TONY

TONY

 “Tony” le decíamos a mi madre, cuyo nombre fue María Antonieta.

Sus hermanos le decían “zambita” y mi padre “chiquita”.

El Joven Enrique y la Niña Tony” les llamaba mi amigo Lucho.

Ambos caminaban por Barranco tomados de la mano con sus bodas de oro matrimoniales ya cumplidas. Caminaban, como lo habían hecho siempre, compartiendo la risa de Tony y la seriedad divertida de Enrique.

Así los recuerdo: tomados de la mano, hasta que tuvieron que separarse cumpliéndose el deseo de mi madre: que él partiera antes porque era poco práctico y sin ella hubiera seguramente naufragado en las minucias.

Entonces quedó Tony, “La mariscala” a decir de los tres hermanos y sus nietos. Porque todo lo tenía en orden. Porque sabía decir no. Porque lograba lo que se proponía. Tony vino a vivir a la casa y volvimos a compartir momentos, músicas y conversaciones. También compartimos los silencios de su enfurruñamiento y mis bobos desplantes mudos.

La niña Tony ya no tenía al joven Enrique, salvo en la memoria. Sus tardes eran largas y su ver televisión solitario aunque estuviese acompañada. Las dos camas que yo siempre vi juntas porque cada uno respetaba el espacio del otro hasta en eso, ya era una sola.

Tony era la memoria de la familia. Ahora que no está y sus hermanos tampoco, los rostros de las viejas fotografías han perdido parentescos y nombres. Las guardo en álbumes y sobres como parte de esa historia que sólo puede ser adivinada. Guardo las fiestas de carnavales en la casa de la calle Santo Domingo en Arequipa, los paseos por San Miguel en Lima, los multitudinarios Congresos Eucarísticos, los amigos posando en playas de piedras. Guardo los días luminosos y las sonrisas.

 

También están los cuadernos con los poemas que mi padre le escribió siempre a Tony. Hay uno, de tapas duras, con un monograma pintado a mano que dice: “El Caballero de la Blanca Luna”, con un escudo y sus iniciales. Y revisando tantos años después los papeles que conservo de ambos, encontré borradores corregidos cien veces, mensajes y notitas. Todo en sobres, donde Tony guardaba al Joven Enrique que se fue de su vida el año 85.

 

Hoy no puedo evocar a mi madre sin mi padre. Porque están juntos desde ése 31 de diciembre en que se casaron. El Joven Enrique y la Niña Tony. El serio ingeniero y la palomilla que trepaba árboles.

Están mucho más que en mi memoria. Están en lo que soy y no tienen la culpa de todos mis errores porque me lo advirtieron. Pero uno, capitán de su lancha, toma las decisiones y a veces a pesar de las señas se equivoca y encalla.

Manolo Echegaray (Lima, Perú)
Publicista desde 1969; profesor en 8 universidades e institutos de educación superior en el Perú y 1 en Bolivia (Técnicas de razonamiento creativo, Estrategia publicitaria, Comunicación intercultural, Comunicación de gobierno); cerca de 16,000 ex alumnos; publicidad para 2 campañas presidenciales (Perú); asesor de comunicación de una Presidencia de la República y seis ministros de Estado; escenógrafo, sonidista, actor y diseñador de vestuario de teatro; artista gráfico; escritor a ratos. 70 años.

1 comentario en “TONY”

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