Se fugó

 

 

 

Se fugó con su mochila repleta de vacíos, se fugó hacia el más recóndito y perdido de los rincones de un mundo infinito. Se fugó dispuesta a sanar su alma y liberarla de las duras cicatrices, se fugó con el corazón abierto a nuevas ilusiones.

Entonó por el camino un himno para la ocasión inventado, melodía sagrada, cántico que en los poros penetraba. Mantra potente que se repite armónicamente con la intención de no perder de vista, de no olvidar cuan grande es el poder que en su reino habita:

“no me rendiré,

nunca me daré por vencida,

 por muchas que sean las piedras

con las que en el camino tropiece.

Yo soy fuerza.

Yo soy poder,

Soy todo para mí.

Todo lo que necesito viaja conmigo,

 dentro de mí lo llevo,

yo soy mi equipaje,

mi hoja de ruta,

constructora y creadora de mi destino

luz y guía en mi mar abierto”.

Se fugó llevando consigo todo lo mejor, quiso darse la oportunidad de ser, sin más, cerrar su ciclo sin rencor empezando un libro con páginas en blanco escribiendo historias con tintes y matices de verde esperanza. Se fugó consigo y eso le bastó, quiso darse la oportunidad de ser, desnuda, desprovista de máscaras que camuflaran su identidad, amándose sin reservas.

Cruzó el umbral sonriente, murmurando para dentro: un libro se cierra, un nuevo capítulo comienza, un ciclo completado abre las puertas a un nuevo comienzo.

 

@Marina Collado

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