.

Deja de luchar, te vamos a coger.

Déjate llevar, él te esta esperando.

Viene a buscarte ya….

 

Mientras se alejaba de aquel grupo de locos, alcanzo el sendero que llevaba al norte, y se quedo dudosa en coger este camino y perderse de una vez por todas en su interior, salir de aquel parque cuanto antes, pero cuando fue a entrar en él, el gato negro — ¿Era el mismo, o sería otro? No estaba para acertijos ahora— Se encrespo, erizándosele todos los pelos del lomo y bufando de tal forma que Linda sintió pánico, reculo hacía el centro del parque viéndose rodeada por aquellos seres de rostro marmóreo con su cántico hipnótico.

Cerraron el circulo a su alrededor, mientras Linda presa del terror, se quedaba inerte en un estado de shock. Continuando con el cántico que ahora llegaba claramente a los oídos de la chica.

 

… Él será tu salvador.

Él será tu nuevo dios.

A él te abrirás, un hijo le darás.

Da un paso más hacía él.

Ve más allá.

Ve más allá.

 

De repente sintió unos golpes sordos. Toc, toc. Como si alguien golpeara en un cristal. Linda abrió los ojos aturdida. Se encontraba en la tienda, sentada en el taburete que tenía detrás del mostrador, parecía que se había quedado dormida mientras terminaba de realizar el balance del día anterior. Su cabeza parecía que le iba a estallar del dolor que tenía. Miro hacía la cristalera y vio a su compañera haciéndole gestos para que la abriera la puerta.

Aturdida como estaba, recordó lo que había sucedido la noche anterior, no sabía como había llegado de nuevo a la tienda. Pero era todo tan vivido, que dudo que fuera un sueño o más bien una pesadilla.

Es su cabeza aún resonaban aquellas tres palabras que daban nombre a su pueblo.

 

Ve más allá.

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