Torre de Babel

 

 

 

Creyó que su presencia pasaría desapercibida de entre la multitud que visitaba el templo sagrado. Creyó que su voz apenas sería un eco dentro del bullicioso recinto. ¿Cómo se puede profanar el lugar de recogimiento al que acuden las almas destempladas? Silencio reclama el abatimiento, sosiego necesita el Ser cuando hacia adentro mira y revuelta en un mar de confusiones encuentra su morada.

Creyó ver en la profundidad de su centro que todo el tumulto no era ajeno, se multiplicaban por mil las hilarantes voces confrontando entre sí elucubraciones, diferentes posiciones y desvaríos. En Torre de Babel se convierte el templo en el que no hay orden, la locura se intensifica y se desborda. Ensordecedores los sonidos que en las paredes se acumulan, petrificada queda la calma convertida en tsunami furioso.

Cuantos más gritos se escuchan menos se entienden unas a otras. Todas las voces parecen haberse puesto de acuerdo en hacer caer la Torre, de locura se vaticina el desenlace, peligra la cordura, el alma se deshace, el cuerpo tiembla y entre convulsiones se desintegra. Craso error el que cometió al entrar en el interior del templo y creer que su presencia no sería percibida por la jauría que esperaba devorar con sus gritos el alma encadenada.

¡Que desenfrenada locura! Hay que dejar que las voces se templen y el mar se calme, no se puede navegar en un mar tan revuelto en tan pequeña barca. Silencio reclama el alma que se revela y se crece al mismo tiempo, silencio y armonía en el mundo interno, paz y sosiego proclama, haciendo suyo el báculo del reino en el que habita exhortando  al exilio el desacato.

 

@Marina Collado

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