El Señor de la Niebla

Poco a poco las sombras avanzan hasta ennegrecerlo todo. La hora bruja confunde al viajero fundiendo el paisaje en un halo oscuro. Una ligera bruma extiende su gris sudario sobre las pocas formas aun visibles y hace que el sonido de los nocturnos animales del bosque suene tenue, amortiguado. Unos ojos lo vigilan todo, en lo alto de un peñasco, una sombra otea entre la niebla. Unos ojos verde esmeralda que lo observan todo. Sabe que lo persiguen desde hace días, intentan darle caza. Son los soldados del brujo Angmar, consejero del Rey Percy. Tras una breve espera, distingue a lo lejos, por el sonido de sus pisadas y las luces de las antorchas, como a media jornada de camino, las tres columnas de soldados. Tenía tiempo de descansar al menos una hora.

Dorian, un rastreador experimentado y heredero directo del depuesto rey Lilian, legítimo Rey de Kcorl, es ahora perseguido por alta traición, al no reconocer a Percy como rey y quitarle la vida al inicuo Angmar.

Llevaba tres días huyendo y los soldados del ejército real cada vez estaban más cerca, no tenía todas consigo el joven Dorian, sabía que sería difícil burlar su red.

Mientras descansaba entre la espesa niebla del bosque, sin perder de vista las luces de las antorchas que avanzaban lentamente, se puso a recordar lo de prisa que pasó todo.

Hace tres días. Era un atardecer parecido al de hoy, gris, neblinoso, que borraba del mapa los edificios de la ciudad. Nadie podía verlo. Ahí estaba él Dorian, escalando por la torre del homenaje hacia las dependencias del malvado Angmar, lo tenía planeado desde hace meses, debería extirpar la dolencia de su país y devolverle la grandeza. Pero para derrocar a Percy, primero había que derrotar a Angmar.

 

 

Continuará

4 comentarios en “El Señor de la Niebla

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