Un día más

En el recopilatorio “Rendez-blues“, me recreo con relatos de perdedores, ganapanes y, como dice una genial amiga y aún más genial escritora, “letra-heridos”.

Pero también cuelo algo de esperanza. Una lectora, un poco desalentada por el tono oscuro y sucio de algunos de mis relatos, me espetó algo así como “Carlos, yo te conozco, creo conocerte. Tú no eres así”. La verdad es que me robó una sonrisa. Y yo a ella un abrazo.

“Un día más” es uno de esos relatos que muestran que la obra de cualquier escritor, da igual lo oscura que parezca, está lleno de esperanza. Hay luz en Valdés, en Orwell, en Bukowski o en Repila. Se me ocurre la familia “Miau”, de don Benito Pérez Galdós, con sus éxitos, sus fracasos y sus pequeñas miserias, como ejemplo de superación y esperanza.

Por eso dejo que se cuelen, como la arena entre los dedos, guiños de verdadera felicidad. Eso es “Un día más”, un repertorio de locuras pequeñas, de sueños grandes y de amor, entendido como ese par de ojos que, cuando te miran, te obligan a salir de ti mismo.

 

 

Mis respetos a los grandes que me he atrevido a mencionar más arriba. Referencias imprescindibles y fuente de deleite para cualquier lector.

 

Espero que os guste. Sed felices.

UN DÍA MÁS

El sol salta sobre la colina. Se levanta el bajo de los pantalones. Deja ver unas botas de montaña, enormes, pesadas. Dobla las rodillas. Las suelas de sus botas hacen retumbar todo alrededor. Tres nubes, una gris, dos de algodón, saltan, girando a su alrededor.

El suelo se estremece, todo tiembla, el líquido de las copas se derrama. El viento se cuela por las rendijas que los vidrios de las ventanas dejan al agitarse. Veo con claridad la masilla que las mantiene firmes. Se separan de sus marcos.

Me siento frente al fuego. Cojo una copa a punto de caer. Me dejo llevar por el baile inconexo de las llamas, inquietas por el sibilante fantasma que se cuela por la boca de la chimenea.

No tengo miedo, ya sé cómo funcionan estas cosas, todos los días se repite la misma canción. Cierro los ojos mientras doy el primer sorbo. Durante un instante, apenas un suspiro, estoy lejos de allí. Vuelo. Los paisajes se suceden. La inmensidad del mar deja paso a la playa. La arena fina se cubre de vegetación seca que, enseguida, queda oculta entre la inmensidad del bosque. Remonto el vuelo sobre una ladera cubierta de hierba, alta y carnosa. Desciendo. Dejo que la humedad verdosa cubra mis pies. Vuelvo a elevarme. Enseguida veo el sol, las nubes, las hojas de los árboles cayendo, vencidas por el bamboleo de un suelo que, indefenso, no sabe qué está pasando.

Vuelvo a abrirlos. El calor del hogar me devuelve a la realidad. Todo vuelve a estar tranquilo. El baile de las llamas es ahora ordenado, me reconforta. No hay líquido derramado, ni hojas caídas. En un cielo libre de nubes, el sol se oculta detrás de las montañas que acabo de cruzar.

Los goznes de la puerta crujen. Distingo tu silueta. Sonriente, te acercas hasta el sillón. Me besas dulce y lentamente. Enseguida te contaré mi día. Antes quiero saber qué tal te ha ido a ti.

Carlos Bueno-León

Llevo toda la vida ligado a la literatura y la música y no siempre en ese orden.

En la actualidad colaboro, además de con mis relatos y poesía, como ensayista y crítico musical con diversas publicaciones periódicas.
La mejor manera de ver algunas de las cosas que hago es visitar mi perfil de facebook, mi blog y, tal vez, leer alguna de mis colaboraciones en otros medios:

https://carlosbueno-leon.blogspot.com.es/

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http://www.revistalaocaloca.com/author/miguelcastro/

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En estos tiempos de famosos que publican, jammers, slammers, youtubers, influencers y demás, me gusta considerarme, simplemente, escritor.

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