Sombras…

sombras

-José pon otra cámara allí, no ahí no, en la segunda estantería, donde aquella vieja bacina. Ahí, ahí.

 

El profesor Andrade y su ayudante José del Hierro llevaban cinco años estudiando los fenómenos paranormales acontecidos en el antiguo Hospicio de la Villa, un edificio ahora abandonado que otrora fue hogar de niños huérfanos de la guerra civil. Habían entrevistado a los guardias de seguridad de la empresa municipal y a antiguos trabajadores y monjitas del centro y todos confirmaban la presencia de algo extraño, una sombra que movía mobiliario, encendía luces y abría y cerraba puertas. Todos coincidían en sus relatos, estaban asustados y alguno de los guardias había llegado a disparar su arma contra algo que se esfumó de repente. Prueba de ello tres balas encajadas en la pared cerca del montacargas que baja a las cocinas.

-Ahí José, en la portezuela del montacargas coloca un volumétrico y otra cámara en diagonal, sí ahí. Muy bien.

“Ahora si te voy a encontrar sombra” mascullaba el profesor para sí.




Todo estaba listo cuando, un ruido como un trueno resonó en el piso de arriba y seguidamente un corrimiento de muebles.
El profesor y su ayudante salieron disparados hacia la escalera para ver que ocurría.

-José, quédate en la base y observa a través de las cámaras, yo voy a ver, cualquier cosa me hablas por walkie.

El profesor Andrade subió de tres en tres los escalones. Al llegar al vestíbulo superior, todo estaba igual que lo habían dejado, no se notaba ninguna anomalía salvo el frío.

-¿Estás aquí verdad? Como ves vengo a cumplir con mi destino. Y tú, ¿tú estás dispuesto?

José desde su posición de observador en el complejo sistema de monitores y cables que habían montado, vio con terror una sombra que se acercaba al profesor. Con manos temblorosas asió el walkie.

-Profesor, ¡detrás de usted!

Pero las pantallas después de una pequeña interferencia, se apagaron una a una. Los volumétricos empezaron a sonar con una música terrorífica y José salió disparado en busca y ayuda del profesor.

Al llegar arriba vio al profesor bajo el techo desprendido, parecía dormido. Pero no, estaba muerto.
Llamó a la policía que tardó en llegar poco más de media hora en la que José revisó toda la estancia sin ver nada. Sin notar nada.

La policía entró y descubrió dos cadáveres bajo el techo del Hospicio que se había derrumbado por el terremoto.
El profesor Andrade, Catedrático de Ciencia Paranormal de la Universidad de Madrid, y su ayudante José del Hierro, estaban haciendo pruebas psicofónicas cuando de repente el techo se les vino abajo.
José lo comprendió ahora. Estaban muertos, pero no fue un terremoto ¿verdad?

Desde entonces a ese viejo Hospicio se le llamó la casa de los tres fantasmas.

Gustavo.-

 

3 comentarios en “Sombras…

  1. Bravísimo Gus!!! Un magnífico e intrigante relato guapísimo. Besazos todos querido compi. A disfrutar de esta tarde de domingo!!!

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