TOD@S TENEMOS ALGO QUE CONTAR

Va por ti, Prometeo

Que los sacrificios de Prometeo no caigan en saco roto. ¿Por qué tendemos a ser crueles e infelices? ¿Por qué todo lo que toca el ser humano tiende a la destrucción de su propio entorno?  El hombre descubrió el fuego y separó su destino de la vida solar, la que rige a la mayoría de seres que habitan la Tierra. Y cientos de años después seguimos devorando todo lo que nos rodea en nombre del progreso. Si durante algunas décadas el sueño de una sociedad igualitaria fue creíble, la globalización destrozó la utopía. Cada vez más ricos que son más ricos y más pobres que son más pobres. Hubo un tiempo en el cual, incluso los dioses, creyeron que el Hombre se merecía el derecho a decidir sobre su destino, pero ese tiempo se volvió mitología, se convirtió en una patética burla filosófica sobre la pobreza mental de una especie tan destructiva como las termitas. Ese es el legado de los dioses.  Los  grandes mitos de la Humanidad no sólo representan una visión interiorista del carácter psicológico del ser humano, sino que marca una realidad escondida del alma humana. Si uno se acerca demasiado al comportamiento social, se da cuenta de que los dioses hicieron lo correcto al encadenar a Prometo a una roca en la lejanía del piélago para que las arpías le sacaran los ojos y las vísceras por haber creído que el “Hombre” podía ser feliz dirigiendo su propio destino. Y volver a empezar cada día con la misma tortura. Porque no fue así. Porque en nuestras entrañas se esconden los más oscuros pensamientos sobre nosotros mismos, que aún no hemos descubierto. Va por ti, Prometeo.

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