Sexo Iniciático (Primera Parte)

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01 El Aspecto Tenebroso del Sexo.

En varios artículos hice referencia a los dos pilares de la vida espiritual: el sexo y el alimento. El primero   es la base y el elemento constitutivo de todo lo esotérico, mientras que el segundo configura el soporte de todo exoterismo.  En cuanto al erotismo, que es el tema del artículo, incluye desde las“Orgías” que constituyen la expresión de los grandes misterios, hasta las diferentes prácticas de sexualidad, cada una de ellas con un correspondiente correlato de avances espirituales. Glosando la expresión de Évola, se diría que no hay un solo tigre que cabalgue el espíritu, sino que existen tantos tigres como tendencias sexuales individuales; tantos tigres como hombres o mujeres dispersos en el planeta.

La historia de Tamar (Gn 38:11 y ss), sugiere que los hebreos respetaban e incluso adoptaban costumbres cananeas; que consideraban el sexo como vinculado al desarrollo espiritual. En este marco, la prostituta era una suerte de sacerdotisa, y los prostíbulos eran templos. Si bien actualmente se ha producido una degradación de este oficio, degradación que contamina toda la cultura, si seguimos la ruta de la alimentación y el sexo, podremos observar que los mismos constituyen la base del ritual laico, instintivo que se practica en los burdeles. Es decir, una primera etapa preparatoria en la que el sujeto que disfrutará de los placeres proporcionados por las damas bebe, come algo; luego quizá baile [1]  en un salón público. Más tarde se retirará a las habitaciones privadas donde tendrá lugar el encuentro íntimo. Obsérvese que el baile y la alimentación son de dominio público, mientras que el acto sexual forma parte de lo privado.

Tanto la alimentación como el sexo forman sendos Artefactos Míticos Rituales,  que en esta época se muestran vacíos de contenido. La actividad sexual, cuando no se usa para la procreación, se  limita a obtener una descarga vinculada a la ansiedad de la vida moderna. Luego de varios milenios de feroz represión, es normal que en el momento en que las costumbres sexuales sufran una mayor liberalización, nos sintamos atraídos, queramos ejercerlas, pero no sepamos con exactitud para que sirven. Desconocemos el profundo contenido espiritual que en la mayoría de los casos queda latente y no se efectiviza. Esto configura en la actualidad lo que llamo un “sexo castrado”, que, aunque se ejerza con ostentación e intensidad en individuos perfectamente sanos, está desgajado de sus raíces espirituales 

Las consecuencias de esto se derivan de la propia naturaleza del sexo. En otros artículos señalé que el mismo a través de la influencia espiritual que contienen el semen y los fluidos vaginales, es un vehículo para la iniciación a los Grandes Misterios. Esto sería su aspecto luminoso que me ocuparé de desarrollar en la segunda o tercera parte de este artículo. Uno de los sentidos tenebrosos, tanto de la sexualidad como del alimento (su obtención y su consumo), es que quien domine ambas cosas, tendrá a su vez un dominio completo sobre el hombre. Esto tiene significación política, ya que, a través del control de la sexualidad y la alimentación de un pueblo, se lo puede someter por completo.

Hace   varios años que la Iglesia Católica produce  una vasta  literatura acerca de las “sectas”.   Queda claro que las mismas se ocupan de manipular ambos pilares – la alimentación y el sexo – para someter a sus miembros.  Casi siempre se dispone de la administración de la comida, y en cuanto al sexo, la dominación se establece por el desequilibrio, es decir la excesiva represión o el desenfreno. Un sexo ansioso, compulsivo o una brutal represión que lleva a algunos grupos como el Hare Krishna a restringirlo por completo. En el otro extremo, los llamados “Niños de Dios”, practican una política de desenfreno.

En cuanto a la propia Iglesia, es de destacar, aunque sea con brevedad, la figura emblemática de Marcial Maciel, sobre el que volveré en futuros artículos. El mismo fue el fundador de los “Legionarios de Cristo”, organización que en los años cuarenta fuera apadrinada por la España de Franco. En la orden fundada por Maciel, su conductor violó en el curso de muchos años a cientos de jóvenes aspirantes a sacerdotes. Protegido por el Papa Wojtyla, el jefe de la orden murió sin haber sido procesado. La práctica de un sexo brutal al que acompañaba una prédica evangélica personalista, tenía como objetivo la dominación lisa y llana de sus discípulos. 

En consonancia,  la Iglesia establece el sexo como dominación desde la época de su fundación en el siglo IV, contraviniendo las costumbres que para la época sonaban liberales y que correspondían a los cristianos primitivos, los más cercanos al mensaje de su fundador. Ya desde estos inicios se impuso una férrea represión sexual, que no tenía nada que ver con el cristianismo original 

En un marco iniciático sano, la abstinencia sexual está dirigida a la obtención de determinados objetivos para los que sería necesaria una gran concentración de energía. La concepción del sexo como intrínsecamente malo, es una novedad en la historia, alimentada por un lado por la postura de la clase sacerdotal hebrea, que se habría opuesto en forma terminante a las prácticas cananeas y por el otro a la influencia del helenismo y lo que llamo “el exilio de Psyché”: una patología mítica por la cual el alma se emancipa de la sangre y se convierte en un tenue soplo que es exhalado en el último instante de la vida. Esta concepción trae aparejada la creencia en un mundo trascendente, de carácter puramente espiritual, fuertemente jerarquizado, donde iría a parar esta alma convertida en puro soplo. 

El tercer elemento que configura la represión cristiana de la sexualidad es el poder. Es evidente que Constantino, fue muy lúcido en cuanto a los cambios que se estaban produciendo y la necesidad de que Roma perdurara  más allá de  la forma externa que había tenido hasta el momento. Aquello que le permitiría dominar a las nuevas poblaciones formadas por oleadas de bárbaros era la devoción popular, la administración de la comida por parte de la iglesia y especialmente, la represión sexual.

Es necesaria una historia mítica de la sexualidad universal, de la cual lo ocurrido con el cristianismo sea tan sólo un capítulo. Me he detenido en este aspecto de la historia del sexo  en occidente, porque lo ocurrido aquí a través de las iglesias cristianas, tiene una relación directa con lo que ocurre ahora con nuestras respectivas libidos. Esta represión indiscriminada, que sólo admite la sexualidad masculina  dentro del matrimonio y dirigida únicamente a la procreación, es lo opuesto del sexo iniciático.

Más adelante retomaré el tema de la sexualidad y el cristianismo a través del análisis somero de un libro que se menciona mucho, pero son pocos los que lo leen: el Malleus Maleficarum, de Spengler y Kramer. El mismo, que sirviera como manual para la quema de brujas en Europa, contiene una interpretación mítica de la sexualidad. La misma se halla deformada adrede, y representa la posición oficial de la Iglesia sobre el tema. Aprobada explícitamente por el Papa De Seje (Inocencio III), ninguna bula o declaración jerárquica  desmintió a partir de entonces  el contenido del volumen.

Baste agregar que hay una similitud en esta actitud de represión total y absoluta a cualquier manifestación sexual, con la que ha existido en la historia en civilizaciones sometidas a dioses unilateralmente solares, como fuera el caso de los Incas, del Shinto en Japón, o del Budismo Theravada. En todos los casos, junto a un predominio absoluto de la casta guerrera, y un desprecio de la vida en pro de una divinidad absoluta, se privilegia la castidad.

En cuanto a la sexualidad en occidente, y en particular dentro del cristianismo, me remito al libro de Karlheinz Deschner. El lector que quiera profundizar en el tema, puede obtenerlo en el siguiente enlace:

Karlheinz Deschner – Historia Sexual del Cristianismo.

https://drive.google.com/file/d/0Bwuuy5Bl8azfTG5KNkU3R01vbWM/view?usp=sharing

El mismo   es  una investigación completa acerca de los detalles de la conducta,  las actividades sexuales y el poder ejercido sobre la libido de los hombres por  la iglesia. Incluyo el índice:

Índice del libro – Historia Sexual del Cristianismo.

PRÓLOGO.

Capítulo 1. LA DIOSA MADRE.

Capítulo 2. IL SANTO MEMBRO.

Capítulo 3. RELACIONES SEXUALES RITUALES.

Capítulo 4. CASTIDAD CÚLTICA Y DESPRECIO A LA MUJER EN EL JUDAÍSMO MONOTEÍSTA.

Capítulo 5. EL ASCETISMO EN LOS CULTOS MISTÉRICOS DEL MUNDO HELENÍSTICO.

Capítulo 6. JESÚS.

Capítulo 7. PABLO.

Capítulo 8. EL ORIGEN DE LAS ÓRDENES REGULARES.

Capítulo 9. EL ASCETISMO CRISTIANO EN LA ANTIGÜEDAD.

Capítulo 10. LA CASTIDAD EN LA EDAD MEDIA Y MODERNA.

Capítulo 11. LOS MÍSTICOS AMOR MARIANO Y EROTISMO CRÍSTICO.

Capítulo 12. DE LA CRONIQUE SCANDALEUSE DE LOS MONJES.

Capítulo 13. LAS MONJAS.

Capítulo 14. LA DIFUSIÓN DEL MATRIMONIO DE LOS SACERDOTES.

Capítulo 15. LAS RAZONES DEL CELIBATO.

Capítulo 16. LA SUPRESIÓN DEL MATRIMONIO DE LOS SACERDOTES.

Capítulo 17. LA MORAL DEL CELIBATO.

Capítulo 18. LA DIFAMACIÓN DE LA MUJER.

Capítulo 19. LA OPRESIÓN DE LA MUJER.

Capítulo 20. EL MATRIMONIO.

Capítulo 21. LA PROHIBICIÓN DE LOS MEDIOS ANTICONCEPTIVOS.

Capítulo 22. LA PROHIBICIÓN DEL ABORTO.

Capítulo 23. EL PECADO ORIGINAL.

Capítulo 24. ONANISMO, HOMOSEXUALIDAD, RELACIONES CON ANIMALES Y CON PARIENTES.

Capítulo 25. ALGUNOS DETALLES DE MORAL TEOLÓGICA O <<.ESTE ESCABROSO TEMA>>.

Capítulo 26. ORIENTACIÓN SEXUAL CRISTIANA O “IGNOTI NULLA CUPIDO”.

Capítulo 27. SOBRE LA DESVERGÜENZA DE LA MODA, EL BAILE Y EL BAÑO (SIN ROPA).

Capítulo 28. SOBRE LA PRAXIS DE LA MORAL SEXUAL.

Capítulo 29. EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA.

Capítulo 30. DEL ASESINATO DEL PLACER AL PLACER DEL ASESINATO.

LA RELACIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA CON LA SEXUALIDAD A TRAVÉS DEL TIEMPO.

NOTAS.

BIBLIOGRAFÍA.477

02 Sexualidad sincrónica y diacrónica

 La introducción al artículo,  en la que acentúo el sentido tenebroso de la sexualidad, apunta a ubicarnos en el aquí y ahora de la libido del occidental y en parte del oriental, teniendo en cuenta que el mismo, a pesar de estar inmerso en una tradición distinta, se halla influido por las características de la época, la cultura de masas y la sociedad de consumo.

El resultado es una sexualidad limitada, donde el principal objetivo es la reproducción. Es decir, aún en la ciencia actual, heredera de la Ilustración y de una aparente reacción contra la cultura eclesiástica, se ha considerado la reproducción como la pieza clave, como el criterio para definir el  erotismo.

La primera distinción que haré será entre el sexo sincrónico y el diacrónico. Explicaré brevemente los términos y la forma en que los utilizo. Ambos pueden referirse a una misma realidad, sólo que el primero se refiere a ese ámbito  en el interior del hombre, mientras que el segundo apunta al aspecto exterior. La diacronía contiene la historia. Se brinda al tiempo un sustrato real y permite describir la evolución de cierto contenido, ya sea en el plano de una cultura o de una individualidad. Una biografía, por ejemplo, puede considerarse desde el punto de vista diacrónico, estableciendo una crónica que llegue hasta la actualidad, donde se describirán todos los aspectos exteriores del sujeto, sus vínculos, etc. La misma historia personal se acercará a la sincronicidad, cuando se centre en lo interior, cuando el sujeto se aparte de la enumeración de los hechos y exponga la vivencia de los mismos.

Si establecemos un péndulo, en uno de cuyos extremos está la Diacronía y en el otro la Sincronía, podríamos decir que una biografía expuesta desde el punto de vista interior, hará que dicho péndulo se haya movido hacia la sincronicidad. La línea de acercamiento aumentará el área sincrónica, si en algún momento el sujeto convierte la historia en cuestión en una autobiografía y la transforma en  un relato mítico, es decir tomando lo esencial de su existencia vivida y expresándolo en un entramado narrativo de símbolos.

El péndulo en la posición de máxima Diacronía relata una exposición sucesiva de hechos. Si se mueve hasta llegar al punto máximo de la Sincronía, el sujeto podría arribar al Tiempo Cero, es decir esa dimensión previa a todo acontecer que no sólo se encuentra al principio de la historia humana, sino que por su naturaleza de permanecer aislada de cualquier sucesión, atraviesa toda  vida individual en cualquier época.

El conjunto de las actividades humanas muestra esta doble característica de Sincronía y Diacronía, pero si nos referimos al sexo, el mismo se nos exhibe siempre como diacrónico. Es algo que se hace y que tiene inmediatas consecuencias externas.[2] Debe culminar siempre en una unión; siempre requiere de una pareja, y si se trata de sexo solitario, la masturbación reclamará fantasías que apunten a lo externo.

Yendo al tema, si hablamos de sexo iniciático, la primera condición es descubrir la dimensión sincrónica del sexo. El mismo se manifiesta – fugazmente, según impone la cultura –  como característica del despertar sexual. El púber tiene emociones intensas, encontradas. El sexo no adquiere una expresión genital, sino que sacude el cuerpo entero, con ansias extrañas, no siempre referidas a una persona concreta. La familia afirma que el joven “no está maduro” y hay en Argentina una expresión típica que se refiere a esta etapa como “La edad del Pavo”, haciendo alusión a la torpeza de dicha ave. Es la etapa del arte. La creatividad  surge junto a  la sexualidad, como una especie de géiser. En nuestra cultura, el joven tiene dificultades en amoldar esta explosión con los moldes establecidos por la sociedad. Es a esta dimensión de la libido adolescente, caótica, extrema a la que se puede aplicar el siguiente pasaje del Tato Te King:

Oh soledad ¡cuánto tiempo vas a durar?

Todos los hombres se regocijan

como cuando asisten al Gran Sacrificio,

como cuando suben en primavera a las terrazas

Sólo yo estoy indeciso sin que un signo me haya aparecido

como un recién nacido que aún no sabe sonreír,

inquieto y errante como un vagabundo

Todos los hombres tienen en abundancia

sólo yo parezco un desheredado

Mi corazón es como el de un insensato, confuso y sombrío. 

Los hombres vulgares son esclarecidos

yo sólo parezco obtuso

Los hombres vulgares son vivaces y seguros

yo en cambio parezco deprimido

agitado como el océano

arrastrado a la deriva sin cesar.

Todos los hombres tienen algún talento

sólo yo estoy de ocioso como un mendigo.

Sólo yo soy diferente a los demás hombres

porque sólo aprecio el sustento que me viene de la Madre

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Resalto la vinculación que hay entre esta libido que despierta y el arte: es la época en la que se escribe poemas y es porque desde el punto de vista mítico, los dioses que nos son proporcionados al nacer ,se manifiestan .

 Recuérdense las Musa, diosas de las artes y de la música, según Homero, que eran invocadas por los aedos. Del mismo modo, para la actividad sexual invocaban a Afrodita. Los griegos se acercaban a una antropología iniciática en la que el yo no era un punto duro, sino que estaba formado por diversas potencias que se manifestaban en el curso de la vida. En este contexto, lo normal sería permitir la expresión de dichas potencias; no frustrarlas en pos de una pretendida madurez que debería culminar en un sexo dividido, con el objeto exclusivo de la procreación. El proceso, si bien está protagonizado por entidades,  no puede llamarse “posesión” al menos en el sentido estricto de una entidad externa que de pronto invadiera el interior. Estamos hablando de entes constitutivos del ser, que conforman el psiquismo. El  proceso normal implica fortalecer al “testigo” según la tradición hinduista, sobre el que está proyectado la noción de “yo” que manejamos habitualmente. Lograr del mismo la suficiente potencia y lucidez como para administrar estas entidades  y que a su vez las mismas se manifiesten con armonía [3] .

Es de destacar que en este etapa en la vida del hombre, la de la pubertad, existe cierta ambigüedad sexual. Las tendencias no precisadas en cuanto a un objeto, se manifiestan ora en un sexo, ora en otro. Una forma cultural que respetara y valorara este proceso, permitiría que el joven “jugara” con distintas interpretaciones, utilizando vestidos,  maquillajes y conductas de un sexo y de otro [4]

Volviendo al púber y a su eclosión de sexualidad primaria, la cultura se encarga enseguida de encuadrar en un molde prefijado esta manifestación explosiva. El control social y el conjunto de preferencias inducido por la familia y los grupos que el adolescente frecuenta, apuntan a su “madurez”.

Una vez que se “supera” este período, no se vuelve a él. Es el único tiempo de la vida en nuestra cultura en el que se manifiesta el sexo sincrónico, es decir el sexo interior , sin la compulsión que lo conduzca de inmediato a    un objeto externo. Las poluciones espontáneas y masturbaciones en las que las fantasías abarcan todo el campo emocional y espiritual.

Padres y parientes respiran aliviado cuando el joven se enamora de alguien (Del sexo opuesto o de su mismo sexo, aunque en el primer caso es mucho mejor)  y termina esta manifestación caótica y fuertemente creativa.

Es de destacar que en muchas culturas aborígenes este período de adolescencia se prolonga hasta bien entrada la edad adulta. Esto ocurre en sociedades como la de los Sioux y los indios americanos en general y también en la Samoa que Margaret Mead estudiara en la década de 1930. Dice la investigadora americana:

“He tratado de dar respuesta a la cuestión que me envió a Samoa: ¿Los disturbios que angustian a nuestros adolescentes son debidos a a la naturaleza misma de la adolescencia o a la civilización? ¿Bajo diferentes condiciones la adolescencia presenta diferentes circunstancias?”

Las conclusiones de su libro “Adolescencia, sexo y cultura en Samoa” concluyen una respuesta afirmativa a esta última pregunta.

Volviendo a la adolescencia en nuestra sociedad: los artistas son quienes recuerdan y son capaces de regresar a través de sus creaciones  a esta etapa de caos a buscar elementos e inspiración. Este período es propiamente hablando, una expresión de cierta forma que asume el paraíso. El mismo no se caracteriza por un período de paz permanente, sino por emociones desatadas que, de prolongarse podrían destruir la psique. Se trata de la permanencia en los bordes del estado humano, donde se convive con la locura y la muerte.  Allí las tendencias sexuales son las que constituyen lo que llamamos el sexo iniciático, es decir la colosal energía que es necesaria para la realización Trimúndica del ser.

El sexo así manifestado, debe ser global y  apuntar a todas las expresiones, no sólo en cuanto a las modalidades de gozo sino en cuanto a su tendencias. Es en este período donde se gesta la capacidad de comprensión y elaboración de los mitos, donde el hombre se encuentra fugazmente con la inspiración divina, con lo numinoso. Es de este venero de donde debería surgir la renovación de un cuerpo tradicional generación tras generación.

Las características del sexo que surgen de allí son diferentes a las que la sociedad induce en el niño con la urgencia de que el mismo llegue a la “madurez”. Lo que podemos mencionar como indefinición o ambigüedad de esta etapa, sería la forma constitutiva de la sexualidad humana, la que no busca la separación o la especialización, sino que apunta al andrógino. De prolongarse este periodo tal como se manifiesta, sin el peso de la culpa y la rigidez generalizada de las costumbres, el sexo orgiástico que es el que se define en la pubertad, se manifestaría junto al sexo individual o de pareja. [5]

Resalto aquí que esta inserción en el caos, implica dicho sexo orgiástico debe estar compensado con una forma especial de yo, una conciencia capaz de observar todo desde una posición serena; capaz en consecuencia de entrar y salir del caos, de tomar la fuerza primigenia presente en el cuerpo y transmutarla.

En otros artículos hice referencia a un proceso cósmico al que por su importancia vuelvo a mencionar: se trata del comportamiento de las galaxias. Las mismas no mantienen una armonía constante. Entran en agujeros negros,  se entregan a un movimiento que parece caótico, y que de pronto se resuelve en una hermosa e instantánea armonía, la que se desarma y regresa al caso para volver a encontrar otra proporción dinámica e instantánea.

Es esta la característica del hombre. Hundirse en lo informe una y otra vez para emerger renovado. Otro párrafo del Tao Te King se vincula con el proceso que acabo de describir:

El hombre es blando y flexible al nacer

Pero cuando muere es rígido y firme

Las plantas cuando brotan

Son tiernas y delicadas,

Pero cuando mueren están secas y rígidas.

De ahí el proverbio:

“Lo rígido y firme pertenece a la muerte,

Lo blando y tierno pertenece a la vida”.

Por eso las armas fuertes no vencen

Y el árbol demasiado firme acaba por romperse.

Lo grande y lo fuerte ocupa el lugar inferior.

Lo pequeño y lo débil ocupa el lugar superior.

[1] Está demostrado que el tango se popularizó como una de las danzas de los lupanares en Buenos Aires a principios del siglo XX:  la unión de los cuerpos, preparaba la entrega sexual, por lo que el baile fue condenado desde los púlpitos durante mucho tiempo.

[2] De allí la expresión “hacer el amor”, fuertemente criticada por Wilhelm Reich, ya que según él se introduce un aspecto de utilitarismo en una dimensión que por su naturaleza tiende a lo contemplativo o a un concepto como el Wu-Wei, el “hacer no haciendo” y en el caso del sexo, permitiendo que se exprese.

[3] Esto último es el objetivo de la Medicina Tradicional China, que al regular la fluidez de Ying y Yang en el cuerpo, procura aquietar las emociones y regular los procesos somáticos; las potencias a las que aludo, están fuertemente vinculadas a ellos.

[4] Ya desde la infancia se van induciendo los moldes, y de acuerdo a la influencia que la familia ha tenido sobre el joven, estos moldes se convierten en objetivos más o menos firmes de sus objetivos hacia la edad adulta. Se tolera este período como una suerte de incapacidad; de allí el sentido de la palabra adolescente: “el que adolece”, es decir el que padece dolencia o enfermedad.

[5] Recuérdese que Orgion u Orgía hacía referencia a la incorporación a los grandes misterios. Dicha celebración no se refería tan sólo a las fiestas en honor a Dionisio, donde se bebía y se comía inmoderadamente y que terminaban en relaciones sexuales indiscriminadas. Desde el punto de vista sincrónico, el sexo orgiástico implica el impulso, la ruptura de barreras y a la vez la asunción por parte de quien la protagoniza de diferentes tendencias en su ser que se manifestarán en esa irrupción del caos. Este es el sexo iniciático, el que está preparado para asumir los grandes misterios en los límites del estado humano. Obsérvese que esta indefinición de las tendencias no implica tan sólo en la sociedad actual la aceptación y el acuerdo con todas las tendencias sexuales, la homosexualidad, por ejemplo, sino que se acerca a la teoría Queer que niega toda forma de dualidad sexual. Sobre estos puntos regresaré en la segunda parte del artículo.
GOCHO VERSOLARI

1 comentario en “Sexo Iniciático (Primera Parte)

  1. ¿Se supone que los distintos apartados del capitulo 24 tienen algún tipo de vínculo entre sí?
    ONANISMO, HOMOSEXUALIDAD, RELACIONES CON ANIMALES Y CON PARIENTES
    Un abrazo.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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