SU PENA

Recorrían su rostro suave
las lágrimas de ayer,
aunque su pena es de hoy

Frente al lago le confesaba al agua
aquietada por la calma de la tarde
ese dolor que la aquejaba
Su amiga le ofreció un pañuelo
que absorbía su tristeza,
su angustia y esa pena de ayer,
de hoy y de mañanaEl sol apenas templaba su pecho,
resquebrajado por el helado pesar
que recorría su corazón
y avanzaba en todo su cuerpo

Si esa persona que la hace llorar por la tarde
–y quién sabe cuántas horas del día-
supiera cuánto le pesa en la espalda ese sufrir,
dejaría de dormir por las noches

Al final de la jornada

se apaga un poco su dolor,
se adormece con ella,
se acuesta en su cama
para regresar en la mañana
a recordarle cuánto sangra aún su herida
Ojalá en este preciso instante tuviese
un alma que la cubra de amor
y la arrulle en caricias,
ojalá que esas lágrimas
ya no corran por su rostro,

ni por su piel ni por su pecho

El alma que provoca su pena

no es un alma en realidad,
o quizás lo es pero resulta
que es un alma gris,

un alma de espinas y de barro

El alma que ella necesita

debe ser de flores,
de luz del sol y de agua cristalina pura,
como la del lago que la alojó un instante
para contener su pena,
cálida como la tarde

que la abrigó mientras en su rostro húmedo diluviaba

Mientras tanto su pecho permanece atravesado

por esa estaca que le aprieta el alma
y seguirá invadido por esas espinas
que le rasguñan el corazón y la piel,
provocándole heridas que llueven mares.

2 comentarios en “SU PENA

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