Escalando notas

La cadencia de sus notas deja en el aire murmullo arrollador que es encauzado por las enjauladas líneas en que habitan, marcan o desmarcan pasión ardiente, silencio atormentado, lamentos del corazón latiendo, sin más.

Dedos entrelazados acompasan la dulzura del vaivén, mientras los carnosos labios entreabiertos, se deleitan a su paso de tan dulce manjar.

Ojos entreabiertos que simulan el tranquilo oleaje del mar en calma, respiración agitada, acompasada, sin permitir perderse el ritmo de tan bella melodía.

Dos cuerpos ahogados en suspiros que recitan al aire sus murmullos, se funden en pasional acorde que remonta bella escala.

Comienza y termina en el Do pero fluye con alegría recorriendo toda la escala, inyectando energía, optimismo, y el Sol resurge con alegría cuando el cielo colmado se alcanza de la unión de tanta armonía.

Marijose.-

Mi carga

MI CARGA

Llevo una pesada carga en la mochila que a mi espalda siempre permanece anclada, colgando como una losa, como un pozo carente de fondo al que llegan siempre a depositarse los pesados sedimentos de mi paso efímero y raudo por la vida. Por temor a mi vivir lento, por temor a que mi alma fuera como un saco de lamentos, cargados con las derrotas que me hicieran envejecer de manera prematura, pasé la vida deprisa, limitando a acumular las heridas ocultas dentro de aquella mochila.

Comenzaron a nublarse todos mis amaneceres, sumidos en trance ambiguo, de manera que al mirar de paso por la ventana que se abría a la mañana, solo encontraba en su marco un resto de calidez del refugio de la noche. Afuera todo está oscuro, no se ve la luz del día, ni siquiera el más pequeño de los rayos que iluminan cada amanecer la vida, llegan a entrar en la mía, sumida entre las tinieblas que guardaba en mi mochila.

Me fabriqué un perfil falso, aquel que debía mostrar a las caras enfadadas con las que iba acometiendo, paso a paso, el enfrentar otro día. Y mientras, muy dentro mío, la carga iba en aumento, la espalda ya se encorvaba bajo el peso que a los hombros le confería mi saco de desilusiones y aristas.

Perdieron la luna mis noches, se me apagaron de golpe en el cielo las estrellas, y yo quedaba llorando, en un llanto quedo y mudo, al observar con templanza la oscuridad que en silencio se había quedado a gobernar cada aspecto de mi vida. Mis ojos solo veían una persona sin nombre, sin validez ni cariño, envuelta en un manto fúnebre con una melodía inerte cubriendo sus hombros fríos y doloridos bajo la carga de escombros que lleva en un zurrón pobre, en apariencia vacío.

Cuando mi espalda quebrada no soporte más el peso que le ha tocado aguantar en tan precario equilibrio, soltaré al fin la mochila, comenzaré mi vida de nuevo, con caminar lento y seguro. Mis hombros no sostendrán más una carga de desperdicios, se volverán ágiles, vigorizados y erguidos. Y cada piedra que llegue con intención de quedarse a rellenar sin sentido mi carga ya desprendida, recibirá una patada que la apartará del camino.

No temas

 

 

 

 

 

No temas mostrar ante mí la desnudez de tu alma, no hay más cálido abrigo para evitar el frío que el refugio y amparo que pueden darte mis abrazos.

No temas a la impaciencia del tiempo que en su transcurrir sin reacción pueda dejarte. No temas expresar sin reprimir las emociones y pesares que te perforan las entrañas.

No olvides que a pesar de la espesura y la oscuridad con que  el cielo amanezca, la luz del sol siempre está detrás, oculta entre las nubes esperando a que la tormenta escampe.

No temas mostrar tus lágrimas ante mí, pues de dolor y sufrimiento la vida me colmó lo suficiente para llegar a entender que si la voz se rompe en tu garganta el silencio es lo suficientemente elocuente y solo basta un abrazo, una caricia, la ternura de una mirada para dar consuelo a tu alma atormentada.

No temas a mi corazón pues la única razón por la que late es para contagiarte de vida y consolarte. Mírame sin vacilar, de frente, sin bajar la vista y perderte en el infierno de tus pensamientos, contempla a través de los ojos de tu corazón la nitidez y sinceridad de esta mirada que te alienta y te ama.

Confía en ti, en tu fortaleza interna y ahuyenta el temor a la incerteza. Mira hacia adelante con mirada esperanzada sin rendirte ni desfallecer, confía en el poder de la fuerza que tu interior alberga.

A tu lado me mantengo alerta, siempre estaré aquí para ti, cercana en la distancia impuesta, mitigando tu cansancio, tendiéndote mi mano para evitar el daño en la caída, motivándote a continuar sin abandonar la partida, ofreciéndote la fuerza que me da el amor para que no te falte si la tuya se debilita, para que tengas suficiente de repuesto y puedas usar la mía por si en algún momento crees que la necesitas. 

 

 

 

Imagen de la red  

 

 

A %d blogueros les gusta esto: