Creía en aquel premio, cuando la noche llegaba era para él, el momento más preciado.

Las oscuras calles alumbradas con sus candilejas, compartían la diferencia y quitaban su miedo.

Provocándose a sus victimas la muerte o una secuela psicológica de por vida.

Ocultaba su rostro bajo el sombrero, una gabardina usada que lavaba a diario sin dejar rastro ni huella alguna de lo acontecido la noche anterior.

La silueta camina despacio, a su paso encuentra el burdel adecuado, en él entrará, buscando su presa, pero antes pasea su mirada por la barra del antro y allí estaba. Era joven y apuesto, estaba bebiendo, aquello facilitaría su intención de llevarlo hasta un lugar más tranquilo y allí…

Pero no quería adelantar acontecimientos, se acercó y entabló una corta conversación.

-Hola, estás sólo?

La contestación de aquel joven no se hizo esperar.

-Claro, salimos?

Fue fácil, el muchacho le acompañó hasta la calle, una vez allí víctima y verdugo se confundían en las sombras de aquel callejón.

Ninguno pronunciaba palabra, a no ser que él joven entendiese, moriría.

Aquéllo era lo que ocurría cada noche, el misterio estaba en la victima.

Ahora él, le invitará a volverse de espaldas, se abrirá la vestimenta e intentará aprovecharse del joven.

En un nivel poco ortodoxo todo aquél que caía en su juego era sometido a la penetración forzada.

De acceder a sus impulsos no había mayor delito, de no ser así y oponiéndose a su vicio, el asesinato era evidente.

Nadie que sobrevivio a sus acosos, llegó nunca a denunciarlo. Seguía actuando y en el peor de los casos matando.

La oscuridad era su aliada y la vergüenza de sus víctimas, si no entendían también.

©Adelina GN