Una historia cualquiera.- capitulo V

…Hablaron, claro, de vender la casa e internarnos en una residencia donde viviríamos de lujo y estaríamos atendidos en todo momento, sin faltarnos nada.

Ilusos ellos, perder tu intimidad es poco, convivir con personas desconocidas, con las que por imposición debes charlar, jugar a las cartas, hacer gimnasia.

Nosotros teníamos un dulce y acogedor hogar, íbamos a la enfermera cada semana para revisar esas pequeños achaques que cuando la edad avanza la vida prende en el cuerpo de uno.

Y una muchacha que nosotros pagábamos con nuestra pensión venía a limpiar la casa una vez a la semana.

Estábamos bien, jugábamos nuestras partidas, escondíamos ciertas cosas en cualquier rincón de la casa y uno de nosotros debía encontrarlo, sin tiempo, si bueno, el día entero, ahora  creo que lo llaman jymkana.

Recordábamos adivinanzas o las hacíamos con cosas que teníamos a nuestra vera. Recitábamos los nombres de nuestros hijos y de esos supuestos nietos a los que solo vimos en alguna remota ocasión.

Nos reíamos de la vida, si tal cual, realmente de la sociedad que impulsa al consumismo, al estrés, a la vida prendida de un reloj que a pasos agigantados el minutero gira para que tu tiempo ajustes realizando el mayor numero de actividades.

De etiquetar todo y a todos.

Nosotros vivíamos a nuestro paso y antojo, caprichoso destino a veces te coarta, pero juntos remontamos algunos malos momentos y juntos continuamos caminando.

Somos el anverso y reverso de una moneda, tan necesario, cierto como la vida misma, aunque resulte chocante, cada día cambiante.

Y mi mente no dejaba de enredar y recordar cada momento, insistiendo en los más tristes, me entristecía pensando en que me quedaría aquí mientras tú marchabas, doloroso pensamiento.

Decidí no hacerla caso y permanecer callada en silencio junto a ti, mi vida, escuchando nuestra respiración acompasada con el latido, esperando el momento de la marcha, que desde el alba era sentencia firme de aquel o aquello que decida y gobierne nuestra vida, nuestro ser.

Nuestros cuerpos, dejando la mente acallada, hicieron aquello que deseaban como último momento de existencia.

Cuando tus brazos mi cuerpo acercan al tuyo y el deseo de ambos se apaga, despacio, efímero momento en que se ralentiza el tiempo, mi cabeza se recoge en tu regazo, cerrando al unísono los ojos.

Ya son nuestras almas a las que una luz llama, un paseo tranquilo durante el cual aquella cinta reproduce en sepia todo aquello que juntos vivimos, imágenes dispersas, todas ellas prendidas en aquella música que tanto nos gustaba escuchar.

Son susurros los murmullos al viento cuando nuestros pasos suaves, ligeros, casi bailando, nos encaminan hacia ese Ítaca esperado,  con una sonrisa prendida en el rostro

¡Que tramposo fuiste ayer, querido!  Pintaban caballos no reyes.

Me besas con tu picarona sonrisa y retomamos el camino, donde ya no prenden nuestras huellas.

Ahí quedan nuestros cuerpos, somos luz, como queríamos, solo una.

Mañana nos espera otro hoy, tal vez en otro cuerpo, quizás en el cielo, tal vez sea un caminar eterno donde perfeccionar nuestra alma. Lo único cierto es que una hermosa luz nos guía.

Las sombras por fin se fueron y en el silencio se deslizan nuestras almas.

Marijose.-

3 comentarios en “Una historia cualquiera.- capitulo V

  1. Gracias,cielo. No es cierto.
    Una mañana temprano estaba en un bosquecillo sentada, descansando de paseo, cuando una pareja de ancianos se sentó en el primer banco de la plazoleta, yo les observé. Hablaban poco, jugaban a las cartas, se miraban con ternura.
    Aquella pareja es mi historia.

    Ojalá fueran siempre así nuestra vejez.

    Besos mil!!!

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