Sesión de justicia

 

Todos de pie esperaban la entrada del gran Dios al salón, así comenzaría la sesión. Al escuchar el fuerte golpe del mazo, se sentaron para prestar atención al primer solicitante de justicia:

—Tsuki-Yomi, la Luna del Japón —Se presentó reverenciándose al estilo nipón.

—Diga su problema —expresó el que fungía como ayudante de la corte.

—Es la discordia que tengo con Amaterasu, que no me deja alcanzarlo en el cielo por haber matado a Uke Mochi, la diosa de los alimentos.

Unos segundos pensó el gran Dios para decirle a Tsuki-Yomi que su argumento sería revisado y que saliera para dar paso al siguiente caso de la sesión. Entonces, caminando muy despacio entró una anciana.

—Mawu —expresó muy bajo—, Diosa suprema y Luna de los Fon de Abomey…

—¿Qué le ocurre? —La interrumpió el ayudante.

—Yo quiero acusar a Da, la serpiente; ella se jacta de habernos ayudado, a mi pareja y a mi, cuando creamos el mundo y…

—También analizaremos eso. ¡El siguiente! —Lentamente se retiró la Luna de los Fon.

—Yo me llamo Rona, la hija del dios Tangaroa y también quiero inculpar a la Luna de los Maori por haber oscurecido el camino a mi casa y robar el cubo de agua que llevaba a mis hijos. Ahora, siempre que necesito agua debo ir a la Luna y ella me obliga a rociar un poco de mi agua sobre los hombres. Según dice, para que ellos noten la lluvia.

—Es el caso más interesante; continúa —la incentivó el Gran Dios.

—Y no queda ahí, mi marido subió a reclamarme y esa Luna nos ha dejado discutiendo eternamente para justificar, dice ella,  los cambios de mareas en los océanos.

—¡Vaya Luna! —exclamó el gran Dios—. ¡Ya me enamoraba de su belleza nocturna!

Y golpeó duro con el mazo dando por concluida la sesión.

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