La mala educación

“Y ahora tú, qué pensarás,

Si cuando más me oprimían, más amé la libertad

Y es a a quién canto hoy,

Enseña a tu hijo, enseña a tu hijo

A amar, la libertad.”

Asfalto. Días de Escuela.

 

Hace tiempo que la luna dejó de reflejarse

En el espejo del humedal de tus ojos,

Inundado por lágrimas de soledad,

Hace tiempo que caminas

Por la senda inhóspita,

Calvario de lúgubres sombras

Amenazantes de miseria indómita.

Peregrinaje de ilusiones perdidas,

Fuegos fatuos, santa compaña.

Es el tiempo una pandemia

Que nunca para de brotar

Uno a uno los caminos pudre

Con su lento caminar.

Perdida la constancia

Perdida la ilusión

Del desengaño atenazada

Polvos de mágico cristal

Te invitan a soñar…

…Despierta.

Caminas sola, como hace tiempo

Por el alambre de la insensatez

Por el alféizar del tedio

Por la maldad del qué dirán.

Esa noche de frío invierno

Te encontraron en un portal

De Belén o de Raquel

Dio igual a cuenta del fin

Noche trágica de navidad

Que fuiste allí a morir

Con un burro y un buey

Apretando tu brazo

Con la goma, la jeringa y el maniquí.

Todo esto incapaz

De sanar por voluntad

La ignorancia y maldad

Del que nunca supo amar

Por la fuerza voluntaria

Del no saber educar.

 

Abrí los ojos

 

 

 

 

 

 

 

Abrí los ojos y miles de destellos inundaron mi ser, abrí mis ojos y contemple como si fuera por primera vez el milagro de vida que me rodea. No sé por cuánto tiempo me mantuve en otra dimensión, no tengo noción del tiempo transcurrido ni soy consciente del espacio en el que habito. No reconozco la voz de la razón que me grita y se agita y me impone obligaciones que a cumplir me niego.

Contradictorias formas se hacen visibles a través del cristalino de estos ojos que miran como si no fueran los míos. Me complace extasiarme de vida, de olores y fragancias que no recuerdan mis sentidos haber percibido en el otro lado de la orilla, en zona desconocida, en la cual quién sabe si me perdí o voluntariamente llegué para reencontrar-me en mí.

Abrí los ojos y lagrimas rodaron de satisfacción. Con alas de fuego ascendí desde los infiernos directa a mí, directa a la vida. Volé dibujando parábolas en el viento anunciando al mundo mi regreso. Volví a rescatar los pedazos de corazón que en las cenizas aún no habían sido calcinados, alimenté sus brasas y ardieron sorprendidas de permanecer intactas.

Abrí los ojos a la vida y me reinventé, conseguí crear un nuevo papel con distinto argumento y renovado reparto. Seguiré abriendo canales en el camino por los que circular sin obstruir los conductos de salida, liberando emociones, asida fuertemente a la vida.

 

Imagen de la red

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