Amaneció el día con oscuras nubes presagiando tormenta, amaneció el día confundiendo el ánimo y precipitando al vacío el pensamiento. Escudriñó con atención el firmamento, quiso ver un haz de luz reflejado tras el oscuro cristal de unas gafas de sol que no tenía suficiente valor de quitarse ¿por qué las llevaba puestas en ese día en que ni un solo rayo de sol en el cielo lucía? Que tontería de pregunta se hacía, la respuesta era de sobras sabida, le dañaba la claridad y debía cubrir su mirada para no sufrir el daño de ver lo que la realidad le mostrara.

En ceguera súbita su vida se envolvía. ¿Eran reales los nubarrones que creyó ver desde el otro lado de la ventana o era solo la oscura mirada con que contemplaba las cosas  tras los protectores cristales de sus gafas? Qué confusión le creó en un momento el pensamiento mas aún así las gafas no se quitaría para comprobar si existía tal caos mental o era realidad la próxima tormenta que intuía.

¡Qué desastre de día! una y otra vez se repetía, no acaba de comenzar la mañana y ya está la maquinaria infernal en actividad preparando la jornada! Empezaba a estar harta de tan repetitiva melodía ¡se acabó la charla! decidió disfrutar del día y si había tormenta en algún momento escamparía, nada permanece en el tiempo, si truena o caen rayos y el cielo se convierte en espectáculo en llamas, la lluvia aplacaría la tormenta devolviendo  el arco iris la calma.

Se vistió sonriente y decidida a salir a la calle sin paraguas, sin gafas de sol con el convencimiento de que por mucho que quisiera obviar la realidad de nada le servía mantenerse en la ceguera, ocultándose tras los oscuros cristales de aquellas malditas gafas. Decidió mirar la vida de frente que aunque la realidad del momento doliera, contemplar la luz del día y recordar que la vida no solo se compone de adversidades sino también de momentos felices y alegrías compartidas. 

 

 

@Marina Collado