En el fondo sabía que lo iba a acabar queriendo,

un sentimiento tan real no se puede esconder,

ni mucho menos las ganas de volver.

Mantenía una felicidad impactante,

sin poder describirlo pero con ganas de hacerlo.

Y con ganas de coger su tremenda sonrisa para clavártela en el pecho.

Gozo su sonrisa porque no sé cuántas veces al día sonríe, pero hay instantes en los que regala alegría sin precio.

Y hay otros instantes en los que yo sonrío a veces para regalarle la mía.