Alma perdida

 

 

 

 

 

 

No quedaba rastro de las heridas que la memoria de su piel guardara. No se dio cuenta de la invisibilidad de las cicatrices que se ocultaban bajo la máscara que protegía su cuerpo, se acostumbró a vivir con ellas sin percatarse que con el tiempo habían ido desapareciendo, se habían convertido en  heridas invisibles  y de vez en cuando aún creía sentir una punzada en el corazón como señal de advertencia, era como tener el síndrome del “miembro fantasma”, el dolor continua cuando el miembro ha sido amputado. Quizá eso era lo que le pasaba, su alma había sido extirpada pero aún sentía el dolor dentro de sí, un vacío inenarrable que mantenía latentes las heridas.

No podía creer que la ausencia de Ser produjera aquel enorme sufrimiento. Su alma ausente profería lamentos agonizantes, gritos desgarrados que dejaban estigmatizado su cuerpo. ¿Cómo podía sufrir tanto dolor por algo que ya no poseía? Sentía que su cuerpo estaba deshabitado, se encontraba en una terrible encrucijada. Había momentos en que creía que todo era producto de una alucinación mental, que su cordura se alejaba peligrosamente rozando la delgada línea que separa la razón de la locura.

Necesitaba ayuda con urgencia, acudir a un especialista, pero ¿qué le iba a contar? cómo le iba a hacer entender que necesitaba un antídoto que la sanara, que le devolviera el alma que un día, no sabría decir cuándo, abandonó su cuerpo dejándola huérfana de Ser. No fue consciente de su pérdida, su cuerpo comenzó a enfermar, el vacío inmenso y la nostalgia a no sabía qué se habían apoderado de ella de tal forma que ya no sabía en qué aguas navegaba.

No entendía cómo, sin más, había caído en semejante estado, a fin de cuentas, el alma no es nada y sin ese nada, creyó que se podía vivir, que el alma abandona el cuerpo solo cuando este muere pero ella seguía con vida, por lo menos eso pensaba pero ya dudaba de todo…y si ya no se hallaba entre los mortales, ¿dónde se encontraba? ¿en qué punto y en qué lugar se quedó estancada, perdida…sin alma?

¿Podría ser, entonces, que estuviera muerta, que hubiera sido su cuerpo el que sucumbió alejándose del alma y ésta la abandonó sin percatarse que la necesitaba? ¡NO! se negaba a aceptar que eso fuera cierto, no quería ser una muerta en vida, no quería ser un zombi, necesitaba su alma, quería y merecía una nueva oportunidad para enmendar los errores cometidos en el pasado. Necesitaba su alma, necesitaba estar en paz y rogaba por el regreso del alma perdida, por el regreso a la vida.

 

 

@Marina Collado

 

 

Suave vaivén de mi alma

SUAVE VAIVÉN DE MI ALMA

Déjame permanecer así,
aletargada y silente,
suspendida en el susurro
hechicero y transparente
de una caracola de mar.
No despiertes si es que ves
a mi corazón ausente,
sumido en algún letargo
sosegado y resiliente,
sin pretextos para amar.
Déjame permanecer así,
en esta espera paciente,
no despiertes la memoria
que, adormecida, se mece
con el suave vaivén de mi alma.

El libro y la rosa

 

 

 

Estaba llena de indecisión, su mente era un verdadero caos, no sabía qué escoger, no sabía de entre todos los objetos y recuerdos acumulados durante su vida qué llevarse consigo al lugar al que debía marcharse. No podía llevar todo lo que realmente quisiera y eso la llenaba de tristeza, sabía bien que los objetos eran cosas materiales, que lo más importante de su vida se hallaba en su corazón, en su alma que aún vibraba al recordar al que fuera su compañero de vida, su único y gran amor, su amante y amigo, su otra mitad sin la cual se sentía incompleta.

Siempre deseó que cuando llegara la sombra negra de la muerte se los llevara juntos, lo deseó con vehemencia pero estas cosas nunca suceden como se desean. Desde la muerte de Adolfo su vida perdió el sentido, aunque en el fondo debía reconocer que su recuerdo, los momentos vividos junto a él eran su mayor consuelo. Se acostumbró a dialogar en voz alta con él e imaginaba sus respuestas cuando le acuciaba la duda, la incertidumbre de no saber qué determinación tomar. Quizá, pensaba, se tratara de la intuición o quizá del conocimiento tan grande que tenían de ambos, de la forma de saber su manera de pensar lo que la llevaba siempre a acertar con la opción adecuada.

Todo lo que estaba viviendo recientemente la transportaba y su mente, así como su corazón y su alma viajaban a la velocidad de la luz en un recorrido retrospectivo hacia el recuerdo, hacia su vida anterior desde el momento en que se conocieron, desde el primer beso que se dieron, desde el primer instante en que sus corazones latieron juntos y ya no se separaron hasta aquel fatídico día en que la dama oscura se acerco a sus vidas arrebatándole a su amado.

En su caótica confusión en la búsqueda de aquello que llevarse se acercó a un viejo arcón del que ya no tenía apenas memoria de que existiera ni recordaba cuál era su contenido. Estaba repleto de polvo, así que lo limpió y lo abrió llena de curiosidad por averiguar su contenido. Con asombro lo vio, vio aquel libro ya amarillento y tan lleno de polvo como estuviera el baúl, lo abrazó emocionada, su corazón latía con fuerza, era el primer libro que le regalara Adolfo un día, sin más motivo que el de celebrar su amor, junto al libro le depositó una preciosa rosa roja y ella fue guardando sus pétalos entre las páginas de su preciado regalo, se trataba del libro “Rimas y leyendas” de Gustavo Adolfo Béquer. Adolfo sabía que era una gran enamorada de la poesía y quiso que fuera ese libro el que sellara su gran amor por ella. No daba crédito a lo que veía pero ahí estaba, llamándola, reclamando que lo llevara con ella a la residencia en la que pasaría lo que le quedara de vida.

Vivió una vida plena junto a Adolfo pero no tuvieron hijos en su unión y aunque lo desearon con fuerza, el Universo al parecer no tenía previsto para ellos la dicha de ser padres. Nunca se sintieron desdichados por ello pero ahora, ella pensaba que quizá de haberlos tenido su destino actual sería otro, quizá no tendría que abandonar su hogar porque tendría la atención de sus hijos o quizá, quién sabe, las cosas debían ser así y el acontecimiento de su marcha se habría producido de todas maneras. En el fondo, daba gracias al Universo porque gozaba de buena salud a pesar de la edad avanzada y aunque su memoria a veces algo le fallaba no tenía dolencias graves como para requerir tratamiento médico, el único mal que la aquejaba era el de la soledad, el vacío tan grande que había quedado en su alma y en su corazón tras la muerte de su amado Adolfo.

Quería estar rodeada de personas de su edad y relacionarse para sobrellevar mejor aquel último tramo de su vida, así que decidió ella misma que debía abandonar el hogar en el que tan feliz fue durante tantos años. Salió con su libro entre las manos, acariciándolo dulcemente junto a su corazón y se dirigió hacia la morada en la que esperaría impaciente que la dama oscura acudiera en su busca y la llevara por fin junto al ser al que tanto había amado y al que estaba convencida seguiría amando eternamente. Deseaba que esta vez no obviara su solicitud y la envolviera en  su manto para que su alma se uniera perpetuamente a la de Adolfo y pudieran seguir amándose después de cruzar el umbral formando una única alama, una única esencia y seguir gozando de su amor por la inmensidad del Universo.

 

 

@Marina  

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