Un Viaje Inesperado

Lo  encontré una tarde gris, recuerdo el frío traspasar mi piel, llovia igual que hoy, igual que ayer. Los ojos se me cerraban al caminar, la boina y el gabán calados gracias al aguacero y al olvido del paraguas. El viento frío como el hielo, impune e irreverente, me hacía caminar inclinado, invitaba a un encierro parcial en un hogar aclimatado de leña y fuego.

Pasamos al albergue de La Poza del Neón, un refugio caluroso en la angosta montaña donde los sin recursos podíamos comer, dormir y resguardarnos de las noches invernales de las viejas aldeas olvidadas de la  sierra madrileña.

Una única habitación gigantesca hacía las veces de salón y comedor, donde una chimenea antigua como las horas regurgitaba los troncos dando confort a los peregrinos.

El ama del lugar nos avió rápido en las viandas para que así pudiéramos descansar.

Yo mientras sorbía mi cuenco de sopa hirviente observaba el angosto lugar. Parecía más viejo que el mismísimo tiempo. De repente un sudor frío me subió por la espalda y  una fuerza brutal  le imponía un camino a mi mirada.  Y a mi alma.
Y allí, allí estaba observándome, llamándome a ciegas, sin una sola palabra. Encima del chisporroteante y acogedor fuego, en una repisa cubierta de un polvo amarillento, deslumbraba con letras de rojo carmesí, brillantes como ascuas, un único tomo que parecía antiguo como el tiempo y me llamaba, me atraía cual imán.
No pude resistirme a la tentación y en un descuido lo alojé en el interior de mi mochila sin saber muy bien por qué.
Esperando acabar la cena para subir a mi alojamiento y enfrascarme en la lectura de ese libro inadvertido del tiempo que me aclamaba, me llamaba, me ordenaba que lo rescatara de su eterno descanso.

Se acabó la hora de cenar y los amos del cobertizo, del refugio que nos libra de las noches lúgubres, se disponían a darnos nuestro termo diario de café caliente y a cerrar el salón por esta noche.

Se nos allegaba el silencio, la tropa de desahuciados se disponía a dormitar otra noche más.

Yo volví al calor de las ascuas del salón cuando todo se calló. Dispuesto a leer ese libro que me habia embrujado.
Me acurruquè cerquita del hogar, saqué el desvencijado ejemplar y me dispuse a leer el título.
No me había dado cuenta todavía que no sabia el título de la obra. Increíble que ese libro embrujado me hiciera codiciarlo sin aun saber su nombre.

Miré expectante la sobrecubierta empolvada…”El Señor de los Anillos”

Dios! Pensé, en estos tiempos de miseria y hambruna, un señor de oro, qué bueno!

 Abrí la cubierta y leí:

“Un anillo para gobernarlos a todos,
Un anillo para encontrarlos,
Un anillo para unirlos a todos
Y atarlos en las tinieblas”

Joder qué fuerte, me dije. Y me dispuse, vela en ristre a deshojar una a una todas las páginas de ese libro.

De pronto un golpe en la cabeza me hizo adentrarme en la oscuridad de la noche.

Continuará…

About Gustavo Garcia

Si escribo es para apartar de mi la tristeza, La amarga conciencia.Dejo atrás con letras .El olvido de la memoria.En estos poemas cuadriculados.Que no entienden de métrica.Mis silencios engañan a los sentimientos.Quebradizos, adoptados.Y escribo y no hablo Y lloro tinteros Resultado de imagen de tinta y plumaLágrimas de tinta.Resbalando por la pluma.Hacia donde reside el poema. Desde donde nace el poema.

5 comentarios en “Un Viaje Inesperado

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