Una historia cualquiera.- capitulo IV

Desde aquel momento fuimos sombra de luz donde nuestros besos se escondían entre los soportales de las casas

Solo una cosa, no se si hicimos bien, venir a vivir a Madrid, esta ciudad…

Y en el transcurrir del tiempo nos acomodamos, dejando que las obligaciones volaran para disponer del nuestro más temprano.

Entre esos adoquines, en los que los tacones se enganchan y las semillas prenden. Rosas y flor de almendros hemos visto crecer en los aledaños de las paredes de las casas, en los de los arboles cortados para evitar molestias en las terrazas de los vecinos, cuando es olor y sombra lo que proporcionan y un poco menos de contaminación.

No me puedo quejar, nunca nos falto el trabajo ni tampoco los dineros, aquellos viajes en que deleitábamos nuestros sentidos.

No nos movíamos en el verano cuando todos cogen sus días de asueto, nos gustaba el principio de invierno y la primavera y por supuesto el otoño.

Nunca fueron viajes triviales, ni donde el cumulo de personas arrasara el lugar.

Nos gustaba descubrir sus mundos y costumbres, la historia y sus vidas, aquellos lugares ocultos a la mirada de otros, nuestra mente inquieta, absorbiéndolo todo, sin criticas, solo observando y aprendiendo, caminando con el corazón en la mano y los sentidos dispuestos para el deleite.

El fiordo de los sueños en Noruega, Egipto, Perú, Samarcanda, Andorra, Himalaya y por supuesto esa España nuestra donde habitábamos.

En todas encontramos y disfrutamos de especiales momentos, sembraron caricia en nuestra alma personas que aún hoy día a pesar del tiempo transcurrido y la distancia acompañan nuestros sueños.

Nuestra pupila captaba efímeros momentos que con nuestra cámara se convertían en vida eterna.

Por suerte agradezco al supremo creador que nos permitió vivir recordando cada segundo de nuestra gozosa vida.

Y en este ahora disfrutamos de la mutua compañía, siendo nosotros, sin olvidar la humildad, dejando la necedad a un lado, invitando a todo aquel que lo desea a nuestra vera camine, despacio pero sin pausa.

Y en este trascurrir de la vida, ese hoy que vivimos,  el rocío de la mañana en las rosas prenden la vida mientras tu y yo somos uno, en cada paseo tempranero, disfrutando del silente caminar del ciudadano que aún anda preparándose para esa jornada de trabajo, llevando consigo el ruido, claro ellos no entienden otra forma de vida.

Cada día comíamos menos, así que podíamos a diario nosotros mismos realizar la compra. Nos manejábamos activos así que cada día preparaba uno la comida.

El planchar era otra historia, pero ya nadie se fija en unos ancianos que a su vera pasan y la ropa que usábamos normalmente ligera en verano que el abrigo tapaba en invierno, solucionaba el problema, si es que a alguien le diera por charlotear de nosotros, algo que por supuesto, a estas alturas nos era indiferente.

Para limpiar el baño, lo imprescindible, tirábamos una moneda al aire, yo sé que casi siempre hacías trampa, pues era mucha casualidad que el día que yo me levantaba más cansado, siempre te tocará a ti, amor mío.

Nos duchábamos juntos, si nos pasaba algo, sería a los dos, así lo deseábamos, compramos en una de esas tiendas que tienen de todo para los ancianos e impedidos, dos bancos que se quedaban fijos uno frente a otro, antes claro debimos ya hace unos años dejar la bañera aparte y poner una enorme ducha que ambos podíamos compartir sin problemas.

Nuestros hijos, como algo usual en estos tiempos, hace años que dejaron de venir, la vida ocupada en que la sociedad te envuelve y en donde solo somos un estorbo.

Marijose.-

Mi pasión las letras “siente la música de la vida, aún en el desierto,cuando el viento te envuelve, suave, cálidamente”
Marijose, ¿Cuantos años escribiendo? No lo se, siempre.
Antologías muchas, a duo varios, 15 libros y uno solidario.
Ahora con un poco de calma y quietud en mi vida, Junco y Gacela es mi bitacora.
En la web Internacional de escritores independientes del Poder de las Letras., por supuesto también escribo.

En Prensaldia digital, Malagaldia digital, Globatium hispanolatino, Globatium España.

Y cuando la musa así lo desea, en algún lugar al que no haya sido privada de ello

Nací para ser escritora, lo soy y lo seré. Nadie a a poder impedírmelo, ni tan siquiera la salud, tendré que acompasarlo a ella y establecer unos límites.
“Mírame a los ojos y que te quede muy claro que no voy a dejar de escribir y no pienso marcharme nunca de donde yo no lo decida, espero quede claro”

2 comentarios en “Una historia cualquiera.- capitulo IV

  1. El domingo próximo el último capitulo que cuando yo releí toda la historia junta, me hizo llorar por la ternura y el amor que se reflejo en ella.
    Muchísimas gracias Gocho.Besos muchísimos.

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