Y me fui perdiendo, lentamente,
sin darme cuenta.
Desprovista de la mitad de mí, me desintegré desde adentro.
¿Por qué no me até las entrañas con mi alma?
¿Por qué dejé que se me escapara la esperanza por la grieta inmisericorde de mis temores?
No fui cauta, no me cuidé lo suficiente de mí, me corroí con mis miserables lamentos de aquellos abrazos marchitados que se llevó la despiadada lacra de la oscuridad.
Lo que aún conservo, de ésta que soy, quedó expuesta a la ruindad de los días traicionados por la muerte.
Y qué haré mientras me aportilla una y otra vez el caminar del tiempo en los vestigios de mí, que intento rescatar, para reinventarme.
Está tan cerca el horizonte, pero necesito llegar a él completa, íntegra.
Me pilló desprevenida y casi desaparezco sin darme cuenta.

Viviana Lizana Urbina