Sexo brutal en un nido de gaviotas

Sexo brutal en un nido de gaviotas

Con una leve cobertura de barro,
unas briznas de hierba
y todo el cielo
te persigo dentro del huevo que nos cubre
en esta corriente densa e invisible
que lleva nuestros cuerpos hacia arriba,
hacia el centro.
Te detienes, simulas desmayarte;
sostengo tu desnudez del talle
que se rompe en mis manos
y crecen el espíritu y la carne
como granos absurdos
que diseminan pan
en migajas, en bloques,
que preparan el fermento del silencio
para levar la tarde
y los inicios de la noche.
Nos arañamos,
nos embebemos,
buscamos la explosión azul que rompa el huevo
morimos,
resucitamos
unas quinientas veces. Te colocas de atrás
y mueves tus caderas y tus nalgas
mientras el suelo tiembla y el lucero
se prepara a estallar entre tus piernas.
En tu humedad caliente
se enloquecen mis células
y el fragor de los recién nacidos
atraviesa setiembre.
Somos un solo ser con mil espaldas.
Ni hombre ni mujer, ni andrógino.
Millones de diversos sexos
laten en esta unión descabellada
dispuesta a engendrar cielos y tierra
malecones y niños,
halcones y palomas.
Nuestro orgasmo quebrará la cubierta del huevo
que nos protege y que nos aprisiona,
Pelota azul
rodando en los espacios del nido
que se transforma en cosmos,
habremos nacido y renacido
hasta el crepúsculo final.
Hasta el amanecer primero
Hasta los embriones de la luna
y del postrero sol.

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GOCHO VERSOLARI

2 comentarios en “Sexo brutal en un nido de gaviotas”

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