RELATOS

Tenues retazos

Tenues retazos

TENUES RETAZOS

Retazos, tenues retazos. Es lo único que queda de la niña que fui y que ya nunca más seré. De aquella niña que jugaba despreocupada, que sacaba estupendas notas en el colegio sin mirar un libro, que se quedaba estancada en las divisiones. Aquella que disfrutaba los veranos en el pueblo como si fueran lo mejor del mundo, porque en verdad lo eran. Aquella que se enfadaba si le cortaban el pelo y se quejaba si lo tenía largo, porque su mamá le daba tirones.

Retazos, tenues retazos. Es lo único que queda de la chica que fui y que ya nunca más seré. De aquella chica que salía con sus amigas los sábados, para ir al cine, porque tampoco había mucha otra cosa que pudiésemos hacer. Que comenzaba a salir a las discotecas, sabiendo que a las diez tenía que estar en casa y jamás se retrasaba ni un segundo. Aquella contestona y malhumorada, maldito carácter previo a la adolescencia.

Retazos, tenues retazos. Es lo único que queda de la novia que fui y que ya nunca más seré. De aquella novia que igual se sonrojaba con un piropo que se desencajaba la mandíbula a besos. De aquella que salía cada día de la facultad a las mil y se le encogía el corazón al ver a su hombre allí, esperándola. Aquella apasionada, con mariposas en el estómago cada vez que sabía el lugar donde terminaría la noche. Atrevida en ocasiones, tímida en otras.

Retazos, tenues retazos. Es lo único que queda de la trabajadora que fui y que ya nunca más seré, por lo menos de momento. Aquella mujer a la que no le importaba levantarse a las cinco de la mañana para darle el pecho a su bebé, luego llevarle a casa de los abuelos, y de ahí recorrer cuarenta kilómetros hasta el trabajo. Aquella que se levantaba cada mañana emocionada e ilusionada, dándolo todo sin esperar recibir nada y, aún así, lo recibía.

Retazos, tenues retazos. Es lo único que queda de la madre que fui y que ya nunca más seré, o ahora mismo eso me temo. De aquella madre paciente que jamás alzaba la voz. Que se tiraba en el suelo a jugar con los pequeños sin importarle la hora. Que bailaba, reía y contaba cuentos y cantaba canciones hasta que los niños dormían plácidamente. Que se tumbaba con ellos en la cama si era preciso.

Retazos, tenues retazos. Es lo único que queda de la persona que una vez fue feliz. Solo que ella no lo sabía.

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