Una Cita Con Gocho Versolari [RCAG] Roberto Álvarez Galloso

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26 de may. de 2018
Hoy me encuentro con el gran poeta argentino Gocho Versolari en otra serie de nuestras citas con los blogueros de WordPress. He aqui los resultados de la bella tertulia
Quien es Gocho Versolari y como fueron sus inicios como poeta?
Gocho Versolari es el heterónimo de Ricardo Iribarren. Este último es el nombre que figura en mi pasaporte y en la documentación que acredita mi identidad “oficial”. Cuando digo heterónimo me refiero al sentido que le diera a la palabra Fernando Pessoa: un ser imaginario, pero con vida propia, que desarrolla una creatividad singular. En cuanto al nombre, Gocho, es así como se denomina a los naturales de los Andes venezolanos; parte de mi vida transcurrió en Mérida, Venezuela, donde permanecí siete años, y me identifiqué con la nobleza de los habitantes. Versolari es “poeta” en euskera, y hace referencia a la fuente de toda poesía, es decir la expresión y la trasmisión orales. En cuanto a mis inicios, escribo desde los diez años. Ya adolescente, en la ciudad de Mar del Plata, participé en sociedades de escritores y gané algunos concursos locales, pero lo más destacado fue el inicio de mi poesía, orientada por Carmelo Bonet, un profesor autor de numerosos libros de “preceptiva literaria” como llamaba a la disciplina. En uno de sus volúmenes, aconsejaba al poeta incipiente la tarea de “cazar imágenes”. Armado de libreta y lápiz, recorrería las calles de su ciudad, y con nociones básicas de las figuras retóricas, expresaría poéticamente aquello que impresionara sus sentidos. Amaneceres y atardeceres de aquella lejana Mar del Plata; personajes y escenas urbanas; el mar y todos los matices; aquellos cielos con menos contaminación que hoy, fueron traspuestos en imágenes a través de los ojos del Gocho Versolari adolescente
Como fueron los inicios del blog Gocho Versolari ,Obra Poetica?
Mi Blog más antiguo, que lleva por título Gocho Versolari, Obra poética, fue creado en un principio como recurso para evitar las consecuencias de una tendencia que en términos de la Medicina Tradicional China fuera definida como “Yang disperso y Ying débil”. Paso a explicar: todo en mi vida, y especialmente la poesía, suelo abordarlo con una pasión muy intensa, que enseguida pierde fuerza y es reemplazada por otro centro de interés. La consecuencia es que, en el curso de los años, especialmente en mi juventud y adolescencia, perdí gran cantidad de poemas. A fines de los ochenta, con el advenimiento de Internet primero y la popularización del formato del Blog después, encontré la solución al problema: todo poema que escribo va a parar a ese depósito tenue; a esa lectura sin soporte, donde permanece inmutable a despecho de todos los cambios. De este modo pude conjurar la fuerza de mis vendavales interiores que sumían en el olvido y en la pérdida endémica las cuartillas de versos en papel. De este modo, con el paso de los años, el blog se transformó en un enorme reservorio, irregular, polifónico; un extraño monstruo del cual nunca puedo llegar a percibir el contorno completo. Como corolario de un artículo escrito recientemente y titulado Los libros como murallas, puedo afirmar que este blog es lo opuesto a un libro. No está presentado entre dos cubiertas, no tiene un principio y un fin; no tiene un índice, de modo que el lector interesado debe encararlo como una tarea de exploración. Yo mismo cuando busco algo, debo recurrir a la barra de búsqueda. Entonces lo abordo por temas, por títulos, hasta que me muestra las entrañas de las miles de entradas. Otras veces tomo poemas de diez o veinte años atrás, los corto los vuelvo a armar; compongo una nueva versión y siento la alegría de transferir a las letras el inicial carácter caótico y bullente, que me permite modelarla y convertirme otra vez en alfarero de los versos.
Cual es su inspiración en escribir poesía?
La pregunta acerca de la inspiración es interesante, ya que encierra una cosmovisión de carácter mítico. Las musas eran diosas que en la antigua Grecia se enamoraban del poeta y originaban en él sucesivos trances de los cuales surgía la poesía. Nuestra civilización excluyentemente pragmática y utilitarista, impide que podamos apreciar y vivir la belleza del mundo. La metáfora, la imagen el tropo poético es una forma de expresión de una visión mítica del cual el poeta es un representante tardío. El mundo no un lugar donde el hombre, de modo excluyente, debe modificar la naturaleza para satisfacer sus necesidades, sino un sitio donde todos los seres – inanimados o no – participan de la vida, y son protagonistas potenciales de las letras del vate. Cuando el bardo entra en la adolescencia, y en su cuerpo se producen las alteraciones que lo conducirán a la vía de las letras; cuando esos dioses presentes en su entorno irrumpen en su ser y lo llevan a escribir, una nueva forma de ver el mundo intenta tomar la conciencia. De seguir la sugerencia de un entorno hostil a los versos y a la lírica, el poeta puede abandonar esta visión, que quedará en su vida como un brillante recuerdo. De persistir en este camino, con el paso del tiempo no será necesaria la inspiración. Escribir versos será una tarea natural como respirar o comer. La visión y todos los sentidos se habrán conectado con esas capas del mundo que trasponen la realidad y la modifican para expresarla en poesía. Entonces al vate le bastará sentarse frente al ordenador para componer un poema; luego otro y otro, de modo que cuando llegue el final del día habrá elaborado un pequeño volumen.
4. Cual es la diferencia que ves entre la literatura en Argentina y los EEUU en este Siglo? En especial la poesia?
Esta pregunta es sumamente amplia, y responderla cabalmente y en todos sus aspectos, requeriría de un pequeño libro. Procuraré la síntesis, a riesgo de simplificar demasiado una realidad con importantes matices. Estados Unidos tiene el problema de una creciente obsesión por la eficacia; por lo útil y aséptico. Como hipertrofia secularizada de la ética protestante, todo aquello que no entra en el complicado engranaje de la sociedad utilitarista, es arrojado a la periferia. De este modo, en los siglos XX y lo que va del XXI, la sociedad estadounidense no “produce artistas o escritores” a través de las estructuras escolásticas. El resultado es que quienes llegan a sobresalir, lo hacen en un constante batallar con esta sociedad formal y excesivamente ascética. Los ejemplos son muchos y citaré entre otros a John Cheever, Philip K. Dick y en especial Charles Bukowski. En cuanto al arte, mencionaré a Jason Pollock. Todos ellos vinculados al alcoholismo, al consumo de drogas, al límite con la psicosis o como en el caso de Cheever, a una hostilidad de la sociedad formal. Las escuelas en tanto forman administradores de arte, pero ese grado de inconformismo, de cuestionamiento social que requiere un artista es criticado y combatido por los valores imperantes. “La naranja mecánica”, novela de Anthony Burgess, es una metáfora de este proceso. No es posible que en estos días surja un nuevo Walt Whitman con su afirmación: “La prueba de un poeta es que su país lo absorba sentimentalmente de la misma forma que él absorbió a su país”, ya que hasta el siglo XIX, la locura poética podía ser en cierto grado metabolizada por la sociedad sin necesidad de castrarla.
En mi experiencia en Saint Louis, donde resido hace seis años, he traducido al inglés algunos de mis poemas y participado en varios cenáculos literarios. No encontré en ellos el grado de informalidad, de pasión, de creatividad sin cortapisas propio de los países de Latinoamérica que recorriera. Es de destacar que la creatividad autóctona se desarrolla en el ámbito informal que he mencionado. En otro aspecto, los latinos en Estados Unidos, aportan un aire nuevo, desafiante, que lentamente va forjando otra forma de concebir la literatura.
En cuanto a la literatura argentina, luego de mi adolescencia estuve apartado de cenáculos y sociedades de escritores, como un modo de preservar la soledad: condición creativa por excelencia. La excepción fue el período comprendido entre 2009 al 2012, en el que residí en Buenos Aires y asistí a algunas de las múltiples reuniones que se celebran en la capital de Argentina. He podido constatar que, desde la aparición de figuras como Borges, Cortázar o Sábato, no hay condiciones en la Argentina de hoy para que surjan sus equivalente. Cierta epicidad y sentido de misión, se han perdido a través de las generaciones. De algún modo, las sucesivas crisis económicas, han recreado la contradicción que mencionara al referirme a la sociedad estadounidense. En el país del sur, los términos son la búsqueda de la estabilidad en un medio donde cada vez es más difícil obtener la subsistencia y el emerger del artista. A nivel universitario se privilegian las carreras competitivas como Derecho y Medicina, y si bien quienes escriben al entrar en la adolescencia son cada vez más numerosos, resulta difícil encontrar un puesto en la sociedad que permita el desarrollo del arte.
Entre las voces destacadas en poesía, citaré tres: Cristina Villanueva, Gabriela Bruch y Anamaría Mayol. Volveré sobre las mismas en futuros artículos. Destaco que Cristina Villanueva es anfitriona de artistas y poetas en su casa conocida en Buenos Aires como “El jardín de Uriarte”. Allí reúne con cierta periodicidad a escritores y plásticos que exponen sus obras. Igual que a principios del siglo XX, ciertos lugares físicos como los cafés, principalmente el Tortoni, eran aglutinantes de los escritores que se reunían en ellos. A su vez, Cristina Villanueva, excelente poeta y escritora, cumple el papel de una nueva Victoria Ocampo, la que a principios del siglo XX apadrinara artísticamente a figuras como Borges o Murena.
Cual es su mensaje para el mundo?
En otro blog llamado Guía de viajes y retornos, trato de volcar a través de sucesivos y polémicos artículos, lo que resulta de mi cosmovisión: la imagen del mundo; la weltanschauung como dirían los alemanes. En cuanto a un “mensaje para el mundo”, creo que dada la polifonía de las expresiones que se vierten en la actualidad, tendría más sentido dar un mensaje a los poetas. Los mismos, lo sepan o no, lo admitan o no, son los herederos de un enfoque mítico; los responsables de percibir y exponer el corazón de la realidad a través de sus múltiples voces. Oscuramente y con mayor o menor claridad, todos somos conscientes de que el mundo debe cambiar. Intuimos con un alto grado de certeza que aquellas ramas de la sociedad que debieran producir ese cambio – la religión o la política – son incapaces de realizarlo. Hace ya tiempo que renunciaron a obtener la felicidad del ser humano. Esta misión le corresponde hoy a los poetas y a los artistas. Como dice el Tao Te King: Lo blando vence a lo duro / Lo débil vence a lo fuerte. De este modo, la parte consciente del mundo, aquella capaz de recibir cualquier mensaje, son los poetas: aquellos que persisten en escribir, en generar belleza dentro de un entorno cuyos valores son los opuestos.
Al respecto, señalaré dos puntos en relación con quienes se lanzan a escribir:
El primero de ellos es la búsqueda de originalidad y resalto esta palabra, ya que por lo general es considerada como sinónimo de novedoso. El significado auténtico es “la vuelta al origen”, es decir un constante retrotraerse a lo que fuera el inicio de cualquier proceso. Suele ocurrir que el impulso inicial que nos lleva a escribir poesía se vea interrumpido por la búsqueda de lo que se conoce como tópicos o lugares comunes: aquellas expresiones que en su momento fueran ingeniosas, pero que al repetirse van formando una muralla que impide el acceso a nuevas formas de expresión. Las publicaciones en las redes sociales hacen que en muchos casos el nuevo poeta procure el aplauso fácil y por eso apela a esos recursos que sabe producirán en el lector la reacción inmediata frente a la emoción asociada a esa expresión. De este modo, suele formarse una literatura con un lenguaje absolutamente previsible, celebrada por aquellos que no quieren profundizar. Una voz poderosa es la que lidera todo inicio literario. Lo importante es ser consecuente con la misma, aunque haya que pagar el precio de una temporaria soledad por el rechazo de los lectores a los nuevos modos de expresión. Nuevos modos que no son otra cosa que la versión original de nuestro impulso; la voz propia con que nuestro ser expresa el mundo.

El segundo punto es un consejo que Borges repetía y que a su vez recibiera en los primeros años de su formación. Se le dijo: No te apresures en publicar. Y en efecto, no fue hasta muchos años después que salió su primer libro, “Fervor de Buenos Aires”. Si bien las redes sociales permiten una difusión fácil e inmediata de nuestra obra, es de notar que a la misma le falta el prolongado período de maduración silenciosa y oscura. El cuento “La Cenicienta” es de origen oriental, y en sus primeras versiones hacía referencia a un concepto muy antiguo que fuera tomado por el budismo. Se trata de la expresión japonesa Intaku que significa “trabajar en las sombras”, por la cual aquello que se realiza fuera de la vista de los demás, sin que implique la obtención de un reconocimiento inmediato, es la única garantía de la obtención de una obra luminosa y duradera. Es la receta para construir no un “best seller” sino un clásico: una obra permanente capaz de influir sobre los hombres y a través de ellos en el mundo.
Para terminar y en relación con lo anterior, transcribiré mi breve poema “Versos que nadie leerá”:

Amo esos versos que nadie leerá.
Amo las palabras silenciosas
que nacen para disolverse
con los escarabajos fantasmas de las lluvias,
con los lejanos aleteos de las grullas
y la saliva del sol
pasado
pasado

GOCHO VERSOLARI

2 comentarios en “Una Cita Con Gocho Versolari [RCAG] Roberto Álvarez Galloso”

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