TODO LO QUE TENGO

Nada de lo que tengo me ha sido regalado.

Nada de lo que tengo resultó sencillo de transitar ni de lograr. Hasta mis alas las he conquistado, forjando con fortaleza las raíces que me nacieron de ellas para sostenerse en mí. Hasta mi sensibilidad la he de defender con uñas y dientes, contra viento y marea, aún en tiempos donde las miserias humanas pretendían llevarme con la marea hacia el camino opuesto. Hasta mi esencia ha sido puesta en jaque en tiempos donde ser sensible y profundo no mueve las masas porque lo superficial se vuelve comercial, llamativo.

Nada de lo que hoy soy me ha sido servido, más bien cada uno de aquellos bienes inmateriales que atesoro en el alma reflejan la suma de tantos pasos pronunciados en un camino extenso, a veces tortuoso, otras veces florido, pero siempre de aprendizaje, de recibir, de gratitud y evolución.

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Nada de lo que poseo me ha sido regalado, mi casa y todo lo tangible en ella es producto de una labor incansable que no me ha impedido desistir de soñar y luchar por lo que anhelo. Mi valor más fuerte es la sencillez y puedo afirmar que soy rica porque observo el pino de la mesa del comedor matizada en tono algarrobo y siento el poder de la belleza que se encuentra en lo simple. Admiro los pocos cuadros que tengo colgados en las paredes de este hogar y me enorgullece que no pertenezcan a un autor famoso, que le he dado la posibilidad a alguien noble de expandirse. Abro las puertas de mi placard y me alivia encontrarme con la cantidad justa de ropa, la misma (o menos) que hace cinco años y que no existan diseñadores de renombre entre esas prendas. No me preocupa ver el desgaste en ellas porque el paso del tiempo es ineludible. También en las personas.

Nada de lo que hoy tengo son posesiones. Cada una de las cosas que forman parte de mi vida y mi historia me han sido concedidas por alguna razón, acomodadas perfectamente a la realidad que me sucede y al contexto que me rodea. Mi trabajo, mis pasiones, mis “trofeos”, mis éxitos (y también los fracasos), las personas que residen en mi presente y mis pensamientos han sido debidamente arribados mediante el proceso de mi crecimiento y se me han brindado por un sentido.

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No me desvela saber al tiempo como el carrousel que es, que no se detiene. Que la vida transcurre sin fin y sin detenerse. A veces es cruel la vida, a veces concede lo que deseamos con el cuerpo, otras nos devuelve lo mejor que tenía alistado para el momento exacto en que ser brindado, aunque ello no fuera lo que tanto buscamos. Aunque fuese aún mejor y nos regale la sorpresa de la abundancia. A veces los sobresaltos también son presentes que adquirir, regalos que se nos acercan sin poder impedirlo.

Todo lo que tengo es todo lo que podría haber soñado. Todo lo que no tengo es aquello que por alguna razón el destino no quiere hacerme transitar aún. Aunque lo anhele con cada latido de mi corazón, aunque hoy no lo comprenda. ¿Cuál será la trampa que el azar busca tenderme? No lo sé, pero confío (si es que me quedan ápices de luz para iluminar esa esperanza) en que, si bien mi futuro no está escrito, esa fuerza superior y divina me oye suplicarle al viento que se materialicen mis sueños despiertos.

Todo lo que tengo, ha llegado con el sabor de las batallas recorridas en triunfos (casi) fortuitos. Por más que hoy luzcan lejanos esos pasos vencidos de andares extensos, sé que ahí estuvieron esos pesos y esos sudores que me permitieron ganar esas contiendas. Y entonces todo lo que tengo sigue siendo reflejo de la luz alcanzada, continúa siendo mi mayor trofeo, mi orgullo.

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-Ensayo de mi autoría, publicado en mi espacio personal, en mis redes sociales.
-Fotografía: Ezequiel Azcona

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