Siento, luego escribo

Abrir el corazón, derritiendo las mieles de mi existencia
Sentir una misma frecuencia, una vibración en sincronía
Darme a luz, dándome al afuera, como al mar repleto de olas
Oír los latidos inequívocos de mi corazón ventilado en corrientes calmas

Conocer(me) la esencia es dejar(me) ser
Ser y hacer como mi respiración manda
Dejar(me) ver en lo inusual denota extraordinaria ocasión casi festiva
Celebrar el ritual de dejar entrever las fibras de mi alma

 

El azul del cielo me recuerda la distancia que hay entre sus astros habitantes de una constelación magistral
El verde mimetizado con la tierra húmeda me sugiere que aveces los opuestos se precisan
La flor marchita ilustra un recoveco de mi corazón, el mismo que deja ir esa célula disecada e inmóvil ya

 

Hay mundos que no reconozco ni requiero ahora, hay sitios donde ni siquiera me hallo
Ni la luz artificial me permite reemplazar los rayos débiles del sol que no logran luminar todo ese fulgor despedido

 

Y el agua brotó de mis retinas como un río revoltoso que exige purificar(me)
Y la corriente erupcionó al encuentro de las palabras no-dichas que rogaron des-habitar en cataratas
Y comprender se vuelve virtud, privilegio, dichoso beneficio de un corazón cristalino y transparente, frágilmente benévolo

 




Dejar ir paisajes lejanos con el viento

 

Evitar como a la lluvia sentimientos que no deseo llover en mi interior
Soltar(me) de fantasías inexistentes para así encontrar en la llovizna donde lavarme y bailar a gusto

 

Escribo como mi esencia me lo dicta: para sanar para liberar nudos de la garganta y aliviar la pesadez en el pecho
Luego de sentir, de escuchar(me), de hablar(me), de saberme sensorial decodifico todos esos parloteos de los días pasados

 

Sentí dentro mío un adiós indefinido pero genuino, sentí que el cristal se agrietaba y no había vuelta atrás
Sentí la cólera iracunda invadirme unos segundos hasta que logré depurar(me) el rechazo
Sentí la paz de la limpieza, la tranquilidad de vestirme el corazón de amor y pureza

Sentí mucho y liberé de todo, sentí tantas cosas como palabras estoy propagando en este papel empapado de certezas

Siento, luego escribo

Generación perdida

La belleza de su juventud
cautiva aún en el caminar de la anciana.
En sus manos el temblor de toda
una generación perdida desde su origen.
La piel arrugada y tatuada,
blanca como la libertad de una badera
de rendimiento sin viento que la estire,
manchada de años y penas.
Estudió filosofía soñando sobre un péndulo
que no respeta ninguna lógica.
Ella fue una de tantos que no supimos
interpretar la proyección de las sombras.
Permanecimos colgados de los hilos
sociales como ropa vieja que desechar,
hilos que llamamos voluntad, o moral,
o tendencia, o miedo o estupidez,
cada cual apoda a sus fallos como quiere.

Pero nuestro verdadero  gran error fue escribir
libertad como si se tratase de una palabra cualquiera.

Ojalá

Siento el dolor desgarrarse por mi vientre
Quiero un abrazo de esos que se dan con el alma
Ojalá viniera a abrazarme desde el más allá
Ojalá me amarás con la fuerza que yo te amo
Ojalá entendiera mi poesía y mis flores
Ojalá besará mis labios prohibidos para ti
Quisiera estar en Santiago, donde la primavera
yace estragos
Los orgasmos cósmicos
Vienen en cascadas
Con la fuerza de mis ríos navegando
Por entre mis venas
Amando entre un día y otro
En cada poesía de Neruda
Callando
Que tú me oigas el pensamiento
Abriendo cada puerta de tu melancolía
Dejando
Entrar tú mirada por cada travesía
Ojalá me vieras salir de mi alma,
Acostarme en tu cama fría
Erotizada solamente con tus manos trémula
Nerviosas,
Con tus meditaciones,
Que alcanzan mi mirada,
Ojalá
Llegues con la osadía
Fingida
Ojalá llegues un día
Para decirme te amo
Vida mía.




Karem Suárez

Ojalá
Santiago de Chile

 

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