Fue nacido pertinaz.

Y con su incomodidad de celetre,

pendenciero contumaz.

¡Y vino a ser crecido!

Un parlante sin igual,

de los de fluido de verso,

acariciador de la verdad

las menos veces.

Es la prosa, del canario

la quimera fiel

de su fiel voluntad,

manantial de locura

y su camino de amargura.

Triste final del panochero

a lágrima candente,

vociferando escarcha,

aplicando a rajatabla:

«Lo que yo digo o no respiro»

Triste final para un miserable comienzo

que nunca existir debió.

 

Gustavo García  Pradillo