Un verano cualquiera

Después de la noche de San Juan como cada año nos íbamos a nuestra casita en la montaña, en plena naturaleza era como otro mundo, allí no había horarios, ni normas, ni leyes que seguir, podíamos estar hasta bien entrada la noche solos y no pasaba nada, impensable en plena ciudad y con solo 12 años. Recuerdo el largo viaje en coche se hacía interminable sobre todo para mi padre que es quien conducía, una vez allí soltamos las maletas y lo primero que hacíamos mi hermano y yo era coger nuestra bicicleta e ir a buscar a nuestros primos y amigos por todo el pueblo. Esa misma noche después de cenar quedamos en la plaza de la iglesia todos juntos para planear nuestra primera aventura de las vacaciones, era tradición cada año subir la montaña “arrebatacapas” así la llamaban nuestros abuelos, pero esta vez había que llegar al otro lado. Al día siguiente después de un buen desayuno cogimos las bicis y una mochila que nos había preparado mama y nos dirigimos al punto de encuentro donde estaban todos esperando para partir. Empezamos a pedalear como si no hubiera un mañana, cantando y riendo pero poco a poco las fuerzas iban disminuyendo y la subida se hacía mucho más pesada. Pasaron una horas hasta que realmente estuvimos en la cima de la montaña, paramos a descansar y recuperar fuerzas así nos contamos como nos había ido el año a cada uno de nosotros, A “Uje” el más mayor del grupo le han quedado 7 asignaturas, es un poco bruto pero muy buen amigo,  “Pichu” salvó a unos caballos llamando a emergencias cuando se produjo un fuego en el pueblo, “Machote” decía que se había enamorado de una niña de su clase, Y los “Catas” que eramos nosotros ganamos el segundo premio regional de una carrera de ciclismo de competición. Nos pusimos en marcha de nuevo pero ya era más llevadero porque era de bajada cuando llegamos a un campo de cultivo donde había unos olivos y más adelante viñas y luego otra montaña, estábamos atravesando el campo cuando de repente de escuchó un grito….

AHHHHHHH!!!!!!!! gritaba sin parar Uje
-Que te pasa dijo mi hermano.-
-Me ha picado una avispa y me duele mucho, – contestó gritando.
-Escuchar bajaros y mear en la tierra para hacer barro eso le calmara el dolor.- dije yo.
-Que asco!! exclamó Uje,  eso no me lo pondréis a  mi no?
-Pues claro que si ya verás como va bien, confía en nosotros.

Cuando ya le pusimos ese mejunje nos quedamos sentados en las bicis mirando la colina como embobados o cansados no se yo, de repente Pichu dijó:

-Mirar chicos, cervatillos bajando por la colina.-
-Que bonitos, replicó mi hermano
-Conforme se fueron acercando  no me parecían a  mi cervatillos, creo que eran tres pedazos de perros grandiosos que venían directos a por nosotros, entonces grité…
-Correr,correr,correr que no son cervatillos, que son tres perros que vienen a por nosotros.
-Salimos derrapando rueda por el campo de cultivo, el sitio era estrecho y mi hermano iba el último pedaleaba más deprisa que nunca.
– déjame pasar Tete!!, me dijo.-
– Si hombre para que me coman a mi, le contesté.
Mirábamos hacía atrás y cada vez estaban más cerca con unos grandes dientes, cuando pasamos por un torreón que estaba construido todo de piedra y destruido por el paso del tiempo pero aun conservaba la estructura y la entrada, entramos dentro y lo que hicimos fue poner todas las bicicletas apiladas a modo de barricada en la entrada para que no pudieran entrar los perros, cada vez los ladridos estaban más cerca hasta que llegaron, mordían las bicis, intentaban saltar por encima. estaban como locos. estuvimos allí como una hora sin poder salir y con los perros intentando entrar hasta que de pronto se fueron, había oscurecido ya, esperamos un rato antes de ir retirando las bicicletas de la entrada y asomarnos a ver si estaban todavía por allí, vimos que no estaban  y salimos pitando de vuelta a casa, cuando llegamos nuestros padres estaban preocupados buscándonos, una vez más teníamos otra anécdota que contar a los demás y de como nuestras bicicletas nos habían salvado de ser comidos por unos perros rabiosos.

 

 

Autor Pedro Altamirano, me encanta el mundo de la informatica soy community Manager y hasta hace muy poco no sabía que tenía la capacidad de escribir donde conocí a gente maravillosa en la red y formamos un sueño ” El poder de las letras”.

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