Vana promesa

La promesa era que llegabas con el otoño
Con tus hojas doradas y tus canas plateadas.
Con ese calor de vida que aún no se torna en aire frío.
Con la piel casi joven, casi madura, siempre abierta a la mía.
Con ilusiones aún aferradas a las ramas, para vivirlas en par antes del hielo invernal.
La promesa fue que serías mío siendo otoño en ti mismo.
Que mi otoño y tu otoño en bellas hojas juntos haríamos.
Y sólo me llegan los vientos casi tornados en cierzo.
Helando mi pensamiento.
Cambiando hojas doradas por ramas sin sentimiento.
Que pronto llegó el invierno y la promesa nunca llegó.
Aquí me encuentro, una vez más sentada en una fía banca
en un parque que tal vez ni siquiera exista
En espera de esa promesa
que hasta hoy
Nunca llegó

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