Sobre la soledad

Sobre la soledad

SOBRE LA SOLEDAD

En ocasiones se siente tan bien un ratito de soledad… Clara lo sabía y por ello cada semana intentaba encontrar esos dulces momentos para sí misma y nadie más, esos instantes en los que aprovechaba para cuidarse, mimarse, reflexionar acerca de su vida, qué cambiaría para sentirse mejor, qué malos hábitos tendría que eliminar lo antes posible. Desde que había comenzado a buscar esos momentos se sentía mucho más serena, más relajada y centrada. Casi sentía acariciar la felicidad con las yemas de los dedos.

Pero, como siempre que te sientes bien con algo, se corre el riesgo de que ese algo comience a primar en tu vida, en búsqueda de un bienestar que consideras que no podrás alcanzar de otra manera. Clara empezó a hacerlo, sin darse apenas cuenta. Al principio, esos momentos de soledad, de los que disfrutaba tanto cada semana, se le volvieron más necesarios, hasta que llegó el punto de buscarlos a diario. Sin ellos, se sentía perdida, estresada, náufraga en el amplio océano de la vida, si se me permite utilizar una expresión tan manida.

Comenzó a dejar las actividades con las que rellenaba la vida en las tardes sin trabajo. Pensó que ese tiempo que dedicaba al deporte, a sus hobbies o a tomar un café con las amigas, bien podía dedicárselo a sí misma para encontrarse mejor, sin pararse a pensar que precisamente todas esas actividades ya la ayudaban a sentirse mejor. Pronto siguieron los fines de semana. Dejó de salir con sus amigos y de viajar, a no ser que aquellos viajes fuesen en soledad, a encontrarse consigo misma una vez más en un entorno algo más agradable.

Sus amistades, poco a poco, dejaron de llamarla para salir, cansados como llegaron a estar de sus negativas o excusas que inventaba para quedarse a solas. Clara se sentía feliz de aquella manera o, al menos, eso creía, o se había auto convencido de ello. Disfrutaba sobremanera de su soledad.

Pasaron los meses, incluso años, hasta que Clara sintió la necesidad de algo más de vida social en su vida, un poco de compañía de vez en cuando que no se limitase a las largas jornadas de trabajo. Llamó a sus amigos, los de siempre, muchos de ellos la habían acompañado desde la infancia. Todos mostraron su sorpresa y alegría por contar con ella de nuevo. No hubo reproches. Pero… la realidad fue que ya no compartía nada con toda aquella gente que tanto había significado para ella.

Clara descubrió entonces otro tipo de soledad. La no deseada, la no buscada. Rodeada de gente, pero sola al fin y al cabo.

Soy Ana, financiera de profesión y escritora de vocación. Tratando de cumplir mi sueño. Aprendiendo, siempre aprendiendo. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir.

1 comentario en “Sobre la soledad”

  1. Esa soledad es la que duele, la no buscada, la que se siente estando en compañía pero no llena ese vacío…
    Excelente, Ana, sin duda para reflexionar sobre el tema. Como decía mi padre, todo es bueno si no se abusa porque al final hasta lo mejor es dañino.
    Besazos enormes, corazón lindo.?????

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