SOL NEGRO

Al escuchar aquel sonido, mi hermano y yo nos miramos sonrientes, había llegado el gran día…

Papá arreglaba su pelo, mirándose en aquel viejo trozo de vidrio que a los tres nos había servido de espejo todos aquellos años. Yo recogía algunas de mis pertenencias, no todas pues no sabíamos lo largo que sería el viaje. Pedro me cogió del brazo, dando un ligero vistazo a todo lo que allí dejábamos. Mientras, él me acercaba a la escalera, ya mi padre estaba subido, intentando abrir aquella puerta horizontal en el techo…

Clavó el destornillador golpeándolo en varias ocasiones en aquella cerradura oxidada, que al entreabrirse dejó filtrar algo de tierra, mi padre enojado se lamentaba, recriminado a la tierra filtrada, y diciéndole, que después de tanto tiempo iba a dejarnos ciegos. Yo esperaba allí mirando hacia arriba con mi muñeca de trapo, abrazada a ella veía como Pedro mi hermano le ayudaba al mismo tiempo que me gritaba, – ¡Marina cuidado te caerá encima!

Al final la puerta se abrió en su totalidad, las hojas cayeron a ambos lados, dejando libre la salida al exterior… Aquel sol negro me sorprendió, no era como yo lo recordaba, apreté a Ana sobre mi cuerpo y cerré los ojos…

Recordé el sueño o mejor dicho la pesadilla…

Un día me aclaraba Gus para conformarme y que dejase de llorar. Al despertar entre llantos y asustada él me cogió sentándome en sus rodillas… Gus era un amigo de la familia y aquel día en el que yo cumplía 5 años, fue invitado por mis padres a la celebración de mi cumpleaños. Con esa edad

te das cuenta de lo que hablan los mayores, pero todo lo que escuchas parecen simples historias y conversaciones de adultos, nunca llegas a pensar que pueden ser ciertas ni peor aún que pueden ocurrir… Mi madre Raquel, intentando que estuviese entretenía mientras ellos hablaban me pidió que jugase con la muñeca, la cual comencé a peinar mientras Gus decía:

-Ya está todo dispuesto, en cualquier momento sucederá, de nosotros depende que Marina sobreviva, y nosotros con ella…

Mis padres pidieron al tío Gus tiempo, pero esté les dijo que no lo había, que en unos días estaría allí para ayudarles con los enseres que entrarían con ellos en el refugio…

Pero de pronto le dije que no continuase hablando que ya recordaba, mis ojos se llenaron de lágrimas y con mi hermano sentado a mi lado cogiéndome la mano seguí relatando aquel momento…

Ya recuerdo tío, empezó a haber mucho ruido y había mucho fuego, la gente gritaba en la calle y tú, tú me cogiste en brazos, mi papá estaba en el suelo tenía sangre y mi mamá… mi mamá… mi mamá no se movía… Grité muy fuerte ¡¡mamá!! pero no contestó, no se movió, se quedó allí junto a papá, recuerdo que me abrazaste fuerte y salimos de la casa llena de humo…

Y continué relatando la peor experiencia de mi vida desde hacía diez años…

Todo estaba destrozado, lleno de enormes monstruos de hierro que caminaban a nuestro lado, corrías conmigo en los brazos cuando tropezaste y caí al suelo…

Fui a parar justo al lado de un hombre que tampoco se movía, pero entonces de debajo de él, asomó una cabeza, era un niño… Era tu hermano Pedro, me dijo él…

Sé que le secaste las lágrimas y le dijiste que no se preocupase que su papá estaba bien… Ya no recuerdo nada más, solo que la gente gritaba y nosotros corríamos adentrándonos en el bosque… camino de tu casa… eso fue lo que nos dijiste, eso, que allí íbamos a estar seguros…

Ahora casi diez años después estábamos a punto de abandonar lo que había sido desde aquel día nuestro hogar. Gus como terminé llamándolo cuando fui creciendo, nos daba permiso para salir de donde tanto mi hermano y yo habíamos sobrevivido…

Pedro me llamaba que subiera, cediéndome el honor de ser la primera en salir, Gus estaba fuera animándonos a que viésemos un panorama completamente diferente al que habíamos estando viendo, pero sin duda peor que como lo recordábamos, si es que recordábamos algo o queríamos recordar…

Con miedo mi cuerpo tomaba contacto con el exterior, lugar del que nunca Gus nos había dejado formar parte. Para ello ya estaba él, como siempre nos había dicho, recomendando una y otra vez que si algo le ocurría, no debíamos salir bajo ningún pretexto, nunca hasta escuchar el sonido de la alarma que sonaría una vez pudiésemos hacerlo, y dándonos las pautas a seguir y diciéndonos que lo teníamos que meter, en el bidón que estaba en la esquina de aquella habitación subterránea.

Muy pocas veces hablaba de sus salidas, en las que no traía nada o casi nada, solamente hubo una vez y no hacía mucho que nos puso en alerta, fue la primera vez que lo vimos llorar…

El día que suene la alarma y podáis salir no os va a gustar lo que vais a ver fuera, es todo desolación, de donde huimos no queda nada, la gente ha ido huyendo y solo queda miseria. Si estoy vivo… tendremos que adentrarnos en el mundo para y con un poco de suerte encontrar a personas que nos ayuden a repoblar el mundo y hacer que crezca la humanidad…

Efectivamente, el tío Gus tenía razón aquel mundo no era lo mismo, poco recordaba de entonces, pero el sol ya no era rojo, las personas que encontramos no sonreían, como disfruté viendo a mis padres sonreír… todo era triste y lleno de penumbra y allí en medio de aquella tierra austera… pensé en las palabras de Gus de contribuir a poblar el mundo… y mirando a Pedro le dije…

¿Cómo lo haremos si somos hermanos?

No se Marina, el tío Gus nos lo dirá…

*Os preguntaréis como pudieron estar tanto tiempo allí encerrados, es fácil de comprender… Primero es una historia ficticia, un relato en el que la lectura o eso pretende quien escribe, tiene que ser imaginación pura, pues es para lo que imaginamos nosotros. En segundo lugar, ahora, os toca a vosotros usar la imaginación.

©Adelina GN

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