El último beso (2)


El último beso

 

Esta noche hablarían sobre ese viaje de descanso que tanto habían postergado y que precisaban hacer. En eso pensaba mientras la rutina de despertar a su hijo, atenderlo hasta verle subir al bus, y prepararse ella para ir a su trabajo, seguía su curso normal.
Frente al espejo, al pintarse los labios y deslizar la barra, sintió una ligera alteración en el inferior.
La muestra de la pasión que aún vivían. Por suerte el labial disimulaba aquello.
Sin más, tomó su bolso y partió. Todo estaba bajo control.
Nada fuera de lo común, el día transcurrió tan normal, el trabajo de supervisor en la fábrica era muy movido, tenía que entregar buenas cuentas de producción. Sin embargo Daniel ya tenía dominada su labor.

Mientras Dalia se ocupaba en una tienda departamental en el área de ventas, Danny en el colegio hasta la tarde que lo recogía su madre.
La hora de merendar llegó, hora de saciar el hambre que la actividad provocaba, Daniel solía comer con algunos compañeros compartiendo sus alimentos, mientras charlaba con Raúl su mejor amigo y ayudante en la supervisión. Siempre tocando el tema de la familia y el momento tan feliz que vivían.
Ella trabajaba de horario corrido para salir a buena hora y pasar por su hijo. Llegando a casa calentaba la comida preparada para comer ambos, y así apoyar a Danny con sus tareas escolares. Pasaron las horas de la tarde y se acercaba el momento en que Daniel volvería a casa.

Volvía la ilusión del amor, esa sensación de mariposas en el estómago por ver nuevamente a la persona que se ama. Un baño ligero y ponerse bella para recibirle, Dalia acostumbraba eso; recogerse el cabello para dejar al descubierto su fino cuello y mostrar a la vista esas grandes argollas que le obsequiara en un aniversario.
Un toque de rojo en los labios, una discreta sombra bajo sus ojos y un poco de fragancia para dar toque de frescura. Cualquier hombre muere por ser recibido de tal forma, como no amar a la persona que comparte la vida, cuando se da de esa manera. Preparó algo práctico para la cena, mientras Danny se entretenía en el televisor.
Después para no hacer impaciente la espera tomó el libro en turno y continuó leyendo, un suspiro profundo como presentimiento extraño recorrió su ser. No le inquietó mucho, siguió con su lectura.



Pero sólo veía las letras pasar ante sus ojos sin captar el sentido. Levantó la vista, miró el reloj en su muñeca, frunciendo el ceño de manera fugaz, dejó a un lado el libro. Se levantó, deambuló un rato por la casa, revisando distraída el orden de todo. Evitando dar espacio a derroteros jamás tomados. Daniel era un hombre fiel, nunca le había dado motivos para dudar de su fidelidad. Era leal, correcto. Amigo de sus amigos, servicial y dispuesto siempre. Lleno de optimismo contagiante.
Dalia se sentía afortunada de ser su esposa. Confiaba ciegamente en él. Por esa razón lo aceptó en matrimonio.
En eso pensaba mientras tomaba de la repisa aquella fotografía de ambos el día de su boda. Diez años habían transcurrido, la imagen de un compromiso hecho con ilusión, amor y mucha entrega.
Recorría con un dedo el marco de plata, regalo de un pariente de Daniel, recordando cada detalle como el primer día.

El primero de muchos días felices que se convirtieron en años, donde fueron creciendo como pareja hasta transformarse y fortalecerse el día más importante de todos, cuando nació su hijo. A quien llamó Daniel, como a su padre, porque cuando lo tuvo entre sus brazos, al momento de nacer, una emoción que sobrepasaba todo sentir la invadió abrumadoramente. Daniel estaba junto a ella y cuando lo miró a los ojos algo mucho más fuerte que el compromiso del matrimonio los unió, ser padres de un nuevo ser, un regalo divino y preciado que Dios les había entregado. Recordaba lo emocionado que estaba con sus ojos anegados de lágrimas y cómo la había besado en los labios y en la frente.
En aquel inolvidable momento, aprendieron el sentido de perpetuar su amor a través de otra vida. Conocieron la vulnerabilidad y decidieron luchar más que nunca por la familia que habían formado.
Colocó en su lugar la foto, junto a muchas otras donde podía observarse las diferentes etapas del matrimonio, el crecimiento de su hijo y sus familias.

Y así se consumió el tiempo de la espera, Dalia con cierto nerviosismo noto un pequeño retraso, seguramente el tráfico debe estar pesado, clásico en viernes por la tarde o se habrá
entretenido con Raúl en alguna charla extra de trabajo, suelen ser muy organizados, pensó mientras se asomaba a la ventana para mirar la esquina por donde debería aparecer.

(continuará)

About Xavier Hernandez

Encontré en las letras un desahogo de mi mente que se mantiene inquieta en ideas. Vivo un mundo de fantasía, siguiendo muy de cerca la realidad.
Pienso que las historias no deben morir en la nada y darles eternidad plasmadas en tinta y papel.

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