Un gran relato de Adelina Gimeno Su aliada…

Creía en aquel premio, cuando la noche llegaba era para él, el momento más preciado.

Las oscuras calles alumbradas con sus candilejas, compartían la diferencia y quitaban su miedo.

Provocándose a sus victimas la muerte o una secuela psicológica de por vida.

Ocultaba su rostro bajo el sombrero, una gabardina usada que lavaba a diario sin dejar rastro ni huella alguna de lo acontecido la noche anterior.

La silueta camina despacio, a su paso encuentra el burdel adecuado, en él entrará, buscando su presa, pero antes pasea su mirada por la barra del antro y allí estaba. Era joven y apuesto, estaba bebiendo, aquello facilitaría su intención de llevarlo hasta un lugar más tranquilo y allí…

Pero no quería adelantar acontecimientos, se acercó y entabló una corta conversación.

-Hola, estás sólo?

La contestación de aquel joven no se hizo esperar.

-Claro, salimos?

Fue fácil, el muchacho le acompañó hasta la calle, una vez allí víctima y verdugo se confundían en las sombras de aquel callejón.

Ninguno pronunciaba palabra, a no ser que él joven entendiese, moriría.

Aquéllo era lo que ocurría cada noche, el misterio estaba en la victima.

Ahora él, le invitará a volverse de espaldas, se abrirá la vestimenta e intentará aprovecharse del joven.

En un nivel poco ortodoxo todo aquél que caía en su juego era sometido a la penetración forzada.

De acceder a sus impulsos no había mayor delito, de no ser así y oponiéndose a su vicio, el asesinato era evidente.

Nadie que sobrevivio a sus acosos, llegó nunca a denunciarlo. Seguía actuando y en el peor de los casos matando.

La oscuridad era su aliada y la vergüenza de sus víctimas, si no entendían también.

©Adelina GN

Tengo miedo de Neruda.- Un poema mio homenaje a tan gran poema.

Miedo

Tengo miedo de Neruda.-

Mi osadía ante tan gran poeta, es solo un homenaje, que no llega siquiera a ser nada.

En la profunda mirada del océano infinito
en el semblante sereno y a la par inquieto
de tu rostro,
me reflejo en ese grisáceo paseo
lleno de momentos
en el que ya no vislumbramos estrellas
en tan vasto universo que se agota
cubierto por la oscuridad del caos
navegando hacia la nada.

Déjanos mente carcelera, en la locura
volar hacia un horizonte
donde la claridad y la belleza de una tenue
tarde el horizonte se prenda
y la vida arraigue.

En nuestra profunda mirada del océano infinito
ya no fenezcan las estrellas
ni el amor a la vida
en el universo que despliega
magia en que la mente no consiga
fenecer los momentos
y el caos del grisáceo cielo que vislumbraba
Neruda
sea solo un ayer olvidado,
pero presente siempre en tus letras
para no volver a caer
en tal fatal desastre.

Marijose.-

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