REFLEXIONES,  RELATOS

Secuestrada

Secuestrada

 

SECUESTRADA

Siento que me tienen amordazada, encañonada contra la pared. También siento cómo me bloquean. Todavía no muestran sus caras, son viles, cobardes, irracionales.

He conocido gente que me ha dicho que tire de mis cadenas, que están atadas a un pequeño tocón del que podría escapar con facilidad. Pero no sé por qué no puedo creerles. Yo no lo siento así. Me siento amarrada a la pared como si estuviese en una gigantesca Cruz de San Andrés, desnuda y sin escapatoria posible. La mordaza de mi boca impide mis gritos, mis quejas. En definitiva, impide que moleste.

No sé quiénes son mis secuestradores. Solo sé que son imparables. No dejan tregua. Noto cómo me asfixian, cómo me azotan hasta que no puedo más, hasta que solo quedo reducida a un despojo humano, que no sirve para nada. Y sin meter bulla, mucho mejor.

Me da mucha rabia que no muestren sus caras. Llegan prepotentes, mostrando su superioridad. Y cuando se marchan me dejan allí, tendida en el suelo, aferrada a mi cadena. Sin que nadie pueda ayudarme, pues mi ayuda solo puede provenir de mí misma.

Hace poco cometí una osadía. Me giré cuando se alejaban, dejando ese poso ácido en el estómago, ese nudo tan característico de su llegada. Eran pocos, bajitos y cobardes. Eran mis miedos, los que me impedían romper las cadenas que me tenían sometida. Podré con ellos, lo sé. Y cuando me libere de ellos, al fin podré ser yo misma, nadie volverá a anularme jamás. Estaré un pasito más cerca de la felicidad.

 

 

 

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