Una historia cualquiera.-Capitulo II

Una historia cualquieraBarajaron sus cartas, guardaron las mejores, cambiando las tornas, a ratos, pues se duermen los brazos e incluso a veces las piernas; curiosean los cuervos y las urracas, esperan la ocasión para robar tus ojos, no saben ellos que el causante de ese brillo jamás lo permitiría.

Te acaricio cada día, vierto mi ser en ti, deslizo mis dedos suavemente a cada instante.

Te miro con delicadeza, con enfado y con orgullo, depende de cada momento del día, a nuestra edad, el carácter se hace cambiante y se agria un poquito, pero mi rostro  siempre se dibuja en tu mirada

Aliviamos el deseo en cada uno de los pliegues de nuestro cuerpo. Paladeamos nuestro néctar, sabiéndote-me a tu vera, en nuestro caminar cada tropiezo nos obliga a desandar camino, no importa, la prisa no es dueña de nuestro tiempo y podemos decidir en que cruce desviarnos.

El viento mimetiza a la alondra mientras a tu oído susurra “ven”, es solo un pensamiento mío que a estas alturas soy capaz de canalizar con esa naturaleza que nos rodea.

En el atardecer de nuestra vida ya fuimos coherentes y lastramos todo aquel equipaje innecesario para nuestro último viaje, el más largo de todos, tal vez, el más hermoso, donde nada de lo ya vivido tendrá ningún sentido, solo lo que nuestro ser haya aprendido, creciendo en su entidad.

La ruptura con todo aquello que nos rodea fortaleciendo nuestra esencia.

En mis pensamientos quedan retazos de aquellos paisajes que compartimos, entre verdes, lilas, rojos y amarillos, en altas cumbres donde el rugido del oso producía en nuestro cuerpo risas desbocadas, ilusión de verle más que miedo, ansiando el encuentro con tan hermoso ser de la tierra.

Entre las dunas evitando escorpiones y esas culebras que bajo la ardiente arena esconden sus vidas a nuestros ojos.

Difuminarse los colores cuando la noche domeña al día y al caminar rumbo al horizonte, el cielo y el mar parecen fundirse.

Ahora solo este mini bosque es nuestro templo de silencio, vida y universo que nos llena de armonía.

La ciudad, bosque de cemento, refugiados en colmenas donde apenas la luz se refleja a través de esos pequeños ventanales.

El mirón o la vecina curiosa que entre los barrotes de la ventana observa las huellas de tus pasos.  El parquet flotante de tu casa que resuena en la casa vecina cuando marchas de una habitación a otra.

Fantasmas, pasos rápidos que dejan vacío en la calle, sin reflejos en los cristales de los escaparates de las tiendas.

No ven siquiera a los niños que a su vera pasan. Solo ruidos es lo que queda, incluso en las noches, ruidos fantasmas los llaman, esos que nos acompañan siempre, una respiración, un gemido, las tuberías, el parquet que cruje, la nevera que se desconecta al alcanzar la temperatura perfecta.

El tic tac del reloj que en la estantería se encuentra, bajo los pergaminos que trajimos de aquel viaje increíble a ese país divino, donde las maravillas de aquellos tiempos te embrujan, un sueño embriagador

El ir y venir del péndulo; a veces me levanto y lo quito, dejándolo allí junto a la pequeña estatua de Anubis, rey egipcio  de la muerte que lleva ahí ya tantos años.

Menos mal que nos tenemos el uno al otro, que vivimos plenamente sin interferencias.

Hoy pareces otro, andas molesto, malhumorado, se que no es por mi, pero enmudeces.

El silencio tuyo me duele, por que queda tu dolor en la garganta y el murmullo en tus adentros.

Supuran mis entrañas en muselinas servidas. Se que nuestros momentos se acortan, después de lo vivido, ella te reclama.

Bajo la luz tenue de las farolas, en las noches, la veo envuelta entre las sombras, esperando.

Marijose.-

2 comentarios en “Una historia cualquiera.-Capitulo II

  1. Me haces grande con tus palabras, pero ya sabes que somos aprendices y cada día un poco mejor, en busca de esa excelencia que aun tardaremos mucho en encontrar. Tus letras mi niña son geniales, así que sabes, ^¡Adelante!

Deja tu comentario, así nos haces grande

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