MELANCOLÍA

Era su rostro el cuadro más expresivo que jamás un sentimiento de culpa pudiese mostrar. Su mirada moría de agonía viendo en ella la amargura por el desconsuelo de otra muerte.
Culpabilidad asumida que no eximida, pudría la conciencia de Irene, que sumida en la gran fatiga de cargar con aquel incumplimiento de la confianza, le destrozaba cada instante de su vida.
Difícilmente podía respirar, cada suspiro de amor la mataba, tristemente su llanto no la aliviaba. Aquello no debió suceder, la joven no tenía que haber superado nunca los límites de una supuesta infidelidad.
Compungida por el suceso miraba cada mañana por la ventana, apartaba el cortinaje que la cubría y melancólica recordaba aquella escena.
Dos caballeros se batían en duelo, uno defendiendo el honor de su amada. Otro, el que pereció al descubrirse por ofrecerle a ella un beso, ese era su amado, quién así se declaraba inocente.
En consecuencia, un asesinato legal por una deslealtad infundada, que causaban ahora la aflicción desconsolada de una herida sin curar, que siempre dolería.

©Adelina GN

SIEMPRE FUISTE TU

Siempre Fuiste Tú
Siempre Fuiste Tú
Web “Un Lugar Para Ver

Es en la oscuridad 

en la que te ocultas, 

donde te abraza ese 

inmenso dolor de soledad.

Hastiada del desconsuelo

que solo te trae 

un lamento piadoso, 

por sentir que mueres 

de una triste nostalgia.

Hasta que de repente 

todo tu mundo se ilumina, 

al ver tu sonrisa y tus ojos 

de sueños de ilusión.

No me dejes, ni me sueltes 

mi mano porque eres tú 

mi guía y mi motivación, 

de creer que existe de verdad 

un ángel que me alimenta 

de puro y verdadero amor.

Eres tú, ¡siempre lo supe! 

y fue por eso que esperé 

toda mi vida, hasta llegar 

a encontrarte de nuevo 

y ya por siempre nunca más 

volverme a separar de ti.

Iván A.

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El diario

EL DIARIO

Hoy que el silencio nos muerde las palabras, aprovecho tu ausencia en mi compañía para leer el diario que juntos comenzamos a escribir, en un tiempo que parece tan lejano, y tal vez lo sea, que ya las arrugas cubren los márgenes que jamás respetamos.

Amarillean las páginas gastadas por un amor que de razones poco o nada llegó a entender jamás. Ya perdieron el aroma a los jazmines que un día acompañaron a nuestros versos vomitados con pasión de enamorado. Se doblan las esquinas igual que nuestros sentimientos y los espacios en blanco le ganan el terreno a las líneas de la vida.

Se nos gastaron también los colores con los que solazábamos las páginas y tuvimos que colocar marcadores para que el día en que vivimos no cayese en el olvido. Proliferan los mutismos y tachones y ya solo queda espacio para mi escritura automática y tus palabras dictadas.

Hoy completo la última página de nuestro diario y aún me niego a colocar el maldito punto y final en una hoja carente de fecha y hora. Me limitaré a terminarlo con una sucesión inagotable de puntos suspensivos…

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