RELATOS

SENTIR

Recuerdo ahora aquella tarde en la que acariciaba mi piel, cuando la secaba de la lluvia caída sobre ella y que de un modo insinuante me dio placer.

Ahora lo hacia por un motivo diferente, mucho más diferente, diría yo, intentaba estirar mis arrugas en ella mientras las desplazaba de un lado a otro sorteando las venas con las yemas de mis dedos, que abultadas se mostraban. El paso del tiempo hace mella en todo aquello que encuentra en su camino y a mí parecía que me había cogido de lleno.
Pero de aquel modo continué, no dejaría de hacerlo, era una sensación tan parecida a la de entonces que quise seguir recordando, ahora nadie podía decirme que lo que estaba haciendo quedaba mal a los ojos de los demás, cómo fue aquella tarde, mis dedos sutilmente recorrieron la mitad de mi cuerpo con la ridícula excusa de secar mi piel cuando cada vez que repetía la acción más se humedecía.
Una amalgama de sensaciones se apoderaban ahora de mi piel y abrigándose en el calor de la sangre me estaban haciendo sudar, apareciendo un roció inexplicable en aquella árida y anciana dermis, pero sin duda alguna toda aquella experiencia me hizo aprender que todo sentimiento continua vivo y empapado del sentir, mientras no lo acariciemos con la delicadeza de la compasión y hagamos lo contrario, proporcionándole el efecto de la pasión.
©Adelina GN

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