Me persigue tu recuerdo por donde quiera que vaya, me persigue persistiendo en todas mis memorias. Unido a mí, conmigo en el tiempo viajas, te convertiste en huésped de honor, te apoderaste de mi corazón y te instalaste en mi alma.

No pretendo detener la persecución constante, tu nombre me alienta, tu voz me sosiega, tu presencia sutil y breve mi alma alimenta. Siento sobre mí el poder y la magia que teje la eterna primavera paralizada en única estación en un latido permanente deshaciendo la inexistente distancia, el tiempo sin vacío en que se desvanecen las horas sin memoria.

Me persigue tu recuerdo y te encuentro en el espacio donde se funden nuestras almas reflejadas en el espejo de mis horas cuando colisionan las miradas y puedo contemplar tu imagen en la mía incrustada. Me permito ser condescendiente con mi sentir  desoyendo los  designios del destino y te amo en el destierro en el que se libera el recuerdo y recupero el sentido apoyando en el adormecido silencio los sentimientos que siempre despiertan al recordarte.

Me permito la libertad de amarte, de gozar al recordar que inundaste mi corazón y pude tomar consciencia de la grandeza del más bello don, de conocer el inagotable caudal que mana en mi interior. Amor que libre vuela sin imposiciones ni condiciones, amor en estado puro que no entiende de cadenas, que traspasa las fronteras del espacio y del tiempo y en el alma grabado queda eternamente. Me permito vivir con la satisfacción de conocer el significado del verbo AMAR en su máxima expresión.

 

@Marina Collado