El diario

EL DIARIO

Hoy que el silencio nos muerde las palabras, aprovecho tu ausencia en mi compañía para leer el diario que juntos comenzamos a escribir, en un tiempo que parece tan lejano, y tal vez lo sea, que ya las arrugas cubren los márgenes que jamás respetamos.

Amarillean las páginas gastadas por un amor que de razones poco o nada llegó a entender jamás. Ya perdieron el aroma a los jazmines que un día acompañaron a nuestros versos vomitados con pasión de enamorado. Se doblan las esquinas igual que nuestros sentimientos y los espacios en blanco le ganan el terreno a las líneas de la vida.

Se nos gastaron también los colores con los que solazábamos las páginas y tuvimos que colocar marcadores para que el día en que vivimos no cayese en el olvido. Proliferan los mutismos y tachones y ya solo queda espacio para mi escritura automática y tus palabras dictadas.

Hoy completo la última página de nuestro diario y aún me niego a colocar el maldito punto y final en una hoja carente de fecha y hora. Me limitaré a terminarlo con una sucesión inagotable de puntos suspensivos…

Si me ves llorar

SI ME VES LLORAR

El día que me veas llorar sabrás que algo dentro de mí se ha roto para siempre. Tengo las lágrimas contadas y, por lo general, no suelo derrocharlas con cualquier cosa. Para mí son un valioso tesoro que no hay que ir desperdiciando así como así.

No comprendo a la gente que llora por cualquier cosa. Las lágrimas hay que atesorarlas, guardarlas envueltas en un pañuelo de seda y no dejarlas escapar a menos que sea realmente importante. Si no, se agotan, se seca el manantial que les da la vida y cuando sean necesarias ya no habrá posibilidad alguna de liberación. En los asuntos cotidianos, prefiero alcanzar esta de alguna otra manera, por ejemplo, con un buen orgasmo, de esos que te hacen olvidar que las lágrimas estaban a punto de saltar.

Hasta ahora, pocas cosas han sido merecedoras de mis lágrimas, tan solo una pérdida irremediable y algunos momentos puntuales de alguna intensa emoción. En estos últimos casos, no se desatan en torrente, sino que son lágrimas esporádicas, fugitivas, de las que su mayor logro es hacer que se corra el rímel.

Así que no te preocupes por mí, yo estoy bien. Eso sí, si me ves llorar… Si me ves llorar no digas nada, solo abrázame bien fuerte y bébete mis lágrimas entre suspiros.

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